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Entrevista a Susana Méndez Gago

"Tenemos que aprender que el sufrimiento forma parte de la vida"

La entrevistada es autora del ensayo La Bondad de los Malos Sentimientos (Ediciones B) y nos recibe para charlar sobre su obra y la tesis que en ella mantiene: la crisis ha despertado fantasmas que teníamos olvidados. Temas como el dolor, el progreso o el Estado del Bienestar han tenido cabida en esta entrevista.
Que la crisis económica está trayendo desgracia no es algo que vayamos a descubrir nosotros. ¿Quién no tiene un amigo o un conocido en paro? Cada vez somos más los que conocemos familias con todos sus miembros en el INEM. 
 
Además del factor económico, una crisis siempre tiene factores humanos, y por lo tanto sus consecuencias, también las vemos en los psicológico y social. Sobre esto y otros muchos temas, RitmosXXI.com charla con la psicóloga Susana Méndez Gago, que acaba de publicar La bondad de los malos sentimientos (Ediciones B), un ensayo coherente y bien ensamblado en el que nos da las claves de esos fantasmas que creíamos haber derrotado.
 
Pregunta. ¿Ha despertado esta crisis demonios que teníamos olvidados?
 
Respuesta. Las crisis, como etapas de cambio, son periodos en los que se ponen de manifiesto las debilidades y las fortalezas de las personas y de los colectivos. Y dejan al descubierto la capacidad y la resistencia de las personas para afrontar esa situación de cambio.
 
En cada periodo de la historia se fraguan unos valores sociales que conforman los estilos de vida de las sociedades. En nuestro caso las dos últimas décadas han venido marcadas por una escalada en el consumismo, la inmediatez y el entretenimiento. Ha primado más la protección que el riesgo, los derechos sobre las obligaciones, los resultados inmediatos frente a los logros a medio y el largo plazo, el refuerzo y el premio fácil frente a la asimilación de la frustración, la búsqueda de la felicidad frente a la huída del dolor, etc.  En definitiva, nos habíamos asentado en unos “modos de estar” que, al llegar la crisis, nos dificultan reaccionar.
 
En estas décadas hemos fomentado unos sentimientos frente a otros y hemos enaltecido todo aquello que favorecía nuestra estancia en el parque temático del consumo: la alegría, el bienestar, la felicidad, etc. Sentimientos y emociones que hemos maximizado ensombreciendo y arrinconando otras que podía poner en tela de juicio ese bienestar en el que nos creíamos asentados: la culpa, la vergüenza, la frustración, el aburrimiento, el fracaso, etc. Eso ha descompensado nuestro mapa emocional, porque hemos denostado esos sentimientos que entendíamos como negativos y ahora, que nos azota la crisis y sus consecuencias, emergen con fuerza en una sociedad que había creído prescindir de ellos.

Susana en un momento de la entrevista
 
P.Dice en su libro: “ya no somos los mismos, aunque nos esforcemos por ser como éramos”... ¿En qué hemos cambiado?
 
R.Cuando una sociedad está acostumbrada a vivir en un contexto de seguridad y sin riesgos, y de repente entra en un contexto de incertidumbre, se adentra en un estado nuevo, toma una nueva conciencia de la que no puede zafarse y que antes o después le coloca en un nuevo posicionamiento vital.
 
P.Dónde hemos de situar el germen de la crisis, ¿en la caída de Lehman Brothers o en una actitud mantenida desde hace tres décadas?
 
R.La caída de Lehman Brothers es la representación de un síntoma de actitud colectiva. Una actitud en la que el éxito rápido, el presentismo y la inmediatez de los resultados junto con una falta de límites ha estado presente en la conciencia colectiva durante las dos últimas décadas.
 
 
P.Otra cita: “Sin saberlo veníamos de un largo letargo; creíamos estar despiertos cuando en realidad estábamos inconscientes” ¿Nos olvidamos de que hasta hace menos de 80 años, este país estuvo buscando comida entre las ruinas?, ¿tan mala memoria tenemos?
 
R.Olvidar es una capacidad extraordinaria. Nos permite seguir hacia delante. Sin embargo, también una persona o un pueblo que no sabe de donde viene difícilmente sabe hacia dónde camina.
 
En las últimas décadas hemos vivido un progreso que no hemos sabido digerir, nos hemos deslumbrado con los cambios y avances, casi diría que nos hemos emborrachado. Y este estado de ebriedad nos ha impedido dimensionar los costes que las transformaciones rápidas tienen. Y ahora estamos despertando.
 
P.El Estado del Bienestar, ¿ha adormecido nuestras mentes?
 
R.El Estado del Bienestar es el modelo conquistado en el siglo XX en occidente. Una gran propuesta colectiva que mejora todas las opciones de siglos anteriores. Sin embargo, todas las opciones de organización social tienen sus sombras o sus debilidades y el Estado de Bienestar las ha tenido en la medida que ha ido desimplicando a los ciudadanos de su responsabilidad y en que ha descendido la participación social de los individuos en su entorno. El Estado de Bienestar a promocionado un individualismo a ultranza, ha debilitado el tejido social, la conciencia de comunidad, nos ha inducido a la autocomplacencia del consumismo y a la irresponsabilidad colectiva.

 
P.¿Está el hijo del siglo XXI preparado para una crisis como esta?
 
R.Depende de el país en el que residan esos hijos.. Si nos referimos a España, no lo tienen fácil. Nuestra idiosincrasia cultural y la concepción familiar que tenemos, no facilita el vuelo hacia la independencia.
 
El retraso de la salida de la vivienda de los padres, la mejora de las relaciones intergeneracionales, el bienestar conquistado, el temor a la pérdida de las comodidades y la instalación en el rol joven en “eterna formación” hace de los jóvenes un colectivo poco preparado para soportar las inclemencias de la vida.
 
P.Esta crisis está trayendo un enorme sufrimiento, pero... ¿sabemos sufrir?, ¿hay que aprender a sufrir?
 
R.En las últimas décadas hemos desertado del sufrimiento puesto que era incompatible con los conceptos de seguridad, bienestar y felicidad. Así que cualquier cosa que pudiera provocar sufrimiento era algo de lo que había que alejarse. Por eso, ahora tenemos que aprender que el sufrimiento forma parte de la vida.
 
P. Tengo la sensación de que desde hace ya unos cuantos años se está intentado erradicar el dolor de la vida de las personas, ¿no cree?
 
R. Sí. La influencia judeo-cristiana en su concepción del dolor nos ha marcado enormemente en etapas anteriores. Y en esa progresión al laicismo durante el siglo XX nos hemos querido zafar del dolor como hecho culpabilizador. Sin embargo, en ese proceso de liberación hemos dejado fuera las bondades que tiene el dolor y nos hemos hecho más intolerantes hacia nuestro propio dolor, hasta el punto de hacernos blandos y algo melifluos.
 
P. Desde su experiencia, ¿está el hombre sometido a la economía?. El hombre bajo el control de una ciencia, de una herramienta que él mismo ha creado... 
 
R. Desde la revolución industrial la economía progresivamente ha ido vertebrando la cultura, hasta el punto que ha condicionado los valores, las actitudes y el comportamiento social. En ese camino todas las disciplinas han quedado empañadas por un sentido mercantil y el ser humano ha dejado de tener una conciencia del “ser” para centrarse en la del “tener”.
 
P. Su libro es una mina y no puedo evitar citar dos pasajes más: “Algunos satisfacen su necesidad de trascendencia y popularidad colocando una cámara en su casa y trasmitiendo sin reparo todo lo que hacen en ella”... ¿vivimos hacia afuera? ¿No pasa algo parecido con las redes sociales, en las que hay quien publica hasta que va a comprar el pan?
 
R. La carrera hacia la libertad y hacia la manifestación de nosotros mismos nos ha hecho perder los límites entre lo público, lo privado y lo íntimo. Esa confusión nos ha llevado a poner encima de la mesa aspectos personales con mucha frivolidad. El ejemplo lo tenemos en los Reality Shows, en los que las personas manifiestan con orgullo y sin pudor las contradicciones de las que todos estamos hechos. Y que después de vaciarse públicamente se convierten en muñecos rotos tras la consecución del anhelo del reconocimiento social.
 
P. La otra cita, “uno de los síntomas de la sociedad occidental es la angustia y los ansiolíticos uno de los fármacos psicotrópicos más usados”. Esta cita en el fondo es decir que la sociedad es cobarde y facilona y que ante la duda, pastillazo al canto y a otra cosa...
 
R. No necesariamente. Lo que resulta paradójico es que una sociedad imbuida por el bienestar y la protección y que vive en una aparente armonía, resulta que tenga que bregar también con un estado de angustia. Esto es síntoma de que esa construcción del bienestar tiene enormes fisuras y que cuando las personas viven con una angustia difusa hay algo que en su vida cotidiana les disgusta sin ser plenamente conscientes de ello.
 
La solución de los ansiolíticos, como sustancias eficaces para paliar el malestar, no es una expresión de una cobardía social, sino de la concepción de la búsqueda de soluciones rápidas en la sociedad de la inmediatez. Soluciones que quitan el síntoma pero que no resuelven el problema de fondo.

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A.Petit/Fotos: Casilda Mendaza

A.Petit/Fotos: Casilda Mendaza

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