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Películas de Howard Hawks y Brian De Palma

Las dos caras de 'Scarface'

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Las películas de Howard Hawks y Brian De Palma se sitúan como dos caminos dentro de una misma historia: la de Scarface. Sin embargo, tanto la narración como la trama son totalmente diferentes.

La historia de Camonte o Montana, el nombre de Scarface te deja dos itinerarios a elegir. Dos películas diferentes, bajo un mismo título y un aparente mismo protagonista. Sin embargo, la primera es un claro ejemplo de cine negro de gánsteres americanos, mientras que la segunda se sitúa dentro de las películas de acción y thriller contemporáneas.


La primera de estas películas fue la de 1932, dirigida por Howard Hawks, ambientada en la época de la Ley Seca: Scarface, El terror del hampa. El filme narra la historia de Tony Camonte un matón a sueldo de origen italiano, arrogante e ignorante, lugarteniente de Johnny Lovo, uno de los caciques del South End de Chicago. Con su cicatriz en el rostro (de ahí el nombre de Scarface) y la ayuda su amigo Guino Rinaldo va derribando a los enemigos de Lovo hasta hacerlo también con él haciéndose con el dominio de la ciudad. Tras una relación turbia con su hermana, asesina a Rinaldo, por quién le buscará la policía. Un argumento básico en cualquier película negra que no habría pasado a la historia si no fuese por ciertos rasgos característicos.

Fotograma de Scarface: el terror del Hampa

A pesar de la delictividad de la película, la aplicación del código Hays, que ensalzaba las fuerzas del orden, el ajusticiamiento del propio Camonte o el título original en inglés The shame of a nation, sirven para paliar los valores amorales de los espectadores. Teniendo en cuenta la sencillez de la estructura narrativa propia del modelo clásico de la época, Hawks se ayuda de los movimientos de cámara para transmitir diversas ideas, como la acción, la violencia y los puntos de vista de los protagonistas. Esto se debe también a la importancia de estos protagonistas en este tipo de películas, de los que conocemos prácticamente toda su rutina y su vida, especialmente de Lovo, Camonte y Rinaldo.


Una película cuya narración sigue la estructura causa-efecto aunque la relación sea inversa. Estilísticamente, sigue los cánones de la época: una fuerte presencia de la voz en off, encadenados y demás efectos hacen que la narración se comprenda más fácilmente y también sea más lineal. A pesar de que los protagonistas se muestran más humanos y no tan violentos dentro de la figura del gánster, a Camonte no se le presenta como una persona profunda y reflexiva. Lo que se nos deja entrever en sus reuniones y vida diaria es que se trata de una persona más efímera y arquetípica

Paul Muni interpretando a Camonte en la película de Howard Hawks y Ann Dvorak interpretando a Cesca.

El revés de Brian De Palma

Como nos ha planteado en otras producciones, De Palma opta por las acciones fragmentadas, paralelas mediante pantallas partidas, algo que no explota en Scarface, pero que le sirve para mantener la misma estructura narrativa. Algo que Hawks utilizaba con la gran innovación de la época: el plano abierto, el fuera de campo que plantea las historias quedan inacabadas, como invitando a la intervención del espectador a actuar.


La narración se lleva a cabo mediante escenas más cortas que las del largometraje de Hawks, con más acción y más espectaculares. Buscando un impacto, en lugar de una reflexión en el espectador. Además, tanto la trama como los personajes tienen un carácter épico, característico de otras sagas como en El Padrino, donde las acciones se llevan a cabo por una honrada razón, una vuelta a los orígenes que encarna una legitimación. Lo que en el el modelo moderno de representación cinematográfica podría ser el papel del héroe moderno, que rompe con el estereotipo de cine negro clásico y la culpabilización del sujeto malhechor.

Al Pacino en el papel de Tony Montana en Scarface: el precio del poder.



Un cine de atracción, de espectacularización característico de De Palma, y muy presente en el cine moderno, algo que no ocurría en el modelo clásico. Además, dota de importancia y protagonismo a los personajes secundarios, prácticamente desaparecidos dentro de la versión de Hawks. En este remake, el Camonte de Hawks, el Montana de De Palma, no es el único protagonista de la obra.


En la película de 1983 de Brian De Palma, los movimientos de cámara de Hawks pasan a ser las cámaras lentas. Un empleo del dramatismo más contemporáneo que los
encadenados y los movimientos clásicos de cámara. En definitiva, las dos muestran el mismo hilo narrativo, aunque cada uno en un contexto histórico diferente y plasmando tramas diferenciadas. Técnicas evolucionadas para narrar una misma historia que se sale del clásico género de gánsters y se mezcla con la acción más moderna.

Fotograma de una de las escenas de la película de Brian De Palma. 
Marina Prats

Marina Prats

Marina Prats es periodista y experta en comunicación cultural.

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