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Valor ecónomico de la traducción editorial

La traducción editorial, bajo mínimos

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Los ingresos medios del sector de la traducción rondan los 5.000 euros brutos anuales, lo que hace que los traductores no puedan vivir únicamente de ello.

Detrás de un libro en español, en la mayoría de los casos, hay una traducción. Más aún cuando la lengua de Cervantes es la segunda más hablada del mundo. Sin embargo, esa figura oculta que es el traductor editorial, no vive su mejor momento. Un primer Informe sobre el valor económico de la traducción editorial lo sitúan como una profesión en la que el exceso de oferta y la poca demanda hacen que más de siete de cada diez traductores editoriales no puedan vivir exclusivamente de esta labor.

 

Un sector que cuenta con 3.167 profesionales, y tan solo 10 grupos editoriales que copan el 70% de la industria. Esto lleva a la precariedad de un gremio valorado por la sociedad y hasta bien reconocido legalmente. La Ley de Propiedad Intelectual reconoce a los traductores editoriales de una obra, como autores de la misma, otorgándoles la condición de autor de la misma y su consiguiente beneficio por derechos de autor. Sin embargo, cerca de la mitad de los traductores no han percibido ingreso alguno por la traducción de las obras en 2014 y solo un 10% ha percibido el total que le pertenece. Tampoco son informados de las ventas que se hacen de las obras traducidas, siendo además, la mayoría de los contratos de traducción para más de una edición del libro en cuestión.

También es alarmante que un tercio de los encuestados en el informe no tengan contrato, contribuyendo a la economía sumergida. Tampoco existe una tarifa determinada ni unos criterios para establecer precios dentro del sector, lo que hace que no se pueda verificar la retribución recibida por los traductores.

 

La traducción prácticamente de un libro anual por profesional, hace que los ingresos de un ejercicio ronden los 5.000 euros, con la consecuente pérdida de 7,5 puntos de capacidad adquisitiva entre 1997 y 2010. Esto, según el propio informe, puede favorecer la salida del sector de buenos profesionales poniendo en peligro la profesión. Algo que, en cierto modo, está dejando ver sus primeros síntomas cuando estos están compaginando su labor con la docencia no universitaria, el periodismo o la creación literaria.

 

Quizás el problema radique en que leemos principalmente en castellano, aunque sean Estados Unidos e Inglaterra los mayores exportadores de libros a nivel mundial, casi cuatriplicando la exportación española. Esto hace que la mayoría de los libros traducidos sean de literatura infantil y juvenil. Un sector que vive de las grandes editoriales, los best sellers y las sagas de adolescentes. Un gremio que adolece de reconocimiento cuando una traducción de un libro, sería lo más parecido a recrear una obra ya escrita. La traducción editorial sigue aguantando, aunque precariamente, en un contexto dominado por las grandes editoriales.

Marina Prats

Marina Prats

Marina Prats es periodista y experta en comunicación cultural.

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