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Inger Christensen

"Sobrevivimos sólo porque usamos las palabras"

"Sobrevivimos sólo porque usamos las palabras". Inger Christensen, poeta, novelista y ensayista danesa nacida en 1935, es una de las autoras más importantes del siglo XX. Eso, junto con ´Alfabeto´, son sus obras maestras.
¿Qué es eso? Eso es…
 
Algunos habremos jugado de niños a ese juego con las palabras, no de forma diferente se preguntaba Inger Christensen sobre “Eso”. Eso es lo indescifrable, lo señalado e inaprehensible, el motor del lenguaje que recorre el lenguaje y no logra alcanzarlo. Parecido a un “ahí” que recorre la pregunta por la temporalidad y la espacialidad del pensamiento, pero en este caso mucho más consciente de la señalización del propio lenguaje. Cada vez que decimos algo no hacemos más que decir “eso”. Pero ¿qué quiere decir eso de la propia indicación del lenguaje poético?
 
Inger Christensen es imperdonablemente poco conocida en nuestro país. Cierto es, que a menudo las escuelas de traducción se ven mermadas en su producción y trabajo por la falta de fondos, y desde luego, la poesía ha sido de las disciplinas menos consumidas respecto del gran gigante novelístico. Por ello hay que agradecer la labor inconmensurable, no sólo a los grandes conglomerados editoriales, sino sobre todo a los pequeños que se alejan de las estrategias de rentabilidad y apuestan por el valor intrínseco a la propia obra. Así, debemos agradecer la labor de la editorial Sexto piso junto con la impecable traducción de Francisco J. Uriz, quien nos traen esta maravillosa edición, atenta a todos los detalles.
 
Christensen, sonada por ser candidata al nobel, fue una escritora que con inteligencia manejaba el lenguaje, lo cuestionaba, lo contorneaba de una manera que se interrogaba a sí mismo y devolvía el mismo acto de interrogación. Su obra, que nace con Lys (Luz, 1962) y Graes  (Hierba, 1963) pero se da a conocer en nuestro país con Det (Eso, 1969) y Alfabet (Alfabeto 1981).En ambas traducciones hay un ritmo matemático que justifica no sólo su creación literaria sino quizá también los impulsos subliminales con los que se contornea la naturaleza. Así en Alfabeto juega con la sucesión que marca la espiral de Fibonacci (0,1,1,2,3,5,8,13…), y con la cadencia propia del alfabeto (a,b,c,d...). Una mezcla entre la pulsión existencial entre el decir del lenguaje: “Los albaricoqueros existen” y el propio escribir creacional, indisociables, es decir, porque puedo decir los albaricoqueros, existen.
 
Pero es en Eso, quizá donde llega a la indicación propia de la esencia del lenguaje, ¿cómo decir eso? Christensen escribe: “Recuro a nuevos métodos para vivir a fondo una pasión/ Salgo para encontrar el árbol más próximo y describirlo/ Encuentro en todo caso un árbol   Y lo describo/ Arrojo la descripción a distancia   Voy a casa/ Me siento totalmente inmóvil en una silla y tengo un orgasmo.” Ese proceso creacional descriptivo y pasional se nota en todo el poemario, donde no hay puntos y la estructura bien pensada se torna también sentido.
 
En la extrañeza de no poder decir lo que no existe se pregunta Christensen, y atina con la posibilidad propia del lenguaje y la poesía: “Encuentro extraño que yo no pueda contarles nunca/ algo que no han visto”. Tal es la profundidad de la reflexión que viene embaucada por sus versos que llega a apuntar que sobrevivimos sólo porque usamos las palabras: “1. Claro que te llamo cuando creo que me dejas/ 2. En los pasadizos ocultos entre vida y muerte/ 3. No quiero fingir que estoy muerto. Tengo miedo/ 4. Acepto mi impotencia porque la niego/ 5. Canto. Cualquier cosa/ 6. Sobrevivimos sólo porque usamos las palabras”
 
Existe, hay y veo son los verbos que marcan la composición en muchos de los casos, la estructura, como mencionábamos, recrea prólogos, logos y epílogos, siendo así el principio y fin del mismo mundo de la palabra (el logos). Dentro del cuerpo del logos, del decir, se divide en “escenario”, “acción” y “texto” con sus correspondiente e idénticos títulos de poemas pero que en cada apartado se dicen diferentes. Así, dentro de los tres encontramos “simetrías”, “transitividades”, “continuidades”, “conexidades”, “variabilidades”, “extensiones”, “integridades” y “universalidades”. En ellas abundan las citas de William Blake y Novalis. “Así pues sigue dando vueltas la palabra que basta/ y todos son alcanzados por su silencio”
 
“Veo que estoy sentado escribiendo/ veo que se escribe Veo lo escrito/ leo y veo lo leído/ vuelvo a ver el silencio delante/ veo que se dirige hacia mi escritura/ desaparece en lo escrito que se está escribiendo/ se lee a sí mismo/ empieza a gritarse a sí mismo”
 
El lenguaje como casa del ser, la reflexión sobre la creación indisociable del ser humano y su tecné, sobre la sustancia misma sobre la que se sustenta la realidad, el acto de observación e indicación, el campo desolado del lenguaje donde la más certera de las palabras es “eso”. Inger Christensen cierra: “No es casualidad/ No es el mundo/ Es aleatorio/ Es el mundo/ Es la totalidad en una masa de diferentes gentes/ Es la totalidad en una masa diferente/ Es la totalidad/ Eso es/ Eso".
Paula L. Montero

Paula L. Montero

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