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Perfil | Antonio Lucas

"La poesía es una buena escuela de tolerancia y un gran generador de desacuerdos"

Sentados en la prematura mañana con el sol todavía incierto, a medio camino entre la sospecha y la determinación, sin saber si es demasiado pronto para una caña o demasiado tarde para un café, hablamos con el poeta y periodista Antonio Lucas de identidades culturales, de las nuevas tecnologías y la modelación de la cultura en torno a ellas, de la facilidad con la que se evapora esa cultura de lo que él perspicazmente llamó cultura de géiseres. También nos posamos sobre temas más arduos que, en muchos casos, tocaron los límites de la política y la situación social, donde Antonio posee una voz rotunda que hay que, al menos, escuchar. Como buen periodista escribe mientras habla (de una forma metafórica claro está. Esta vez le tocaba a él dejarse llevar), una virtud poco vista en esa Posmodernidad, en muchos casos, Premodernidad, que nos rodea. Por entonces ya tocaba (en su más sentido de caricia) entrar en materia: la poesía, como no, en su inmaterialidad. Pero siendo esto un humilde prefacio, posterior a la relectura de las líneas que continuarán después, no dejo de tener el eco extraño de una voz que, como buena poesía, dice más de lo que se pueda leer en esas líneas. Cada cual que reme o se deje llevar por este cauce tan magnífico. 
 
PL: Agradecí la lectura de tu último libro de Vidas de Santos y no quiero resumirlo en un compendio de biografías porque no lo es. Es una lectura muy fresca donde se cuentan historias de una historia que nunca se cuenta…
AL: Sí, alguno de ellos sí. Muchas gracias.
 
PL: Haciendo mención a tu libro Los desengaños, ¿vivimos en un constante desengaño?
AL: Yo sí, ahora menos, claro, el tiempo pasa. Están escritos hace cuatro años, y hace cuatro años sucedían dos cosas en mi vida: una que fue muy desastrosa, que fue una separación después de muchísimos años, y otra que era un desafecto al presente, y entonces saqué aquellos dos canales. Pero ahora vivo menos desengañado. Ese libro que por lo visto ha tenido un cierto eco, no sé si éxito, porque la poesía no tiene éxito nunca, pues claro, sí, es singular porque yo sonrío mucho. Me río mucho, soy muy vital y cuando iba a leer así a ciertas lecturas que me invitaban, la gente, imagino, pensaba que iba a entrar en esa sala un ser completamente derrotado, abarrotado, abandonado, y tal y luego no tenía ninguna vocación de echarme a perder. Efectivamente conté en un poema lo que es la poesía, es decir, al fin y al cabo lo que es la poesía es eso, no es hablar de mundos que no existen, no es escapar del mundo, la poesía te enclavija al presente de la manera más feroz, y esos poemas eran la toma de tierra muy brutal.

"La poesía te enclavija al presente de la manera más feroz"
Ahora no vivo con ese mismo desengaño, porque ya ha pasado mucho tiempo y mi vida es otra, mi vida sentimental es otra, y ahora mismo es excelente, o muy estimulante mejor dicho, y mi concepción del momento en el que estoy ha mejorado, no sé si porque yo he ido aceptando o claudicando, o porque hay motivos para pensar que hay algo mejor. Yo creo que es lo segundo. Pero yo no soy un fanático de la vida, amo vivir. Pero al igual que tampoco soy un fanático de la felicidad, ni la creo, ni la siento, es decir, no soy un hombre excesivamente feliz, soy un hombre, yo creo, que nada feliz, vivo más por rachas de entusiasmo que por felicidad y no tengo tampoco ninguna vocación de ser feliz, pero porque prefiero esa indeterminación de saber que la vida tiene sus momentos de tropiezo, y que también te da ciertos desahogos y ciertos estímulos, y así voy viviendo y así se hicieron Los desengaños. Es un libro bastante más arrasado, pero mis libros anteriores también, tienen esa proteína de no creerme demasiado las cosas, soy un poco escéptico, no me creo mucho yo las cosas, la verdad. Me falta un punto de candidez que no encuentro.
 
 
PL: Tengo especial cariño a tu primer poemario Antes del mundo
AL: Anda, pero si eso es un disparate. (Se ríe)
 
PL: Para nada, aunque tu voz puede ser ahora mucho más clara, tenías 18 años.
AL: Cuando gané el premio Adonáis tenía 18 o 19 años y cuando escribí el libro 16. Y yo no me presenté, me presentó una novia de la facultad que estuvimos cinco años juntos, a la que quiero enormemente. Yo hice el librito con la idea de tenerle y, bueno, pues de moverlo, pero no con vocación de premio porque estaba muy despistadín. Y fue ella quién me apuntó y luego, mira, le dieron ese accésit y se publicó. Y era un libro que era muy raro, entonces se movía mucho lo que se llama la poesía de la experiencia, una poesía mas clara y mas inmediata, y yo sin embargo, no sé por qué, bueno sí, por la biblioteca de mi padre que es extraordinaria, me puse a buscar y a arañar libros que no tenían nada que ver con lo que leían mis amigos, que entonces yo tenía muy poquitos amigos en la poesía, no es como hoy que somos un buen grupo. Leían a Benedetti que a mi nunca me gustó nada y yo un día me encontré con una antología de la poesía surrealista de Aldo Pellegrini, y abrí aquello como quien abre una conserva sin etiqueta, y encontré un territorio extraordinario, fue un shock emocional, no recuerdo un momento de mi vida más vivo que ese y mira que he tenido momentos buenos, y gente estupenda a mi lado, y nunca he vuelto sentir aquel calambre de aquellos libros cuando tenía catorce o quince años.

"Rimbaud, que fue el mayor impacto de mi vida"
También yo llevaba un corsé ortopédico durante tres años que me impidió salir en esa edad en que los amigos empiezan a follar por primera vez, a emborracharse por primera vez… yo ni follé ni me emborraché porque tenía que estar en casa todo el día por el corsé de los cojones y no existía afortunadamente la play station, entonces me dediqué a leer. Y encontré a Lorca, a Cernuda, a Aleixandre, y luego ya descubrí a Rimbaud, que fue el mayor impacto de mi vida. Tampoco he vuelto a vivir algo como aquellas primeras lectura de Rimbaud, yo leía como si me fuese a morir mañana, era una cosa agónica como yo leía Una temporada en el infierno. A mi me dio la clave de una escritura salvaje y así bajo esos efectos lisérgicos sin tripi se fue haciendo Antes del mundo.
 
PL: (Saco el libro, y comentamos las singularidades de la colección de aquella época, con la curiosidad de volverse a encontrar con su yo de quince años y las historias verdaderas que sólo él conoce tras sus versos). Apuntabas manera ya aquí…
AL: Bueno sí, estaba en ese vértigo ante el abismo en el que me decía: macho o sales para adelante o te pegas un ostión. El azar se confabuló bien para escribirlo.
 
PL: Luego es verdad que tardaste en escribir el siguiente. Entre los cinco libros que has escrito hay bastante espacio de tiempo
AL: Cinco años entre cada uno y no es premeditado, una pura casualidad. Yo escribo muy lento además. Llevo ahora tres o cuatro meses sin escribir un poema. Ahora en enero si hago un régimen de ramadán, que yo llamo, y ya me meto con el libro nuevo porque tengo muchas ganas. Tengo once poemas y creo que tiene un buen tono. Pero sí, soy muy poco disciplinado para la poesía.
 

PL: La poesía también requiere su pausa…
AL: Sí, pero yo le doy un poco más de la que exige. Pero nunca escribo sin que me apetezca, y ahora tengo ese apetito de sentarme a los poemas y meterme ahí. Me permite preguntarme cosas que de otra manera no sería capaz de preguntar, nunca encuentro demasiadas respuestas, pero a mi me interesa mucho la poesía en el sentido de en lo que te ayuda a comprenderte, en tus demonios, en tus buenas rachas. La poesía es una buena escuela de tolerancia, y es un gran generador de desacuerdos. Entiendo muy bien la vida a través de la poesía, la entiendo muy bien.
 
PL: Hay una metáfora en los desengaños que alude a esto y que es muy interesante, paisajes de lo incierto…
AL: ¿De lo cierto o de lo incierto?
 
PL:¿De lo cierto? Creo que es de lo incierto…
AL: No lo sé te pregunto.
 
PL: De lo incierto creo que es, pero ahora me has hecho dudar… (nos reímos)
AL: Me pega más en mi el paisaje de lo incierto, los paisajes de lo cierto son de los que huyo.
 
PL: Creas mejor ante la incertidumbre, que en la certeza…
AL: Sí, claro, claro, y la poesía exige eso. Desde la incertidumbre se alcanza más con la palabra. Al fin y al cabo los mejores poemas son aquellos que nacen de un estímulo que suele ser generalmente torcido, inquietante. Y los mejores poetas son aquellos que lanzan las palabras más lejos que la vida. Aquellos que en un momento dado consiguen hacer de su incertidumbre una especie de pértiga hacia un más allá, que es a donde te lleva la poesía.  Cuando la poesía dice vaso, no dice vaso, eso está muy bien en Rilke o en Valery, no, cuando la poesía dice manzana no dice manzana, dice árbol, dice vida. Entonces eso lo bueno, esa elocuencia abierta de las cosas.
 
PL: Podría decirse que la poesía es vehículo hacia una metafísica…
AL: Sí, claro, la poesía lo que te permite es traspasar lo inmediato. La voluntad de la poesía es quedarse, como decía Machado, “palabra en el tiempo” y la palabra en el tiempo es aquello que supera el tiempo, que supera cada secuencia del tiempo. La poesía es una gran plaza pública, y tiene algo muy bonito, es como una plaza mediterránea, aquellas plazas que no están cercadas por una arquitectura, sino que son plazas abiertas, que tienen dibujo y contorno cuando las llena la gente. Cuando tiene sentido es cuando la plaza tiene gente, sino es un mero espacio.
 
PL: Esta metáfora tan bonita supongo que también puede hacer alusión a Rilke con su concepto de lo abierto…
AL: Sí, claro.
 
PL: La poesía, en ese sentido, siempre tiene algo de filosófico.
AL: Sí, más que de filosófico tiene algo de pensamiento, la poesía es muy pensativa, y aunque sea una poesía muy surrealista o muy instantánea, siempre tiene algo de pensamiento debajo, o un sentimiento que a lo mejor a ti te invita a pensar. En el momento en el que algo te emociona inevitablemente genera un pensamiento. Eso, mira, en mucho personaje de Vidas de Santos se ve esa condición. Esa gente vivió y su biografía, su vida, su actitud y su forma de entender el mundo a ti te invita también a pensar sobre el mundo. ¿Pero eso sería filosofía? No lo sé, pero te invita a pensar, por ejemplo en que Simone Weil en un momento dado hizo lo que hizo, o Sid Vicious, ese asumir la vida a dentelladas. Pues es algo que está ahí en estos santos, que para mi son santos todos, gente milagrosa, que tienen la adversidad como credencial vital. Es gente llagada, estigmatizada, que tiene en ese sentido esa condición de santos, es gente que vive a la contra, que vive todos los desacuerdos y desafectos de la sociedad en la que viven, buscan alternativas de forma intuitiva en los márgenes. Todos son producto de una burguesía, y no se adaptan a esos modales burgueses del siglo XIX y XX.
 
PL: Se les siente muy vivos…
AL: Sí, es que están muy vivos, su estela está ahí. Y luego el periodismo cultural tiene esa condición, de que si aciertas en la forma de contarlos, los revives.
 
PL: La mejor sección, para mi gusto, fue Heterodoxas
AL: Sí, para mi también, es la que escribí con más placer. Quería hacer una sección de mujeres, como éstas, aunque faltan muchas y a lo mejor sobra alguna. Y me gusta mucho porque son mujeres que tuvieron que luchar contra su condición de mujer, como la historia del siglo XX está hecha de forma testicular, con los testículos de los tíos, pues ese canon, se ahormó de ese modo, y estas mujeres, la mayoría de ellas fueron degradadas a la condición de musa, que es una cosa absurda cuando la mayoría, no todas, fueron creadoras. Tuvieron que luchar contra un momento de guerras mundiales, revoluciones, siendo mujeres en un mundo machos, sobreponiéndose a su condición de creadoras. Pero la historia del siglo XX no se entiende sin el trabajo y la resistencia de muchas de ellas, esa valentía, esa osadía, de aún así con todo en contra bracear hasta hacer una obra. Son parte del cimiento de este gran edificio.
 
PL: ¿Qué libro has cogido con más entusiasmo últimamente? A ser posible poesía…
AL: A ser posible poesía, vale, te iba a decir otro. (Sonríe)
 
PL: Bueno, ahora no te guardes el secreto…
AL: No, era Julio Ramón Ribeiro, Las prosas apátridas, un escritor peruano extraordinario, que recuperé por azar el otro día en casa y fue excitante. Y de poesía, lo último que me ha sobrecogido por ejemplo el último libro de Julieta Valero que ha publicado en Vaso Roto; el último libro de Carlos Pardo, Los allanadores; el último libro de Mariano Peyrou, Niños enamorados. Y luego digamos así, de clásicos, he leído otro libro de una mujer que me ha gustado que es Janet Malcom que se titula Cuarenta y un intentos fallidos; y luego Anne Carson con Eros, que es una revisión más que del erotismo, del eros desde Safo hasta hoy. Y por decir uno último, Leer a Góngora de Joaquín Roses.  
Paula L. Montero

Paula L. Montero

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