• EL PROYECTO
  • NEWSLETTER
  • BUSCAR
    BUSCAR

Renato Salas Peña

Los ojos de Tiresias

Renato Salas Peña (Lima 1971). Se dedica a la Docencia universitaria. Ha publicado los poemarios: Desde El Colchón, Lima-Vitarte y Corsé.

Fundó el grupo cultural Cultivo-Arte.

cerrar

Amanecida violenta con Pancorvo

TAGS PoesíaPoemasPoetas
Con José dejamos de vernos casi al mismo tiempo en el que él decidió abandonar la vida pública poética y yo decidí nunca más salir de casa.

En una violenta amanecida de inmoral día martes para miércoles, corríamos enfebrecidos por la avenida Alfonso Ugarte gritando al amanecer versos de Li Po que traía en mi bolsillo trasero, y que acababa de copiar de una biblioteca deshojada. Nos acabábamos de conocer y él lleno de generosidad y paciencia había escuchado el bosquejo de mi Ciudad de Palomino, poemario que me exigía retomar cada vez que nos encontrábamos entre el espacio y el tiempo.

 

Así conocí a José Pancorvo, una noche ebria y mística, cuando aún Cultivo, mi viejo grupo de amigos éramos jóvenes y soñábamos con tribus desnudas, y nos trepábamos a esa Lima, a su Plaza de Armas y tambaleábamos machazos por calles que todavía nadie conocía y que íbamos inventando a cada paso, a cada chamanico verso escupido en ofrenda a la vida.

 

José este año llegaría a los 65 años y en los casi 30 que nos conocimos lo único que supo brindarnos fue eternidad, esa que amoldaba en su carácter para de cierta forma controlar a los caballos desbocados que solíamos ser y lo matizaba con versos que desconocíamos aun e historias y conceptos que nos ofrendaba para salvarnos de nuestra ignorancia adolescente.

 

Y así era José, un profeta que habitaba bajo el cielo barranquino, urbano, marítimo, aéreo, subterráneo; visitante de nuestro parque de El Colchón en donde alguna vez jugamos un partido de fulbito al amanecer sin entender las reglas del juego, llenos de esa libertad que solo se atreven a tener algunos pocos, y hacía de esa vida cotidiana un apocalipsis, una aventura.

 

José publicó en los últimos años más de 10 libros (disculpen si equivoco el dato), de los cuales, envuelto en esa generosidad casi celestial que lo marcaba, nos encontrábamos para obsequiármelos con dedicatorias, que al revisarlas hoy, mientras escribo este texto, de verdad no me merecía. Estados Unidos celestiales, Profeta  del cielo, Amanecidas violentas de mundos, Los extasis del Incarrey, Perfect Windows, no importa el orden, ahora que los retomo y reviso entreversos, nuevamente me subliman, me acercan a mi historia: Parque voy que mi boca sibiline/y ver lentos de sol carrocerías /lo avise luminoso le morías/o encendedor es águila adivine.

 

Tuvo la disposición siempre de acompañarnos desde el comienzo. Presentador de Desde el Colchón, antología de los Cultivo (como él solía llamarnos); asimismo, panelista en la presentación del libro Alucinada Cordelia del Rudy Pacheco, y además me obsequio unas palabras en mi poemario Corsé, que vuelvo a repetir no me merecía.

 

Con José dejamos de vernos casi al mismo tiempo en el que él decidió abandonar la vida pública poética y yo decidí nunca más salir de casa (este año decidí flexibilizar la medida) y si bien, de cuando en vez volvía a mí su aquilea figura, y aún el aroma de esnifear su rapé se cuela en el recuerdo, y su voz en estéreo resuena en la sala de mi casa, y releo aun las páginas imaginarias de ese estudio que me prometió haría de  Manuel Beingolea, sé que también tengo una deuda contigo, José, ese poemario que tanto me exigías, esa Ciudad de Palomino, que aún sigue en los mapas, en donde asaltaremos todos los bares y escribiremos un poema violento lleno de ternura.

Comentarios