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Crítica

Sonata de lo granado

Antonio Daganzo vuelve por los pagos de la poesía con Juventud todavía (Vitruvio, 2015). Esta es, así, sencillamente, una gran noticia tanto para los lectores enfebrecidos de su obra, como para los que quizá aún no se han asomado a ella. Para estos especialmente, la noticia es doblemente buena pues descubrirán en Daganzo una de las voces más singulares de la poesía española. Hacía cinco años que el autor no daba a conocer una nueva obra en España. Cinco años en los que, sin embargo, el poeta no ha estado quieto. Publicó en Chile, en 2012, Llamarse por encima de la noche y entre el 2010 y el 2015 se fue desarrollando, como un hijo que va creciendo, el poemario Mientras viva el doliente, que ha conocido tres ediciones en España y una en Ecuador. Aunque su trabajo intelectual paras importante en este lapso de tiempo se aleja de la poesía para zambullirse en la divulgación, en este caso, de la música clásica con Clásicos a contratiempo, una obra de un rigor pasmoso y accesible. Y esta obra del divulgador nos ayuda a penetrar en el conjunto de poemas que componen la última entrega de Daganzo.
           
El verso libre predomina en un poemario que es recapitulativo, sugiriendo la metáfora del oasis en medio de una abrasiva travesía por desérticos senderos. Es la memoria como recogimiento y reflexión, como contemplación de lo vivido con la excitación por lo que se ha de vivir.  Las palabras - ¡benditas compañeras!, le escuché exclamar al autor en cierta ocasión – no son escritas, sino acogidas, acogidas en el seno de un poema. Con tono intimista, página a página se va exacerbando una sugerente elección de las palabras que, lejos de cualquier simbolismo, guardan la magia de la precisión significativa.
           
El poema que abre el libro y que le da nombre, el autor se presenta al lector en ese yo contraído, envuelto en sí mismo, como en el final de una duda cartesiana. Mirad a aquél, traicionándose el alma./Mirad a este que lleva nuestro rostro. Este primer poema ya pone de manifiesto el paradójico compás en el que se mueve la obra: una reclamación ferviente de la juventud realizada, a la vez, con los pies puestos en la más plena de las madureces. Juventud, sin embargo./Colmando cálices del mundo,/soñadora implacable de todos los anhelos/aunque el mundo nos crea el más triste,/holocausto.
           
No hay recapitulación sin memoria. Para algunos, no puede haber poesía sin memoria. Y la evocación siempre incluye cierto grado de nostalgia. Que los osados ostenten sus caprichos:/yo,/valiente sin estrellas,/te llamo mi memoria, escribe el autor en Guardarropía.  Todo el libro está trazado de ese binomio – memoria y nostalgia – con una hondura intelectual ciertamente difícil de encontrar hoy en la poesía española. El libro es hondo, pero no agreste; sencillo, pero no simple; intelectual, pero no egoístamente elitista. En él supuran recuerdos y viejos dolores, cuya curación, parecen sugerir los versos, fue posible gracias a la hoja en blanco.
           
No se debe escribir sin cicatrices, hilvana Daganzo en un poemario que es una sonata a lo granado, a lo juicioso y maduro, escrito con el brío emotivo de la juventud, una juventud que aún es todavía.
 
Juventud todavía. Antonio Daganzo. Ediciones Vitruvio, 2015. 
Álvaro Petit Zarzalejos

Álvaro Petit Zarzalejos

Ritmos 21 - Milennial Culture Information es una revista independiente de información y análisis cultural.

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