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"El poeta se da a los otros"

Antonio Machado, precursor de la poesía social

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Tanto Antonio Machado como los poetas posteriores a la guerra civil, en su mayoría vascos, subrayan el hecho de que el poeta no puede ser un solitario: su yo ha devenido en un nosotros.

Antonio Machado, sobre todo desde que se relacionó con Unamuno y Ortega, deja el “simbolismo” y la interioridad poética para escribir poesía mucho más social”, según escribe el periodista y escritor José Manuel Alonso, en un documentado trabajo que sirvió de soporte para reciente intervención en el Foro de la Lengua y Cultura Francesa de Castilla y León. La charla se anunció como: Hoy será mañana y ayer es todavía. El tema está relacionado con el tiempo creativo y su influencia, deducido de la poesía machadiana y el periodismo, las relaciones que hay entre la “poesía social” y “la información diaria”, el “tú” y no el “yo”, el “nosotros” o “vosotros”, partiendo de tres versos del poeta.

 

De acuerdo con el análisis de José Manuel Alonso, el poeta lo hace a sabiendas incluso de que perdía su personalismo, su “simbolismo” del que era maestro (símbolos con vida propia como la fuente, el agua, el río, el secreto, el camino y el sendero, el espejo, etc), creando después dos apócrifos o complementarios o seudónimos sorprendentes, con los que utilizaba los periódicos y las revistas con numerosos artículos: Abel Martín y Juan de Mairena. Hubo otros, hasta 12.

 

Para ello, recuerda el autor que “el poeta se da a los otros, renunciando a muchas cosas que creía personalmente importantes, y al darse, no se reduce, crece perdiéndose”.


Por eso, demuestra –y eso es lo que impresiona a poetas posteriores como Blas de Otero (1916-1979) y Gabriel Celaya– que la poesía puede transformarse en un ejercicio de socialización, en un exorcismo de la cadena cultural del yo individual hacia los “otros”, el pueblo: “Y como quien conjura fantasmas yo pronuncio/ palabras en que dejo de ser quien soy por ellos”.

 

La cesión de la identidad personal, junto con el intercambio del nombre de autor, busca asociar al poeta con un portavoz colectivo, que canaliza en su discurso las realidades y preocupaciones de su entorno social y lo hace siempre con la verdad por delante.


Recuerda en este sentido José Manuel Alonso como escribía acertadamente la chilena Concha Zardoya (1914-2004): “El poeta ha de ser tenaz defensor de la verdad por encima de toda clase de intereses. Se nos dirá que la verdad anda muy a menudo por los suelos. Es cierto. Pero el poeta ha de alzarla y revelarla con espíritu y corazón limpios. Ha de ser el reloj despertador de conciencias, honradamente sonando en la hora justa: aunque sea la de su muerte o tras-muerte. Por ello se ha repetido muchas veces que del grado de honradez de los intelectuales de un país dependen la salud y el progreso cultural y moral de sus habitantes...

 

Tanto Antonio Machado como los poetas posteriores a la guerra civil, en su mayoría vascos, subrayan el hecho de que el poeta no puede ser un solitario: su yo ha devenido en un nosotros. No es sólo testigo del medio social en que vive, sino que su propio corazón late con el de todos. La otredad -los otros- le conforma tanto como su propia individualidad. Su poesía, así, es una experiencia, además de personal, colectiva.

 

Por su indudable interés, traemos a las páginas de Ritmos 21 el texto íntegro de este trabajo del escritos y periodista vallisoletano, que el lector puede consultar en el adjunto archivo en formato PDF.

Redacción

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