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Entrevista a Ángel Talián

"La posmodernidad ya no existe y la originalidad tampoco"

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Ángel Talián es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Miembro de la Asociación del Diente de Oro, en la que codirigió el ciclo de recitales Vitolas del Anaïs. También codirigió la revista Letra Clara de la Facultad de Letras de Granada. Entre sus publicaciones se encuentran la plaquette de poesía El último verano (Vitolas del Anaïs, 2008), With or without you (Point de Lunettes, 2010), La vida panorámica (Accésit premio Adonáis, 2013), Estar solo (Cuadernos del vigía, 2015), La paciencia salvaje (Amargord, 2016) y El so sobre la nieve (Balduque, 2016)

 

Talián es un escritor en esencia, su escritura, lejos de ser consciente de la construcción artificiosa y rimbombante de la cadencia tardo-moderna, es una forma de observar el mundo, de recogerlo bajo el tamiz de la experiencia personal. Nada más cercano al título con el que obtuvo el accésit al Adonáis, su percepción es panorámica, atmosférica, perfecto paisajista donde la conciencia y la escritura se instauran en medio de la imagen. Hay por otra parte un retiro de la conciencia, el escritor vive la vida a través de su escritura, en un plano más cadente de la realidad, quizá la pesadumbre y la conciencia y experiencia histórica desaceleran el impulso esquizofrénico del mundo. Alusivo es el título recogido de Adrianne Rich, La Paciencia Salvaje, con el que Talián compone un largo poema donde se conjuga la necesidad intrínseca a la escritura. En El sol sobre la nieve, su último poemario, Talián nos deleita con una visión sobre la distancia y a la vez cercanía con la experiencia norteamericana en un recorrido que vertebra la costa oeste de Estados Unidos desde San Francisco hasta Berkeley. En él se pueden apreciar las lecturas de los grandes norteamericanos, y la reinterpretación de Ginsberg con el que Talián compone su Maullido. Nada más alusivo que la refracción del sol como metáfora de la experiencia, también de la escritura.

 

P: ¿Podríamos hablar de la esencia del escritor? ¿hay un patrón común a la necesidad de la escritura?

R: “La esencia del escritor” es un concepto que se me hace bastante extraño. Supongo que hay muchas esencias y muchos patrones, no creo que las razones sean las mismas para alguien que creció como parte de una minoría étnica en un régimen dictatorial que para un periodista de Nueva York que se mezcla con la jet-set y sin embargo Herta Müller y Truman Capote nos han dado ambos grandes novelas. No me siento muy identificado con la idea de necesidad. No siento necesidad alguna por escribir y menos por escribir libros. Escribir es algo que me entretiene, que me ayuda a veces (a entender, a explicar), que me produce placer, pero paso largas temporadas sin escribir y no siento en ningún momento que me falte nada, que lo necesite. Escribir responde más a la voluntad de decir que a la necesidad de decir.

 

P: Para ti, ¿de dónde nace la inspiración?

R: Supongo que nace de la experiencia. Lo vivido mezclado con ese obrero de ficciones (consciente o inconsciente) que es el cerebro. Ahora pienso que quizá la inspiración sea algo que se entrene, como casi todo lo que tiene que ver con el cerebro y encontrar ese momento ‘inspirado’ sea algo a lo que uno se acostumbre a base de buscarlo.

 

P: A propósito de la reinterpretación de Aullido ¿Vivimos en tiempos donde la escritura no hace otra cosa que reinterpretar?

R: A mí me gusta esa frase de Eugenio d’Ors: “Todo lo que no es tradición, es plagio”. El concepto de originalidad me parece totalmente supeditado a tus ejes de referencia y al final siempre encuentras que lo escrito hace referencia a otra cosa anterior escrita por otro, incluso cuando no es tu intención. Me gusta imaginar, esta imagen también ya ha sido dicha por otros, la historia de la literatura como un solo gran libro que se va escribiendo, uno sólo continúa lo ya escrito. A mí me gusta no obviar eso, incluso usarlo como un recurso. Si tengo Aullido de Ginsberg y me sirve para, haciendo una reinterpretación, poner en cuestión algo del sujeto contemporáneo de una forma más efectiva que si simplemente obvio que existe ese poema, prefiero usarlo y dejarlo claro.

 

P: En El sol sobre la nieve la mayoría de los poemas vienen fechados ¿Qué función cumple en tu obra el paisaje y el tiempo, es decir la experiencia espacio-temporal?

R: Me interesa mucho la teatralidad del poema. Hablo de teatralidad dentro del poema, no de cuestiones de poner sobre el escenario un poema sino de cuáles son las dimensiones teatrales del poema y por ello me interesan conceptos como puesta en escena, personaje, representación, acción, dramaturgia, lo real, la ficción, escenografía, aplicados al poema. Al final, espacio y tiempo, son las nociones teatrales por excelencia, además de nuestro marco más fuerte en la realidad. Hacerme consciente de ellos, cuestionarlos, jugar con ellos me parece fundamental y la única forma real de cuestionar el mundo en que vivimos.

 

P: ¿Hay espacio para la originalidad en la Posmodernidad? ¿qué es la Posmodernidad vista desde la escritura?

R: Creo que de esto ya he hablado algo en una pregunta anterior con la cita de Eugenio d’Ors. No soy muy experto, no te sé dar una definición de Posmodernidad exacta ni siquiera sé si ahora mismo tiene sentido hablar de Posmodernidad o si se puede meter algún texto actual dentro del paraguas de la Posmodernidad. ¿Es escribir poemas escritos con versos de otros poemas de otras personas, es colocar enlaces de páginas webs en el libro, es reinterpretar todo el rato a todo el mundo incluso a uno mismo, es la Generación Nocilla, son los libros de Aristas Martínez? A mí me da la sensación que eso puede dar una primera impresión de originalidad pero estudiado a fondo uno se da cuenta que no es más que parte de la tradición. Creo que la Posmodernidad ya no existe y que la originalidad tampoco. Y todo esto, que algo realmente sea o no sea original, no tiene nada que ver con que sea o no sea bueno.

 

P: Podríamos decir que Adrianne Rich, Szymborska, Miguel D’Ors, Beckett, Manrique, etc. componen la estantería de tus grandes referencias ¿de qué forma hablan ellos a través de tu escritura, especialmente en La paciencia salvaje?

R: Son algunos de los que componen mi estantería, sí. Como ves soy muy ecléctico y realmente creo que las grandes referencias de cada uno tienen dos peculiaridades. La primera es que cambian según tu momento vital, así, mis referencias cuando escribía La vida, panorámica son otras a las que manejaba cuando escribía La paciencia salvaje. La segunda es que mis referencias lo son no por su forma de escribir, o no sólo, y que sean mis referencias no quiere decir que yo encuentre un lugar en que reflejar mi escritura, quizás más un lugar en el que reflejarme a mí mismo.

 

En La paciencia salvaje decido entrar en diálogo directo con ellos, en vez de usarlos como es común entre los poetas como detonantes o acompañantes de un poema, los hago aparecer en el poema, no como personajes, simplemente como lo que son y sus versos me ayudan a decir lo que digo. Igual que para un poeta forma parte de su paisaje el tronco retorcido de un olivo, para mí forma parte de mi paisaje un poema que otro ha escrito en el que aparece el tronco retorcido de un olivo.

 

P: A propósito de este poemario, La paciencia salvaje es un largo poema escrito casi como corriente de conciencia pero sin embargo contiene un ritmo que parece muy medido ¿de dónde sale ese impulso y cadencia rítmica?

R: Es un ritmo interior, como suenan las palabras al encadenarse en mi cerebro. Supongo que es un compendio de voces de otros que he ido acumulando a lo largo de los años, todos tenemos una musicalidad interior. En La vida, panorámica medía los versos, escribía en endecasílabos y heptasílabos. En La paciencia salvaje aposté por un fluir de las palabras sin medirlas, pero imagino que haber pasado mucho tiempo midiendo versos y contando sílabas también construye ese fluir más espontáneo con el que escribo ahora.

 

P: ¿Es necesario hoy en día ser pacientemente salvaje?

R: No es necesario. Es probablemente una opción vital, o una posición vital, es un estado por el que quizá pasamos todos en algún momento de nuestra vida, es algo que refiere de forma connotada a una verdad del yo, no lo tengo claro. Para mí la espera es un tema importante, me doy cuenta de que caigo en él constantemente, que me tira hacia ciertos autores que también la tratan, como Beckett. Hay algo brutal en la espera, algo salvaje en parar y dejar que todo lo que hay alrededor continúe mientras tú esperas, es casi contranatural.

 

P: Sobre tu libro Estar solo ¿qué dicen los cuentos que no pueda la poesía y viceversa?

R: La verdad es que en el mundo del cuento me siento muy ignorante, no manejo bien el código ni los recursos así que mis cuentos no son muy cuentos, no son muy canónicos. Procuro cuando escribo cuentos utilizar mis fracasos como recursos literarios. La sensación que tengo es que las lógicas del cuento y del poema son muy distintas. En mi caso, siento que en el cuento puedo meter capas de una forma muy distinta a como lo hago en el poema.

 

P: A propósito de las preguntas esencialista sobre la poesía en las que todos alguna vez hemos caído ¿en qué se diferencia la poesía de la escritura? ¿tiene sentido hacerse esta pregunta?

R: No sé si tiene mucho sentido. Personalmente me interesa más la diferencia entre decir y escribir, ahí si me parece que hay una grieta. Entre poesía y escritura no la encuentro.

 

P: George Steiner hace poco brindaba una entrevista a un medio nacional en la que hablaba de su optimismo acerca de la poesía y de su satisfacción al ver que en cierta medida la gente volvía al formato impreso y renunciaba al electrónico ¿a los que nos gusta el formato impreso pecamos de romanticismo?

R: No creo que pequemos de optimismo, probablemente pequemos de realismo. No sé si en el futuro lo conseguirá pero ahora mismo el libro electrónico está muy lejos del libro impreso como objeto (intelectual, emocional, social, sensorial…). Entiendo el libro electrónico como un recurso de comodidad, pero poco más ahora mismo. No creo que el libro electrónico sea el problema del libro impreso.

 

P: Siguiendo con la respuesta que daba Steiner “Hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio, solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial”, me parece oportuno preguntarte a cerca de ese silencio y de esa búsqueda ¿la escritura ayuda a encontrarse, a calmar el vociferio y la habladuría del mundo?

R: La escritura ayuda a encontrarse aunque su mecanismo, a veces, sea perderte todavía más. Se puede hacer una lectura del tiempo (o del contra-tiempo) y del silencio como algo revolucionario, sí. Aunque no creo que escribir y encontrarse sea estrictamente proporcional a calmar la habladuría del mundo. La habladuría y la incomunicación que esta produce siempre ha sido, ya hablaba de ella San Juan. Escribir quizá tenga que ver más con intentar ordenar ese caos sabiendo que es imposible.

 

P: Hablemos por un momento de orden, de tradición ¿en qué momento (poético) estamos respecto a ello?, ¿tiene orden la poesía?

R: Creo que sí hay cierto orden aunque probablemente no tengamos la distancia necesaria para ver dónde estamos ahora. Me da la sensación que la poesía de una época se construye en respuesta a la de el panorama poético anterior (ya sea para confirmarlo como para contradecirlo). Pero siento que ahora el orden se desordena con el cambio de paradigma. El acceso a internet cambia la forma de encontrarnos con el otro, esto también es un cambio en nuestra forma de leer y en qué leemos y las respuestas de los poetas actuales puede que reaccionen a esto alterando el orden. Esto es sólo una intuición, probablemente un crítico sabría hablar de esto con mejores palabras.

 

P: ¿Cómo ves el panorama poético actual?

R: Lo veo como siempre, en crisis, que es el lugar en el que debe estar el arte, creo. Pese a la certeza de que no habrá rédito económico y en muchos casos tampoco habrá rédito para el alma (el honor, la vanidad, el reconocimiento de profanos y de sabios) se sigue escribiendo poesía y en muchos casos muy buena poesía. 

 

P: ¿A qué poeta de la generación joven hay que leer? ¿la poesía tiene, o debe tener, generaciones?

R: Pese a haber leído sobre ello no sé cómo se construye una generación. Desde luego creo que la mía no podía ser más ecléctica. Supongo que con el paso del tiempo encontraremos puntos en común pero no me preocupa mucho este tema. Probablemente todo depende de algún antólogo que siente cátedra e invente una generación. A mí me gustan los libros más que los escritores y algunos poetas que han escrito buenos libros y que rondan mi edad son: Martha Asunción Alonso, Minke Wang, Erika Martínez, Lola Nieto, Unai Velasco, Berta García Faet, Javier Vicedo, Javier Hernando Herráez, Sara Torres, Ana Gorría, Sandra Santana, Guillermo Morales Sillas, Rodrigo Olay, Abraham Gragera. Vanesa Pérez-Sauquillo. Como ves hay en esta lista opuestos poéticos que sin embargo me parece que han escrito libros que defendería a capa y espada.

 

P: Para terminar, ¿qué no es poesía?

R: Nada. Todo es poesía. Es igual que la pregunta del arte. ¿Qué no es arte? Pues nada. ¿Qué no es política? Nada. Otra cosa es que sea buena o mala poesía. O reconocida como tal por el otro o no. O descubierta como poesía o escondida por los siglos.

Paula López Montero

Paula López Montero

Paula López Montero, Madrid, 1993. Crítica cultural, ensayista y escritora. Colabora en la crítica cinematográfica de la revista Cine Divergente, y ha apoyado proyectos emergentes como la red cultural Dafy, y promovido y organizado eventos poético-musicales en la capital. Es editora del suplemento de poesía Verso Blanco, de Ritmos 21.

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