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Reflexiones sobre la poesía

Sencillez y hermetismo; algunas notas sobre el lenguaje poético

Si la poesía es o no un alimento para minorías, es un tema tan trillado por académicos y críticos que, lo reconozco, me sobreviene una pesada pereza sobre los hombros nada más pensar en escribir sobre él. Más si recordamos, cosa que debiéramos, que el juego de mayorías o minorías, que está bien para el divertimento político, carece de sentido si hablamos de poesía – o de cualquier arte -, pues la contabilización nos resulta imposible. ¿Cuántos lectores ha tenido o tiene Lorca? Quien sea capaz de responderme a esa pregunta, será, o bien un mentiroso o un genio recién salido de la lámpara.
 
Me da pereza, como digo, la estadística de la poesía. Sin embargo, creo necesario pespuntear algunas letras sobre el lenguaje de ésta, ya que la posibilidad o imposibilidad del gozo leyendo poesía viene marcado, precisamente, por el lenguaje.
 
Sobre la poesía cuelga el baldón de la inteligibilidad. Baldón que, sin duda, bien merecen algunas de las escuelas o tendencias poéticas que han hecho del hermetismo sus seña de identidad.  Un hermetismo que, además, aparece cargado de ínfulas de grandeza - cuanto más rebuscado sea el verso, mejor – y que se ha demostrado errado, amén de falso.  Las realidades más altas pueden ser expresadas de la forma más sencilla. Si no, ni son elevadas ni quien las transmite las ha alcanzado. Si no, es tan sólo apariencia lo que del poema se desprende; aparente sabiduría, aparente hondura… No seré yo quien aquí deje grabada una sentencia capital contra el hermetismo poético, un hermetismo que puede ser bienvenido siempre y cuando corresponda con el tema y el estilo del poeta. Sí firmaría gustoso esa sentencia contra quienes, sin venir a cuenta y sin necesidad estilística alguna, escriben poemas para la tribu de iniciados.  Pues esto, como hemos dicho, no es mas que farfolla y apariencia que en verdad esconden una falta de pensamiento claro.
           
Más clara, y más fácilmente disfrutable, es esa otra poesía que hoy gobierna en el panorama español: una poesía sencilla, clara, entendible, que no por ello está vaciada de significado o trascendencia. La poesía es, en última instancia, un ejercicio de generosidad; es compartir con un lector toda una suerte de poemas para que se encuentre en ellos y goce en ellos. Y esto, es obvio, es más sencillo si lo que uno lee puede llegar a entenderlo.  Sin embargo, hay quienes, si una poesía en sencilla en su lenguaje, la desprecian, arrogándose una suerte de superioridad con respecto al resto. Posición absurda si, recordamos, la poesía no es más que un lugar de encuentro entre lectores, pues si no lo fuera, no sería más que un ejercicio de autocomplacencia y soberbia para el autor, lo cual sería, ciertamente, una triste realidad.
 
Recordemos aquí aquella sentencia del apócrifo profesor, Juan de Mairena:
(Mairena en su clase de Retórica y Poética)
 
-  Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”
El alumno escribe lo que se le dicta.
- Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”
Mairena. – No está mal.
A.Caro

A.Caro

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