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Reflexiones de José Zarantón

Porque el arte sí debe ser moral

La necesidad de una moral en el arte se ha convertido en nuestro tiempo en una de las necesidades más apremiantes para volver ha humanizar, que es la causa de su nacimiento y de su supervivencia
"El Temerario" remolcado a dique seco, de Turner (National Gallery de Londres)

"El Temerario" remolcado a dique seco, de Turner (National Gallery de Londres)

"El Temerario" remolcado a dique seco, de Turner (National Gallery de Londres)
¿Qué es la Moral? Según la RAE; Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. Vamos a quedarnos con esta definición aunque no me parece la mejor ni la más acertada.
 
Como es lógico, el hombre transmite una imagen de sí mismo en cada una de las cosas que hace, dice, no hace o no dice. Una imagen que será aprehendida por algunos, contemplada por otros e ignorada por la mayoría, lo que nos convierte en seres responsables de nuestras acciones no solo por lo benéficas o destructivas que resulten para nosotros mismos, sino por lo benéficas o destructivas que resulten para el resto. Eso es vivir en sociedad, entre otras cosas y por eso es tan importante aquello de que “no solo hay que ser bueno, sino también parecerlo”.
 
Y si además eres una persona “pública”, como puede ser una artista cuyas obras están expuestas al público, la responsabilidad se multiplica por dos. Un pintor, por ejemplo, no solo puede contar con “su” visión de la obra, sino que además es responsable de lo ésta dé a entender. Lo que el público entienda o deje de entender es otro cantar en el que entran muchas notas, y no todas son responsabilidad del autor.
 
El arte, como todo lo que sale de las manos del hombre, puede ser reconstituyente o exaltador de la propia bondad inerte al ser humano, o por el contrario puede extasiar la parte más ruin. Las dos caras de la misma moneda, con la diferencia de que en este caso, la cara que al final resulte no depende del azar sino de la intención.
 
Saber cuál es la intención del artista es una de las tareas más complicadas de los historiadores del arte, que se escrutan las neuronas para atisbar qué es lo que quería transmitirnos tal escultor de hace tres siglos. Una tarea ciertamente difícil en la que se han colado muchos cuentistas y fantasiosos que nos han intentado vender la liebre.
 
Si tú, ser humano en todo tu esplendor, no estas de acuerdo con que se lleve paraguas por la calle cuando está jarreando, lo coherente sería que si los usuarios cabreados de paraguas deciden manifestarse, tú no acudieras a esa manifestación. ¿No?, ¿no sería un poco extraño verte allí? Es decir que no solo importa lo que digas en contra del uso del paraguas en la vía pública, sino que además es de vital importancia que todo tú seas coherente, que haya cohesión entre lo que digas, lo que hagas y en dónde lo digas y hagas.
 
Pues en el arte pasa algo parecido, no solo importa lo que pintes o esculpas o compongas o escribas, también es importante cómo lo hagas y con la intención con la que lo hagas. De no ser así, el arte en general, y el pictórico en particular, caería en mera técnica, en reglas de acuarela, sombreado o dibujo. Nada más, ya que si un lienzo está carente de intención - buena o mala - no es más que un tapiz estirado y pintado, muy bien pintado, desde luego, pero nada más.
 
Por lo que sí es real que en el arte se dé la dicotomía de un arte “bueno” y un arte “malo”. División en la que no entran en juego el espectador, sino que que se reduce a artista y arte; pintor y lienzo; escultor y escultura. 
 
Entonces, ¿todo lo representado por un artista debe ser moralmente bueno? Debería, ciertamente, pero no creo estar en posición de suscribir tal afirmación, por lo que propondría otra: Todo lo reprensentado debe estar moralmente bien representado. Es decir; se puede pintar horrores, esculpir tragedias y actos condenables, pero desde un prisma que no sea morboso (que viene de la palabra latina: morbus, que significa enfermedad). El morbo es el peor enemigo del arte ya que excita resortes interiores que no debería despertar al plantarse delante de una obra. Un prisma de denuncia quizás sería acertado, aunque no todo tiene que ser una denuncia social, puede ser simplemente mostrar la decadencia a la que se puede llegar, o incluso transmitir esperanza al pintar una desgraciada escena.
 
Los artistas, aunque sean universales como Miguel Ángel, son hijos de su tiempo y por lo tanto tienen una responsabilidad con él, al igual que todos las demás personas. Por eso me parece absurdo que en un tiempo tan machacado como el nuestro, en el que la Mujer - y así respondo a MAF - ha caído en unas redes horribles, al igual que el Hombre, se pinten o esculpan a mujeres u hombres destrozados, esclavos del mal, de lo moralmente malo.
 
El mal es la ausencia de bien. Una ausencia es sinónimo de un vació. Una de las características definitorias del vacío es que no hay nada, y de donde no hay nada, nada se puede sacar. Por lo tanto, ¿qué conseguimos, en qué beneficia al arte obras como las de Schiellers o  Klimnt que puse en mi anterior artículo? Sinceramente, creo que en nada, porque ni para denuncia social sirven, ya que la intención de sus autores no era precisamente esa denuncia social.

José Zarantón, historiador del Arte

José Zarantón, historiador del Arte

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