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Fernando Alonso Barahona

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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El año Azorín

TAGS AzorínLiteratura
En 2017 se cumplen 50 años de la muerte de Azorín (1873-1967).

Se ha acabado el tiempo de Azorín, ese tiempo tan largo -tan corto hoy-, que consumió en pensar sobre él, en asistir afanosamente a su curso, tratando de convertirlo, con la magia de la palabra, en remanso. Se ha doblado la última página de su libro, y ahora tenemos que darle la vuelta, con un esfuerzo doloroso, para releerlo, para revivirlo. Qué triste, hablar de Azorín en pretérito, como si fuera uno de sus personajes, de los que creó o los que resucitó salvándolos de la erudición y el olvido.

Julián Marías

 

La Fundación Caja Mediterráneo ha arrancado la conmemoración de este año 2017 como Año Azorín con una exposición en la ciudad natal del escritor de la Generación del 98, Monóvar, acerca de la gran relación literaria, artística y moral que el gran escritor mantuvo con El Quijote. Un hecho que entronca a Azorín con otros contemporáneos suyos como Ramiro de Maeztu (Don Quijote, Don Juan y la Celestina), Miguel de Unamuno (Vida de don Quijote y Sancho) y Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote).

 

La pluma de Azorín es la cámara, el ojo en perspectiva que va mostrando escorzos de  la vida humana

La muestra ha sido instalada en la Casa Museo Azorín, lugar donde vivió el escritor y  permanecerá abierta hasta el próximo 27 de marzo.

 

Es una buena oportunidad para recordar o descubrir a un gran escritor que gozó de buena fama y repercusión durante buena parte del siglo XX pero que desde hace años se encuentra sumido en un cierto olvido en parte propiciado por razones ideológicas al no ser el autor uno de los iconos del pensamiento llamado “progresista”.

 

Julián Marías le admiraba, como lo hicieron Baroja, Ortega o Gregorio Marañón (que gestionó personalmente en el inicio de los años 50 la tramitación de una ayuda del Ministerio al escritor que pasaba entonces por una delicada situación económica). Azorín se estudiaba en todos los programas de enseñanza ya que su castellano es puro, cristalino, brillante. Aunque Francisco Umbral en su discutible, apasionante y abigarrado ensayo sobre sus compañeros escritores le denostara con bastante injusticia  llamándole al final un autor “de escritura cobarde”, la verdad es que la calidad de página de Azorín y sus bellas reflexiones sobre unos detalles –personas, historia, literatura, lugares– continúan vigentes y cautivan al lector desprejuiciado.

 

José Martínez Ruíz firmó con el seudónimo de Azorín desde 1904. Había nacido  el 8 de junio de 1873 en el pueblo de Monóvar, Alicante, siendo el primogénito de nueve hermanos. Su padre era abogado y un político conservador que llegó a ser alcalde de su pueblo; su madre era una terrateniente local. En 1896 viaja a Madrid con una recomendación de un periodista consagrado, Luis Bonafoux, que le permite incorporarse como colaborador fijo del diario El País. Tras un año de artículos decide después colaborar con distintos medios de prensa de ideología republicana.



Azorín se muestra como un escritor culto con ideas próximas a un anarquismo del que luego renegaría por completo. En estos años de vida bohemia conoce a Ramiro de Maeztu y a Pío Baroja con los que constituye el autodenominado Grupo de los Tres, nombre con el que publican conjuntamente un artículo en la revista Juventud. Es el inicio de la que sería conocida como Generación del 98.

 

Comienzan sus obras. Así en 1902 publica una trilogía de novelas de carácter autobiográfico: La voluntad, Antonio Azorín Las confesiones de un pequeño filósofo. Con los años llega el tiempo de su cambio de rumbo. En 1907 es diputado del Partido Conservador llegando a ocupar el cargo de Subsecretario en el Ministerio de Instrucción Pública. En 1908 se casa con Julia Guinda Urzanqui, con la que no tendrá hijos. Durante esta etapa de activismo político comienza a escribir narraciones sobre sus viajes por España, que publica en ABC y luego reunirá en títulos como Castilla (1912). Comienza a colaborar con líderes conservadores de la talla de Antonio Maura y Juan de la Cierva. Su visión de Castilla es a la vez literaria y moral, geográfica y espiritual, sin duda una de sus obras mayores. El eterno retorno es sin duda la columna vertebral de Castilla. En estas páginas el autor señala las cosas que permanecen inalterables, aquellas cuya esencia el tiempo no puede alterar. 

 

La guerra civil contempla a un Azorín ya sexagenario pero con su talento y estilo intactos. Apoyará –aún con matices- como tantos otros intelectuales (de Ortega a Unamuno, de Baroja a Maeztu, Dalí, Marañón, Neville o Concha Espina) con el bando nacional aunque nunca volverá a participar en la política activa, España continúa siendo su preocupación y publica profundas reflexiones que plasma en títulos como Pensando en España (1940) y Sintiendo España (1942).

 

Azorín conoce entonces y trata a Julian Marías que le considera uno de sus maestros. Ya en su senectud Azorín descubre el mundo y la magia del cine y ve películas en las que resulta fascinado por esa nueva forma de arte que en su juventud había ignorado. Doña Inés, una de las mejores novelas de un escritor que no centro su actividad en la narrativa, se convierte –como supo ver Marías– en un espléndido y original relato que casi tiene la forma de guión cinematográfico. La pluma de Azorín es la cámara, el ojo en perspectiva que va mostrando escorzos de vida humana.

 

Azorín describe, como acostumbra siempre, minuciosamente, con un ritmo de observación casi visual. De esta enumeración de los detalles, de la descrip­ción de lo que a simple vista parece secun­dario, va surgiendo el ambiente; una auténtica sensa­ción de tiempo y de espacio. La novela se publicó en 1925, cuando Azorín aun no veía películas, sin embargo su descripción visual de escenas de esta Doña Inés es lo que hizo a Marías considerarla un ejemplo de narración casi fílmica.

  

En sus últimos años el escritor no cesa de escribir y publicar artículos que luego se recopilan como libros. Se centra en su visión nostálgica de España, en sus recuerdos del pasado, en las huellas críticas de su compañeros de Generación. Azorín muere en marzo de 1967 a los 93 años. El cincuentenario de su muerte debe devolver a su prosa sencilla y a la vez compleja el esplendor del auténtico escritor.

 

Castilla, España, el tiempo, la belleza de las palabras serenas que penetran en el fondo del concepto. Siempre el retorno de Azorín.

 

No puede ver el mar la solitaria y melancólica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terreros, desde donde se divisa un caminito que va en zigzag hasta un riachuelo.

Castilla

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