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Entrevista a Diego Álvarez Miguel

"Poema y vida van tan de la mano que se funden"

Diego Álvarez Miguel.

Diego Álvarez Miguel.

Oviedo, 1990. El año y el lugar de nacimiento suelen ser anotaciones indispensables para situar en el dasein, a los artistas a los que tratamos de llegar a conocer más allá de una lectura. Somos así, quizá porque el mismo acto de conocimiento nos exige una premisa siempre espacio-temporal. Esa fecha nos sitúa cerca de Diego Álvarez Miguel, poeta al que debemos, entre otros, versos que tienen la seriedad e ironía propia de los grandes escritores –si él no lo es ya-.

Pueda parecer una entrada rimbombante-filosófica prescindible, pero cuando Álvarez Miguel es uno de los miembros fundadores del llamado Patarrealismo Salvaje, comprenderéis que esa introducción hace alusión a una de las premisas clave del grupo: el ser conscientes de su temporalidad.

Diego Álvarez Miguel, es ingeniero de Telecomunicaciones, narrador, poeta y ha recibido, entre otros galardones, el premio de poesía joven Gloria Fuertes por Un día, tres otoños, el premio Dafne de poesía y el premio de poesía de la Asociación Dr. Fleming de Oviedo. Además ha publicado un libro de narrativa, junto a Xaime Martínez: Los tres mil cuentos de Marcelino Tongo, Premio de Narrativa de la Universidad de Oviedo. En 2015 recibió el prestigioso galardón Hiperión de poesía, con Hidratante Olivia. Un premio que saca todos los años grandes talentos a la luz. Así, el ingenio unido a una revitalización de las estrofas escriben versos tan perspicaces como los de su poema Enciendo la luz de la mesita…, y la consciencia junto con su sinceridad, el saber sacar un poema de la grisácea línea seis del metro madrileño, o el erotismo del rodilla, y su gran sensibilidad, hacen también de preámbulo a unas respuestas que seguro dirán mucho más allá del texto.
 
Pregunta:¿La poesía es vehículo del más allá o del más acá?
Respuesta: A mí me gustaría que lo fuese del más allá. Una vez (de tantas) quise hacerme el interesante y dije que si querías llegar a un sitio tenías que coger un coche o un avión, pero que si querías llegar a algo que no fuese un sitio tenías que coger un libro.
 
P: ¿Buscas el poema o él te encuentra?
R:
Me encuentra la chispa y yo después soplo hasta que se quema el bosque entero. Más tarde, normalmente, elimino el archivo (que es el nuevo romper el poema) porque suele no gustarme lo escrito.

P: Si pudieses tener un encuentro literario en este momento ¿con quién sería?
R: Me encantaría que fuese con José María Fonollosa, en La Habana; no le preguntaría nada, le invitaría a un mojito y le echaría un ajedrez. También me pasaría una noche en el camping La Estrella de Mar con Roberto Bolaño, a él si le preguntaría cosas y no pararía de pedirle cigarros. Aunque no me los fume.

P:¿Qué estás leyendo actualmente?
R: Poesía: Mindfield, una antología de Gregory Corso. Y narrativa: La calle Great Jones, de Don DeLillo.

P: ¿Es el amor hidratante?
R: Más que la Nivea Intensive Moisturising Cream Regeneration Plus. No, en serio. Ha de serlo, si no penetra en la piel y en las venas y en los órganos, para qué lo queremos. Lo que sí que voy a revindicar en esta respuesta es la necesidad que tenemos todos de que el adjetivo «hidratante» se utilice mucho más.

P: ¿Para escribir hace falta leer?
R: Para hacerlo bien, sí. Creo que uno no puede producir nada de valor si no sabe qué es lo que está produciendo, si no conoce qué es lo que rodea a su obra ni cuál es el lugar que a ésta le corresponde en ese contexto. Si escribes sin leer y te expones, corres el riesgo de estar haciendo el ridículo y creer al mismo tiempo que estás haciendo historia. Rodari me dijo una vez que leer y escribir era exactamente lo mismo que comer y cagar. Por cada cinco comidas, hay que ir una vez al baño. Además, hay que elegir bien los alimentos: muy sanos y muy variados.

P: Dentro del ser consciente de la fugacidad del tiempo, y en lo contemporáneo que nos toca vivir ¿prefieres dejarte llevar o pausarte sobre los versos?
R: Creo que el ser consciente de la fugacidad del tiempo y del instante que nos ha tocado vivir es algo que ya no me aporta mucho a la hora de escribir. Recuerdo cuando me di cuenta por primera vez de que me iba a morir. Tendría unos doce años o menos. Iba en un autobús, sentado en los primeros asientos y mirando la carretera a través del parabrisas. Yo no creía en Dios. «Me voy a morir», pensé. Y pensé también en los planetas y en lo grande que es el universo. Casi me pongo a llorar. Ahora ya no me pasa eso. O me pasa menos. Así que unas veces me dejo llevar y otras me detengo sobre los versos. Hay quien escribe por trascender y por buscar un sitio en la eternidad. Yo no creo en eso. Yo escribo porque es lo único que sé hacer. Lo cual no dice mucho de mí, porque lo sé hacer a medias.

P: ¿Es todo lo que se publica con tinte poético, poesía?
R: Habría que preguntarse primero qué es la poesía. Para unos es una cosa y para otros es otra. Y yo prefiero no posicionarme, prefiero decir que no sé lo que es, que no sé lo que quiere decir «tinte poético». Puedo intuirlo, claro, pero lo que intuyo no me gusta. Entonces digo mejor que no lo sé y así puedo nadar en la más profunda contradicción, que me fascina. A mí, para ser pragmático, me encantaría decir que veo poesía en muy pocas cosas. Y que en los libros cada vez la veo menos. Y que en mis propios poemas ha empezado a desaparecer hace ya un tiempo. Me encantaría decir que nos la estamos cargando, y que es lo que se merece. Pero no puedo decirlo porque no sé lo que es la poesía.

P: ¿Es la musa siempre santa?
R: Si lo fuera, ya estaría todo escrito.

P: ¿La vida está más cerca de la tristeza o de la felicidad?
R: El universo tiende siempre a compensarse. En términos matemáticos y literarios, la esperanza está justo entre las dos.

P: Vamos a llamar a las cosas por su nombre ¿es el amor, miedo?
R: Tiene que serlo. Yo, si lo pienso, no saco otra conclusión. Y, si lo siento, saco todas las demás.

P: ¿El poema es espejo o cristal?
R: Es siempre un espejo. Pero unas veces hacia adentro y otras hacia afuera.

P: La vida pueda o no tener sentido ¿y la poesía?
R: Unas líneas inéditas: «[…] Y la vida, / que antes se daba tan bien y tan pura en lo flexible, / ahora con suerte logra darse en esta mano / que te acaricia levemente en la mejilla / o que escribe con nostalgia algunos versos.»
Poema y vida van tan de la mano que se funden.

P:  Vamos a ponernos nostálgicos – o no- ¿A dónde regresarías siempre?
R: A ningún sitio. Tengo una memoria horrible. No recuerdo nada de lo que he vivido ni ningún sitio en el que haya estado.

P: Como poeta joven dentro del elenco de la poesía emergente, ¿cómo ves el futuro poético?
R: El abanico ahora mismo es enorme, hay mucha gente haciendo cosas, lo cual es muy molesto. Creo que deberíamos dejar de escribir. O, al menos, de publicar. Yo lo haría, pero me cuesta mucho dejarlo. Me digo: un poema, sólo un poema. Y un poema no es nada, es cierto, pero ese poema te lleva a otro poema y ese a otro poema y al final acabas publicando un libro. Las librerías están a reventar. Hay que hacer algo. Yo creo que el tiempo irá cribando todos estos libros. La pregunta es: ¿con qué tamiz?

P: Hay algún rumor de que está preparando una nueva obra, y que precisamente no es poesía… ¿cuándo podremos volver a leerte?
R: Ya está terminada. Es una novela que saldrá durante el año que viene con Destino. Mezcla narrativa y poesía. Es algo bastante conflictivo que espero haber resuelto bien. Tenía ganas de hacer algo así y tratar de plasmar cómo tras el poema subyace siempre una narración totalmente prosaica. Calculo que saldrá para el otoño próximo. También estoy escribiendo un libro nuevo de poemas (esa maquinaria nunca se detiene), en el que quiero apostar por un cambio de voz que considero necesario. 
Paula L. Montero

Paula L. Montero

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