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Entrevista a la poeta Aurora Luque

"Leer un libro puede ser una experiencia tan vital como conversar con un amigo"

Aurora Luque (Almería, l962) es, ante todo, poeta, aunque practica actividades en campos aledaños vinculados siempre a sus tres líneas principales de interés: el mundo clásico, la literatura de mujeres y la traducción. Su obra poética le ha llevado a participar en numerosos encuentros y festivales inernacionales, desde Bremen hasta Tesalónica. Entre otras de las actividades que Luque pratica, reseñable es la traducción de obras grecolatinas.  

P. Grecia, mar, literatura y cine. Son palabras que, creo, podrían acotar bien su territorio poético ¿no?.
R. Yo a esos términos los llamaría territorios, espacios que frecuento y por los que transito cuando me apetece. Me gusta viajar de un sitio para otro.
 
P. Añadiría también la música. Su obra es como un acorde.
R.La música es fundamental. Se dice que la música en la poesía última se ha astillado, se ha hecho añicos. No lo creo. Se han renovado los ritmos y escuchamos como música lo que antes parecía disonancia, de la misma manera que lo que antes nos parecía fragmentario ahora se disfruta como una obra autónoma.
 
Yo prefiero las longitudes básicas, clásicas: el heptasílabo, el endecasílabo sin rima. Si hiciéramos el ejercicio de recordar poemas de memoria veríamos que casi todos están compuestos en esos metros. A mí me gusta mucho la poesía-performance que ahora es tan popular; disfruto del espectáculo, pero luego no consigo acordarme de ningún segmento verbal.
 
P. “La palabra poética sirve para degollar la mentira” dijo. ¿Puede explicárnoslo más?
R.La mentira de la que hablo es la del lenguaje falsificado de los medios de comunicación, de la publicidad. El poder habla con fórmulas, con clichés, con frases hechas y rutinarias. La poesía recarga de fuerza las palabras y obliga a replantearse su uso, su alcance, sus ambigüedades.
 
P. Otra nota evidente de su obra es la tradición grecolatina. Quien ha leído a Horacio ¿no puede evitar que aparezca?
R. Si has saboreado a fondo a un autor es difícil que no te deje huellas. Pero debes tener afinidades con su mundo. Sin salir de Roma, a mí me gusta más el mundo de Ovidio (su frivolidad es más jugosa) o el de Lucrecio (con su imponente esfuerzo de interpretar el universo desde una poética materialista).
 
P. En ese sentido, es muy sorprendente al leerla cómo, mediante ese diálogo con lo grecolatino, sus poemas transportan al lector – a este lector, al menos – a la más puta posmodernidad.
R.Me interesa el pasado porque en él encuentro amigos que me hablan del presente. Tucídides ya hablaba de la democracia imperialista y del doble discurso del poder. Catulo expone la pasión con una franqueza y una frescura inmensas: como si un amigo te contara sus penas por teléfono.
 
P. El culturalismo, en su obra, no entra en oposición con la experiencia. ¿Uno no está reñido con la otra?
R. En mi poesía no. Leer un libro, contemplar un cuadro, escuchar una pieza musical pueden ser experiencias tan vitales y profundas como conversar con un amigo o tener una noche de amor.  La costumbre de plantar tabiques es de los críticos, de los profesores.  Las etiquetas son muy perniciosas, porque una vez que se adhieren son muy difíciles de quitar. “Los novísimos son culturalistas y la generación del 80 la forman poetas de la experiencia”: menuda simplificación. Pero está en los manuales y no se va a ir de ellos ya nunca.
 
P. Ambas tradiciones aparecen como engarzadas gracias a un vitalismo hondo…
R.Disfruto igualmente zambulléndome en una música seductora o en una tertulia de amigos, en una noche de copas o en las páginas eróticas de Murasaki Shikibu. La vida está en todas partes, acepta muchos formatos y soportes. Hay que buscar la intensidad esté donde esté.
 
P. Hiperiónida, su primer libro, me dio la sensación, al leerlo, de estar atravesando el umbral en el que finaliza la infancia.
R. Lógico: lo escribí a los dieciocho años. Es un libro inmaduro, demasiado lleno de homenajes.
 
P. Y del título saqué la siguiente conclusión. Dígame si me equivoco. Pero Hiperiónida  me pareció que encerraba un deseo: que su poesía fuera, como Helios, hija de Hiperión… ¿he desbarrado mucho?
R.Era un homenaje a un libro que me resultó embriagador, el Hiperión de Friedrich Hölderlin. Me quería sentir hija de ese libro. Y también defensora de una poética solar.
 
P. Otra nota de ese primer libro es la presencia enorme de Juan Ramón, ¿le influyó mucho?
R.Me enseñó a saborear el lenguaje, a intuir que las palabras servían para dar placer. Eso lo aprendí a los ocho o nueve años, con Platero. Aunque claro, no fui consciente de su lección hasta mucho después.
 
P. Problemas de doblaje, su segundo libro, fue, tras haber leído el primero, como encontrarse de frente con lo más cotidiano de la vida; el cine, los anuncios publicitarios, los tangos…
R. Sí. La publicidad, seductora y engañosa, siempre me atrajo mucho. El publicista manipula el lenguaje –muchas veces artísticamente- con la finalidad de hacernos comprar. La poesía manipula estéticamente el lenguaje sin finalidad comercial: para hacernos reflexionar o disfrutar o rememorar.
También estaban los mitos, que para mí entraban en “lo más cotidiano de la vida”.
 
P. Más consciente – si puede decirse así – o pensado, me pareció Carpe noctem. Me dio la sensación de que el libro respondía a un proyecto intelectual.
R.La estructura estaba mucho más pensada. La última parte reflexionaba sobre el propio lenguaje; otra parte está dedicada a la ciudad.
 
P. El tiempo y el eros aparecen en ese libro. Pero el final fue lo que más me impactó, un final lleno de tensión.
R.El libro acaba con una pregunta: “¿Será una enfermedad/ mortal la del lenguaje?”. Tenía mis dudas sobre el empobrecimiento del lenguaje precisamente por culpa de la manipulación del poder, la expresión embrutecedora que usa la televisión y el cine comercial y la nivelación obtusa de la enseñanza.
 
 
P. Transitoria, otra de sus obras, destaca por ser muy narrativa. ¿Fue su intención, al incluir ese poema de más de cien versos?
R. Es narrativo – y muy a su manera- solo ese poema. Quise hacer constar mi lamento por los sueños que van quedando rotos en la vida y para ello acudí a mis antepasadas granadinas, prisioneras de una sociedad asfixiante.
 
P. Y con Camaradas de Ícaro, centró su creación en lo subterráneo ¿no? Lo digo porque es una obra en la que apenas hay luz, si usted me entiende.
R. La estructura se basa en un viaje a las diferentes regiones del mundo de los muertos (en la visión clásica): Leteo, Campos Elíseos…  Pero creo que hay una sección luminosa, la erótica (“El oro de Klimt”, “La poesía no ha caído en desgracia”, por ejemplo).
 
P. Intentando resumir su poética – un ejercicio para el que, lo reconozco, no estoy capacitado -  recordé a Cernuda. Para él realidad y deseo eran de representación imposible, una suerte de quimera. Realidad y deseo, en su obra, son, pienso yo, mito y realidad.
R. El mito nunca es el centro de mis poemas. Sería absurdo. Yo hablo de mi mundo y de mi presente. Lo que ocurre es que el mundo clásico me proporciona herramientas muy válidas para realizar ciertos análisis o tomar distancia de la realidad inmediata. Pero no me interesa hacer arqueología en mis poemas.
 
EL POETA, EL TIEMPO Y LA INSPIRACIÓN
 
 
P. ¿Qué es la poesía?
R. Mi manera de estar en el mundo. Me ha tocado esto en suerte.
 
P. ¿El poeta nace o se hace?
R. Nace y luego se cultiva. Justo como un árbol. De una semilla de ciprés nunca nacerá un cerezo. Pero una vez germinado, hay que cuidar la planta.
 
P. ¿Puede existir poesía sin sentimiento; una poesía exenta?
R. Veo a menudo, en los poetas aficionados o principiantes, poemas tan cargados de sentimientos que se les muere de sobrepeso la poesía que pudieran contener.
 
P. ¿Está todo inventado en la poesía?
R. No, como tampoco en el cine o en la música.
 
P. ¿Es la poesía un exilio interior o la repatriación de uno mismo?
R. Hay que mirar dentro, sí…
 
P. ¿Cómo saber si un poema es bueno o malo?
R.Léete por placer trescientos libros de poemas de todos los tiempos y lugares  y doscientos más en tu propio idioma y entonces el olfato te orientará sin duda.
 
P. ¿Cree en la inspiración? ¿Qué es? ¿Viene sola o hay que llamarla? 
R.Hay que propiciarla reservándole tiempo de ocio y musarañas. Paseos, música, vino, soledad, pueden ayudar a hacerla venir. Si trabajas doce horas al día de broker o descargando camiones es difícil que aparezca. De ahí la fama que los poetas tenemos de indolentes. 
A.Petit (@apetitz)

A.Petit (@apetitz)

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