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Selección de poemas

Algunos versos de Carmen Matute

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Selección de poemas de la poeta Carmen Matute.

Carmen Matute nació en 1944 en Guatemala, país en el que ha residido desde siempre. Estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad de San Carlos de Guatemala y desempeña labores de escritora, habiéndose lanzado a esta tarea siendo aún muy joven. Actualmente goza de un especial reconocimiento no sólo en su país sino en otros territorios.


Entre sus obras poéticas pueden destacarse Vida Insobornable, En el filo del gozo, Abalorios y Espejismos y Ecos de casa vacía; las mismas han sido traducidas a decenas de idiomas, conquistando a lectores dispersos a lo largo de todo el mundo. De su narrativa mencionaremos su obra más reconocida, El Cristo del Secuestro.

 

Amado

 

Fui agarrándome de ti,
de tus ojos,
campanarios llenos de palomas,
y tu pecho
encendido como un lucero sólo.

 

Caminé desesperada
en los senderos
trazados por tus venas
y me así
a tus riñones
y testículos,
a tus orejas
y tu lengua.

 

Golosa
bebí con gratitud
láudano en tu boca
y me detuve
por siglos en tu sexo:
lo exploré
con soles diminutos
nacidos en las puntas de mis dedos
y cárdenos frutos mancillados.

 

Copié tu mirada,
doblé tu risa,
y lúbrica mordí
tu agonía con los dientes.

 

Autorretrato

 

Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.

 

Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada.

 

Propuesta del higo

 

Te propongo
la dulzura del higo,
su carne sonrosada,
replegada y húmeda
como un animal marino.

 

Goza el misterio de este fruto,
su textura de molusco,
su íntimo tamaño.
Tersa,
su pulpa
apremiará el deseo
de tu lengua.

 

Te propongo
las delicias del higo.
Muerde su violado,
desamparado centro,
prueba de nuevo -empecinado-
su carne
que guarda mieles y diluvios.

 

Las delicias y dulzura del higo
-pequeño y desbordado-
tan sólo te propongo.
Que tu boca profunda
se demore
en el dulzor secreto,
que asalte con lentitud
su carne desvelada.

 

Deja que a tu paladar
traiga la memoria
de sabores primitivos.

 

Ecos de casa vacía (VIII)

 

Tengo miedo.
Qué difícil contarte esta verdad,
porque tú no sabes nada
sobre su vestimenta leve,
que se va deslizando
por los huesos
y se prende
como una enredadera amarga
en lo más hondo
de las raíces de la vida.
Qué importa.
Todo es tan inútil.
Uno está atrapado,
encogido como un feto,
sin luchar,
porque el miedo bestial
te ahoga, te aprisiona.
No hay sueños, ni recuerdos.
Sólo el agua glauca,
maligna,
que sumerge el cuerpo tembloroso
dentro del miedo.