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Entrevista a Antonio Lucas

"Hay una cultura de géiser y una gran falta de curiosidad"

Como buen poeta sabe que la huella determina la palabra, y como buen periodista sabe en qué momento vive. Antonio Lucas no debe cuentas a nadie, se le nota, es él, quizá la manera más sencilla y sincera de ser sí mismo. Una no puede dejar de admirar aquellos pasos que en la incertidumbre se tornan ciertos. Y este cauce, que hoy queda abierto, fue también suyo.
 
PL: ¿Qué te parecen las entrevistas?
 
AL: Me gustan mucho, me gustan más hacerlas que responderlas. Dentro de los géneros del periodismo, la entrevista es el único que mantiene la tensión y el feedback con el otro. Es inmediato, es necesario. Genera un texto muy vivo que el lector luego ese calambre lo recibe con la misma intensidad y con la misma viveza. Es uno de lo territorios del periodismo más sólidos, mejor apuntalados.
 
PL: ¿Te sueles sentir cómodo en una entrevista?
 
AL: Sí, y he hecho entrevistas muy difíciles donde todo era muy adverso, iba a ser muy desfavorable desde el principio y luego hay un clic en la entrevista que no sabes nunca cuando es, en el que las cosas se modulan y empieza aquello a tomar cuerpo. Tiene mucho de psicología también, me lo dijo una vez Umbral (pone voz de Umbral) “para hacer una buena entrevista tienes saber más que el entrevistado”. Y es verdad, tú tienes que llegar ahí sabiendo más que el tipo que vas a entrevistar, no por demostrar que sabes más, sino porque se tiene que notar el interés.
 
PL: Me interesó la entrevista que hiciste a Victoria Camps. En ella salieron temas realmente relevantes como los atentados de París y me gustaría debatirlo contigo desde otro punto de vista. Se está fomentando esa férrea oposición Oriente-Occidente pero ¿esas diferencia culturales son tan antagonistas?
 
AL: Para empezar el tema de París es tan complejo… yo no entiendo mucho de todo lo que está sucediendo a raíz de los atentados, bueno ni si quiera el hecho del atentado. Lo que sí que hay es un encuentro muy brutal y que tiene que ver con posiciones muy enfrentadas que no son de ahora, en la que occidente esta dictando una especie de programa de mundialización muy raro. Y oriente es que es muy amplio, claro, también existen árabes laicos…, estamos focalizando el odio hacia el mundo musulmán sin hacer distinción entre el árabe, el musulmán, el yihadista o el fanático. Y luego hay condiciones que son difíciles de desentrañar como el que la mitad de los terroristas no viven en el cogollo, en esa especie de madraza fanática, sino que es gente educada en Europa. Entonces yo lo miro con escepticismo y no te voy a decir que no, lo miro con miedo, son incalculables las posibilidades que hay de que un atentado suceda en el momento menos inesperado y en el lugar más multitudinario y no hay posibilidad de ponerle freno. No sé si ese concepto de “guerra justa”, que a mi me parece tan inquietante, puede servir de algo, la guerra justa tiene una condición de venganza, la democracia tiene que adaptarse a veces a ciertas aptitudes que están alejados del concepto esencial de la democracia, pero claro, cuando estás muy forzado y amenazado estás obligado a tener una reacción.

"El Estado Islámico es una estado de ficción puramente salvaje"
No me gusta el concepto de Guerra, primero porque el Estado Islámico, como decía Victoria Camps, no es un Estado como tal, es una estado de ficción puramente salvaje y muy difícil de calcular. Y luego, hay otra historia muy interesante a tener en cuenta y es que estos chavales que se están inmolando, tampoco estaban insertados en cierto tipo de fanatismo sino que en cuatro o cinco meses un tipo con una ignorancia y con un deseo de venganza sobre la vida y sobre el mundo realmente inflamado, pero no es gente que haya desarrollado una condición religiosa, una fe desatada, no, son tipos que muchos de ellos se aburren, gente ociosa, gente que no tiene nada que hacer. Hay otra cosa en el mundo árabe y esa falta de separación Iglesia y Estado, ahí el dogma político lo dicta la religión y ese es uno de los peligros. Al final todo lo que tiene que ver con religión genera siempre tensiones graves. La religión siempre está condicionando a tener una mirada sobre el otro que, cuando no acepta tu condición religiosa se convierte en enemigo, y eso me parece una de las aberraciones más absolutas y más en el siglo XXI.
 
PL: Yo, al menos, tras los atentados, tenía la sensación, sobre todo por parte de Francia, de que nos estábamos poniendo a ese mismo nivel de odio u oposición de la que hablábamos antes ¿por qué nos sentimos incapaces, o al menos lo parece, de sentirnos identificados con los atentados de Beirut y sí con los de Francia?
 
AL: No sé si es un problema de diferencia cultural o es un problema de distancia emocional, y consideramos que el mundo árabe pues tiene esa condición interna permanentemente violenta, pero muchas veces ha sido Occidente la que ha propiciado algunos desmanes. Pero cuando nos tocan a nosotros, esa especie de sacrosanto concepto de mundo moderno donde nosotros tenemos la razón absoluta de lo que es la mejor convivencia y los derechos humanos, que es verdad que tenemos ese eje que propicia precisamente esa condición de modernidad. Cuando suceden los atentados en Beirut nosotros consideramos que eso es normal, pero la realidad es que esa gente vive en la misma estupefacción que nosotros, es decir, es una señora que baja al mercado y ya no vuelve. Esa gente tiene el mismo daño, el mismo desamparo, el mismo dolor. Y el hecho lo tenemos en que cuando se ha estado bombardeados por parte del ISIS o de los países europeos, esas ciudades con motivo de esta guerra tan extraña que se ha creado que es la de Siria, los refugiados salen. No es gente que quiera convivir en ciudades arrasadas sin ningún tipo de asistencia social, de condición elemental para la vida. Salen a patadas, el otro día un compañero que estaba en Serbia me contaba que vio llegar a 12000 refugiados. No es normal para nadie los atentados, son víctimas de la misma violencia y encima están estigmatizados y encima ahora todo musulmán está bajo la sospecha de poderse convertir en un hombre bomba, y te das cuenta
 

PL: El tema de los refugiados podría llevarnos muy lejos y podríamos discutirlo mucho tiempo pero en relación también a los atentados, personalmente creo que las redes sociales e internet siguen fomentando mucho miedo…
 
AL: Sí, es una herramienta de control, dirigen las emociones del personal que las usa. Vivir sin internet hoy se convierte en el nuevo concepto de eremita. Internet modula y genera la condición del miedo, de los entusiasmos, es decir, va generando los cauces y canales necesarios para que haya una emoción en un momento dado o haya otra. Yo no sé si el uso que se les da a las redes sociales es bueno o malo, yo participo de ellas, no tengo Facebook, tengo Twitter del que desaparezco ya en 2016 porque se ha convertido en una corrala absurda y llena de bobos enmascarados que no hacen mas que fomentar el acoso que Twitter solventa con esa soltura. Cualquier individuo sin nombre y apellido pueda dedicarse a fastidiarte la mañana o a darte puntapiés por eso de la libertad de expresión, pero la libertad de expresión hay que ejercerla con un credencial de nombre y apellido de quien la usa y ahí ya jugamos con igualdad de condiciones. Una cosa es la crítica y otra el insulto. Y en el caso de la violencia y esa situación tan áspera que se genera en la sociedad hoy, las redes sociales juegan un papel muy necesario, como sucedió en las primaveras árabes y que sirvieron de salvoconducto para que el resto del mundo se enterase de lo que estaba sucediendo. Por otro lado tienen esa condición de lo que tú dices, en ese calentón un tipo suelta una soflama, y esa soflama ya es absolutamente inconducible y se puede convertir en una idea que abrazar para algún despistado. Pero es que internet no se creó para bajarte el Tetris, internet se creó de algún modo para tener a la gente controlada. Amazon, por ejemplo, es un comercio interesantísimo por esa condición que tiene de que cuando tu entras las primeras veces a comprar y metes tus datos ellos ya detectan un gusto en ti y van alimentando ese gusto y van modulando tu camino a la hora del consumo. Sobre todo esto es lo que ha generado las redes sociales, una excitación al consumo no sólo material, sino de ideas y de cualquier tipo de deseo.
 
PL: La verdad que es muy interesante esto que dices del control social porque es verdad, cada vez se ve más, incluso llegamos a ser dependientes aunque parezca paradójico de ese control, y que sabemos que es control, porque la gente en el fondo lo sospecha…
 
AL: Claro, es absoluto control, en el momento en el que hay un big data, y hay una guerra de grandes empresas por controlar y acumular y tener el mayor caudal de  esos datos de los ciudadanos para sus propios intereses…es que internet es eso, un caladero de control.
 
PL: ¿Se puede vivir sin internet?
 
AL: Pues sospecho que no, lo ponen muy difícil. ¿Se podría vivir? Claro, mi abuela y mi padre han vivido toda la vida sin internet. Mi padre no tiene ni móvil, ni ordenador, incluso no tiene reloj, vive en una condición absolutamente normal sin necesidad de tal. Esa incomodidad, bueno pues es que Internet te atrapa en esa comodidad, en la posibilidad de que con un clic sin moverte de casa lo tengas. Creo que se puede vivir sin lo gravoso que supone eso de no tener la instantaneidad a mano. Todo depende de lo que tú consideres vivir.
 
 
PL: En un artículo tuyo mencionabas que el exceso de información no da conocimiento y creo que hoy en día el conocimiento puede brillar por su ausencia…
 
AL: Yo creo que esa frase la debí de copiar de alguien porque me parecía elemental. Claro, es que el problema no es tener mucha información, eso le viene bien a los políticos y a los empresarios para saber que hacen mal los otros, pero la información requiere un cimiento de educación, hay que discriminar la información, ese alud de información instantánea. Un tío no necesita tanta información como aparentemente el hombre contemporáneo requiere, sino que necesita mucha más educación. Cuando tu tienes educación cribas mucho antes la información, sabes comparar, y eso se consigue con la lectura, con la cultura, es decir, cuanto más leas más eres capaz de asimilar aquello que te va llegando y mejor te arma para la crítica, la protesta o para la aceptación.  A lo mejor si lees las meditaciones de Marco Aurelio, en vez de estar pendiente de los chascarrillos, tu entiendes que lo que estamos viviendo, no es ni más ni menos la consecuencia repetida a través de dos mil años de lo mismo que ha sido siempre la política, intriga, ansia de poder y corrupción. Todo está antes de lo que nosotros creemos.
 
PL: Decía Gabilondo que la Educación es la gran tarea de la Democracia, pero en las últimas legislaturas con estos vaivenes legislativos, deja mucho que desear…
 
"Internet se creó de algún modo para tener a la gente controlada"
AL: No conozco muy bien todo lo que ha ido sucediendo más allá de la información que sale en los periódicos, los informes pisa y lo que se por gente más joven, pero hombre lo que es un drama es que en 30 años de Democracia creo que ha habido 16 planes educativos, es decir, que la educación se ha convertido en el arma arrojadiza de un gobierno contra otro y ese plan sobre plan sólo ha generado barro. Cada vez hay una educación más deficitaria, un sistema más perverso, en el sentido de que cada vez se intenta laminar más la educación pública, se le hace perder musculo con respecto de la religiosa-privada o incluso entre colegios públicos entre sí por la cuestión de la transferencia en la autonomías. La educación se ha convertido en un arma estimulada solo para lanzarse jabalinazos de unos políticos a otros, olvidando que el beneficiario de esa educación es una generación más joven. Una generación que cuanto mas referentes le quitas menos fuerte es, es decir, poseen menos capacidad crítica, de protesta. Ahora por ejemplo, en este país con las laminaciones que ha sufrido el sector público hemos condenado a dos generaciones, les hemos precintado el futuro prácticamente. Y cuando se les empieza a quitar el precinto, parece que se les impone una situación mendicante. Jóvenes que tienen que trabajar doce horas por quinientos euros y sin posibilidad de llegar a más, y bueno nosotros hemos empezado a cobrar eso, o nada, claro que sí, pero cuando te das cuenta, son gente que tiene dos posgrados y que no tienen posibilidad de encontrar un horizonte mejor aquí. Entonces, bueno, eso tiene responsables, tiene nombre y apellido, tiene una definición que se llama desidia y un oscuro interés en que las cosas sean así. Porque no es imposible pensar que haya habido dinero para tantas cosas y que para estas no.
 
PL: Sí, sobre todo genera un clima de desolación…
 
AL: Sí, y más en este oficio nuestro que se ha convertido en un oficio puramente mendicante, cuando ha habido tanto dinero. Las empresas periodísticas han vivido de manera extraordinaria y cuando llegaron maldadas pues claro hubo que bajar como todo. Pero de ahí a que de repente veas periodistas con treinta años y sigan teniendo todavía un contrato de becario. Nadie pensaba en hacerse rico con el periodismo y menos los redactores, pero hay que aspirar a vivir con un mínimo de dignidad.
 
PL: Volviendo a la entrevista a Victoria Camps, no por nada en especial, salió otro tema que sería interesante de abordar, como es Cataluña, una Cataluña que a mi me parece oportuno abordar desde el punto de vista de la cultura…
 
"Un nacionalismo de izquierdas siempre me ha parecido una cosa ortopédica"
AL: Ya, yo es el que el tema de Cataluña lo resumo en una cosa muy básica y a lo mejor hasta pedestre, pero es que es un problema de transferencias bancarias, no hay más. Primero Artur Más no ha sido nunca independentista, también hay una cosa que dice bien Enric Gonzalez y es que hay que diferenciar entre el nacionalista y el independentista que son conceptos distintos y luego hay otra esquizofrenia muy singular y es que un nacionalismo de izquierdas siempre me ha parecido una cosa un poco ortopédica. El nacionalismo es una cosa de derechas, es una cosa territorial, feudal. Y ahora claro, ves que hay un movimiento independentista muy de izquierdas que habla de una revolución social, pero a la vez esta coqueteando con todos aquellos que se han cargado cualquier gesto de prosperidad social. No sé si lo decía Savater un día, a este tío qué le interesa más la justicia social o la independencia, porque no son compatibles.

El tema de Cataluña lo resumo en un problema de transferencias bancarias, el concepto de identidad cultural yo si lo entiendo, pero puede ser plenamente preservada en un estado de derecho plural, común y donde haya más o menos un equilibrio, una convivencia y un respeto. Entonces a mi el tema de Cataluña me parece realmente insidioso, una trampa, un fórmula absurda de tapar problemas absolutamente graves como tiene de gestión, y sobre todo me parece una pérdida de tiempo ridícula, es decir, estamos sometidos a la mantra diaria de lo que diga la Cup, de lo que diga Artur Más, y es un tema  que a la gente, incluso dentro de Cataluña, les da igual ya. La política ha de ser un espacio o una aventura que intente mejor la vida a la gente, no jodérsela. Es un problema tan decimonónico, cuando realmente hay problemas tan urgentes que resolver.
 
PL: ¿Has visto ocho apellidos catalanes?
 
AL: No, tampoco vi los vascos. Pero no por nada, me encanta el cine, quizá por pereza.
 
PL: Hace unas semanas estuvo el filósofo Zygmunt Bauman, al que seguro conoces, en España. Él, entre otras cosas, hablaba de esa identidad líquida, ¿hay una cultura, podría decirse, líquida?
 
AL: Hay una cultura gaseosa, que es peor que líquida. Hay una cultura muy de géiser, pero sobre todo hay una falta de curiosidad, principalmente. La cultura sigue estando ahí, porque los libros siguen estando ahí, la gente sigue con esa necesidad de responderse, y sobre todo de preguntarse. Lo que hay es un cierto antídoto contra la mejor cultura, se ha generado una especie de anticuerpos, con una especie de condición neoliberal de la vida, de tecnificarla, de desestabilizar las humanidades, es decir, se ha dio cercando mucho el espacio de reflexión que la cultura propone.  Yo no creo que estemos viviendo el peor momento de cultura de nuestra historia, lo que estamos viviendo es la peor catadura de políticos, que son los que al fin y al cabo tienen influencia en lo rieles por los que debe ir la cultura. Y es que sin duda estamos en la peor camada de políticos de los últimos 20 años, es decir, son frívolos, agresivos, gente muy taimada en una concepción intelectual del mundo.
 
PL: Sobre todo somos menos críticos…
 
AL: Somos críticos más de salón, tenemos un concepto crítico mas evanescente. Unos días tenemos mucha fuerza para protestar pero al día siguiente estamos en otra cosa. Es un problema de dispersión.
 
PL: Este concepto gaseoso me lleva a pensar en la posmodernidad, parece que ya no sabemos quién somos, o qué lugar ocupamos, parece que ya no somos modernos… ¿qué tiempos vivimos?
 
AL: Esas modulaciones son muy singulares, esos conceptos tiene sentido en un momento dado. Es decir, la Posmodernidad, ya llevamos como cuarenta años o cincuenta en ella. Alguien tendrá que sacar un nuevo lema y apuntarnos a él. Yo creo que lo que sí somos es bastante bastardos en el mejor concepto de bastardía y es que estamos en un presente de una confusión absoluta y esa confusión genera por un lado inestabilidad pero por otro es muy estimulante. A mi la confusión me gusta mucho, no tanto el caos, pero la confusión sí. Yo creo que este momento de ahora es tremendamente confuso, nadie tiene claro nada, y el no tenerlo claro te invita a buscar alternativas. Pero a veces tengo la sospecha de que somos, en vez de posmodernos, premodernos. La desorientación es una forma de tomar impulso hacia otra aventuras, otras actitudes cívicas, culturales.  
Paula L. Montero

Paula L. Montero

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