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Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Razones para el Siglo XXI

Antropología metafísica: Ortega y Marías

Ortega lo describió de forma admirable: "¿No merece la pena de que antes de que la metafísica empiece a decirnos lo que es el Universo paremos mientras en este hecho previo, humildísimo, pero irrecusable, de que la metafísica misma no es sino algo que el hombre, usted y yo, hacemos con nuestras vidas y que ésta, en consecuencia, es algo anterior, antepuesto a cuanto la metafísica o cualquier otra ciencia o la religión misma nos vaya a descubrir?".
 
 

Profundizar en la filosofía de Ortega y Gasset -desarrollada por su mejor discípulo, Julián Marías– es una tarea fascinante que puede arrojar vectores luminosos en el estado de la cuestión contemporáneo, asaltado por dudas, crisis de valores y ausencia de rumbo tanto en la acción como el pensamiento.
  
La interpretación de España, la vertebración de una nación contradictoria y sin embargo magnífica, la rebelión de las masas y la traición de las élites... son todos temas que van conformando una visión del mundo entera y verosímil. Vayamos ahora al fondo de esa visión humana, es decir a la metafísica que no es otra cosa que el análisis radical de la vida y la respuesta a las preguntas básicas del ser humano: quién soy yo y qué va a ser de mí.

Solo después de aprehender una interpretación plausible de nuestra vida podremos estar en condiciones de dibujar una explicación y una alternativa a los diversos avatares de la vida: la sociología, la política, la educación, la cultura e incluso la economía.

Tradicionalmente, la metafísica, tal y como fue concebida por Aristóteles, se identifica con la ontología, es decir, con la ciencia del ser y la teoría del conocimiento; sin embargo, Ortega, sin renunciar a esa visión, incluye un nuevo modo de acercamiento. Para saber a qué atenerse, el hombre necesita una certidumbre radical, en la medida que no la tiene, la busca, porque le es necesaria; de este modo, en certeza expresión de Julián Marías, la metafísica, según la razón vital, sería la búsqueda de la certidumbre radical acerca de la realidad radical.
 
A modo de índice temático –cada punto requiere un análisis específico– podemos describir la metafísica como certeza, como duda, como explicación de la propia vida:  
 
1.    La metafísica no es una certeza en que se está, sino una certeza a que se llega.
2.   La metafísica ha de justificarse; entre otros casos, ha de dar razón de sí misma.
 
Ortega lo describió de forma admirable: “¿No merece la pena de que antes de que la metafísica empiece a decirnos lo que es el Universo paremos mientras en este hecho previo, humildísimo, pero irrecusable, de que la metafísica misma no es sino algo que el hombre, usted y yo, hacemos con nuestras vidas y que ésta, en consecuencia, es algo anterior, antepuesto a cuanto la metafísica o cualquier otra ciencia o la religión misma nos vaya a descubrir?".

Los instrumentos están definidos, se trata de aplicar la razón a la vida, de analizar con precisión intelectual aquello con lo que nos encontramos: nuestro yo, y aquello que hemos de construir: nuestra vida, desarrollada en un escenario que no es otro que la circunstancia.
 
Julián Marías construye en Antropología metafísica una apasionante interpretación y desarrollo del contenido de una metafísica según la razón vital. Su base y su núcleo seria, obviamente, el análisis de la estructura de la vida humana, la realidad radical de cada persona, de cada uno de nosotros.

La vida humana posee una estructura que descubro analizando mi propia vida; estas estructuras analíticas permiten aprehender la realidad singular de cada vida, y la forma más singular de hacerlos es contándola.

Ahora bien, esa estructura analítica (narración de una vida) tiene unos supuestos que no podemos pasa por alto; cuando contamos, por ejemplo, la biografía concreta de un hombre estamos dando por supuesto lo que denominamos hombre, es decir, la serie y el conjunto de elementos previos a cada biografía y con los cuales contamos. A esa zona de realidad es a la que Marías llama estructura empírica.
  
Por así decir, lo empírico sería la realidad humana (el yo) y lo analítico, la descripción de lo que hacemos en la vida (con la circunstancia).
 
De esta manera tendremos:

Antropología

Sería la ciencia de la estructura empírica, es decir el análisis de lo que el hombre es. Sus vectores son esenciales, se trata de la propia vida como tal, la sensibilidad que nos relaciona con el mundo, nuestra instalación corpórea (somos nuestro cuerpo como punto de partida), la condición sexuada (se vive desde esa condición la vida), la condición amorosa (que nos conducirá a la geometría sentimental) para desembocar en la mortalidad. Somos seres mortales y esa condición es raíz de nuestro ser, aunque nos habrá de conducir a la vida perdurable. La estructura empírica desaparece pero no habría razón intelectual para acabar con la estructura analítica (la que permanece).
 
Metafísica
 
Comprendería el estudio de la teoría de la vida humana como realidad radical: la experiencia de la realidad circunstancial, la Razón vital masculina y femenina desde la cual adaptamos nuestra visión del mundo. El sentido de la vida (el rumbo), los avatares de la existencia: el azar, la imaginación, la libertad para elegir continuamente desde nuestro uso de razón. Pero una libertad condicionada a las limitaciones estructurales de nuestro cuerpo y de nuestra condición. La teoría del conocimiento que podemos desarrollar a partir de todo lo anterior. El anhelo de felicidad (ese "imposible necesario" que describiera Julián Marías).
   
Y en el horizonte final, las ultimidades, la religión (religación del ser humano con el Creador, y la vida perdurable). Sin duda una apasionante hoja de ruta filosófica pero con una raíz profundamente real. El pensamiento es para la vida, la filosofía no es solo para exhibir ejercicios intelectuales teóricos, sino para incardinarla en la misma esencia del ser.
 
Y para terminar, de nuevo las preguntas permanentes: ¿Quién soy yo y Qué va a ser de mí?
La lectura de Ortega y Gasset y Julian Marías supone siempre un fecundo viaje al centro mismo del pensamiento.