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Reseña literaria

Que concierne

El último poemario de Julieta Valero, Que concierne, apela al lector desde una postura política y poética sutil, certera, y profundamente cercana a la realidad.
Julieta Valero (Madrid, 1971) es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense y autora de los poemarios Altar de los días parados (Bartleby Editores, 2003), Lo Heridos Graves (DVD Ediciones, 2005 y Premio Poesía Joven de RNE-R3) y Autoría (DVD Ediciones, 2010, Premio de poesía de Cáceres y Premio Ausiàs March). Su obra ha sido traducida y publicada en Estados Unidos, Francia, Italia, Noruega, Marruecos, Brasil, Grecia, Alemania y Eslovaquia. Desde 2008 es coordinadora de la Fundación Centro de Poesía José Hierro. En 2015 la editorial Vaso Roto publica Que concierne su último libro, lúcido y nada inocente, donde la ironía, la creación, innovación y hondura política y poética permean al lector de una forma inquietante, para sacarle de su comodidad los últimos ápices de rebeldía.
 
Que concierne se abre con el poema “Previo al sol” y su #spanishevolution, que de una forma tremendamente sutil apunta a cierta ceguera generacional: “Quieren hablar del lugar de la vergüenza, sin duda la inmovilidad”, “Con plural de frío, vamos haciendo pan y vamos haciendo crítica: récord de paz sin enmiendas pero demasiados años de lactancia, demasiada oralidad. Hemos santificado la siesta, sí, ahora nuestros deseos se adelantan veinte décadas a la moral de quienes venían a arroparnos.”
 
En “Berlinale”, con una profunda huella celaniana que se abre a la imagen con la presencia de un joven torturado por su inteligencia y melancolía, Julieta Valero, como un troquel, va delimitando la herida del tiempo, la humanidad y de la escritura. Entre el juego de la ficción y los distintos modos de representatividad Valero escribe: “Se cierra el telón; se abre y aparecen sesenta millones de muertos y un cinturón de estupefactas naciones; barro en los zapatos. Con el extintor de la demagogia pasa veloz el becario de la poesía; evidentes pies planos.// Berlín, año cero. Una legión de mujeres harapientas desescombra de karma la ciudad. Los que aún deseen llamarse hombres que suban sin cita al podio de los idiotas o acompañen a ese anciano por el fondo marino del erial”
 
En “In vogue” cuya estructura revela las nimiedades de la sociedad en la que vivimos: 1. Las revistas femeninas (Prólogo), 2. Alta costura/ But I love Hitler y 3. El juicio. Strike a pose; Julieta se posiciona incómodamente con versos como: “Tantas veces contemplando nuestro cuerpo como una pietà ingrata: lo que sobra, lo que falta, cuanto no es”. Y apunta, sutil a la realeza, a la “señorita Nos” en su condición de vestimenta e investidura acertando que “Como siempre, la condena es cuanto te has perdido”.
 
En “Sampler”, Julieta Valero se pregunta “¿es el dinero el corazón del hombre?” ante una plaza en la que habían sido valientes y que se fue llenando de propaganda política y de animales domésticos. La comodidad pudo con la re-evolución. Valero acoge la alteridad, la pone al filo de su escritura, la delimita buscando una incomodidad, una postura política que nos saque del sillón y del propio conformismo de la lectura. Quizá su obra más política, ahonda en el dolor, en el desasosiego, en la terrible vista gorda que hacemos a nuestra realidad más actual. Desde un posicionamiento irónico, dolorido, desasosegado trata de prender fuego a la frialdad humana, dando en los pilares de su comodidad. Apunta a este ir a contrapelo anclado en la misma tradición con una pregunta retórica “¿Aceptaríamos desbiografiarnos con ese peine duro?/ Todo el encofrado de estos años preludio antes de ella, de él…”
 
En “Síndrome de Estrés Postraumático escribe: “Me propuse no llegar a esto si no había qué decir, pero francamente la ecuación es la inversa/ (sólo) ahora sé que el acto era prescindible: este orillarnos, ustedes frente a mi liquidez, mis palabras insustituibles por un azar histórico,/ yo, que me hago tanta falta./ La cuestión, creo, es qué estamos haciendo cuando la muerte interrumpe:/ por aquí sopraneábamos la vida, al fin privada, obra maestra.” Y rescato de igual manera otro poema que no de ninguna manera necesita apostillas, en “Anunciación”: “el silencio como perfección del más doloroso de los gritos/ cuando el olvido siga constituyendo al mundo como es su deber, su compost, su premura/ seguirás de pie en nuestra cocina, escuchando a las cebollas, la frente perlada de generosidad y de viajes al centro de la Tierra. La mujer que lee sus derechos a la belleza. Nuestro hijo ahí.”
 
En “Niño soñado” quizá su poema más vertical traza: “Los árboles se visten de caída, detienen/ la breve desgracia./ Para que sepan/ los copos, les leo: que nos convertimos/ en nosotros mismos cuando algo/ no es concedido o no es/ arrebatado./ Sangre qué dura/ la que se espera.”
 
Con nuevas formas y retóricas Julieta trata de persuadir y pellizcar a un lector –de poesía- demasiado acomodado en discursos y límites que conforman una capa también de impermeabilidad. Valero, que conoce bien los mecanismos y juegos de la propia poesía, y de la política, junta ambas esferas para crear y desbrozar caminos no dichos, paisajes no mirados.  
Paula L. Montero

Paula L. Montero

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