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Entrevista al poeta Luis Alberto de Cuenca

"Hemos llegado a un momento de falso igualitarismo cultural"

Llueve en Madrid y Luis Alberto nos ha citado en su despacho del CSIC. La idea es realizar una entrevista, pero se nos hace difícil porque lo que iba a ser pregunta-respuesta, acaba convirtiéndose en una conversación distendida, como si estuviéramos en un bar, pero con un aire de Universidad. Hemos podido charlar con él sobre su obra, lo que entiende por poesía, educación, literatura... Luis Alberto es quizás uno de los poetas que mayor arraigo social ha logrado en los últimos años.
Hay pocos poetas que tengan el arraigo social y un público tan amplio como Luis Alberto de Cuenca. Su particular estilo, riquísimo en imágenes y de una enrome profundidad estética, hace que sus obras, cuando salen al mercado, reinen en la lista de los más vendidos en Poesía. “Siempre estamos Luis [García Montero] y yo”, me dice. Y tiene toda la razón. 
 
El entrevistado ha sido y es todo lo que un hombre de letras puede desear;  filólogo clásico, Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ensayista y traductor, a él se deben la que quizás sea la mejor traducción de Guillermo de Aquitania. Además, fue Director de la Biblioteca Nacional (1996 - 2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000 - 2004) y desde hace poco es Académico de la Real de Historia. 
 
Afable y con una educación exquisita, nos recibe en su despacho del CSIC para charlar un rato sobre su vida, su obra, literatura... Más que una entrevista, es una conversación. 
 
AP.¿Existe una alta y una baja literatura?
L.A.No. Estoy convencido de que no. Lo que existe es mala y buena literatura, pero alta y baja no. Eso es un error de la crítica del siglo XX, que llamaba baja literatura a la que entretenía y alta a la aburrida. Y eso es injusto, hay literatura divertidísima que es buena y viceversa…

AP.¿Y esa reflexión que hace Vargas Llosa en su nuevo libro, distinguiendo entre Alta y Baja Cultura…?
L.A.Ese libro lo conozco bien y yo creo que lo que denuncia Mario ahí no es tanto la división que tú dices, sino un estado de cosas en el que se relativizan los valores culturales y una corrección política que hace que el último escritor de una minoría étnica de Ghana sea comparado con Shakespeare. 

AP.Algo como, lo minoritario es bueno y lo popular malo
L.A.Es que el hecho de ser popular no rebaja la calidad editorial, ahí está Pérez-Reverte. Hay literatura popular absolutamente maravillosa, lo cual no quiere decir que no me sume a esa crítica de Mario y que denuncie, por ejemplo, esa horrible trilogía erótica que estamos padeciendo. 
 
AP. Pues el ministro de Hacienda confundió cultura y entretenimiento. ¿Qué es la Cultura? Y algo que está hoy muy en boga, ¿es un derecho?
L.A.Esa distinción del ministro no la entiendo demasiado. Creo que hay un derecho a la cultura y un derecho al entretenimiento. Huizinga lo escribió muy bien en Homo Ludens, cuando distinguió al hombre del resto de animales por su capacidad de jugar.
 
AP.¿Y la cultura?
L.A.Obviamente el papel de la cultura es fundamental. Ahora bien, también te digo que es difícil que llegue a todo el mundo en las mismas circunstancias, puesto que hay gente que ha leído más o le gustan más ese tipo de productos. Lo que es absurdo en esta sociedad de la political correctness es pensar que todo el mundo tiene que acceder a lo mismo. No tiene sentido porque los seres humanos no somos iguales, y nuestra manera de acceder a la cultura es diferente. Hemos llegado a un momento de falso igualitarismo cultural. No podemos pretender que haya un 99% de lectores de españoles que lean a Shakespeare.
 
La clave es la educación. Hay que dar una base, una herramienta para que la gente pueda saber si le interesa o no la cultura. Unos mínimos…
 
AP.Que hoy son muy, muy mínimos
L.A.En efecto, y eso es culpa de los sucesivos planes educativos desde el tardofranquismo, que han ido arrinconando la educación hasta límites casi intolerables. Por eso cualquier rearme como el que propone el ministro Wert es digno de tenerse en cuenta Los mejores planes de educación eran los antiguos, el Altamira de la República o el Ibáñez Martín del franquismo.
 
AP.Pero con esos planes, eran muy pocos los que estudiaban
L.A.De acuerdo, estudiaban muy pocos. Pero es que lo que hemos hecho ahora es igualar por abajo, y la gente sabe mucho menos.
 
AP. Hablando de educación, tuve la oportunidad de entrevistar a Jesús de la Villa, y me planteó un panorama muy oscuro para las Clásicas en la educación, que poco menos que han desparecido de la educación
L.A.Eso es una aberración. La Cultura Clásica era ya una concesión, porque daba tan solo unos rudimentos del mundo clásico. Lo importante eran las lenguas, pero si ya nos quitan esos rudimentos….


AP. ¿Te consideras un intelectual?

L.A.No. No me gusta esa palabra, porque se ha instalado en el espectro ideológico de la izquierda y como yo no lo soy, pues no me gusta. Ser intelectual, al parecer, para cierta izquierda, consiste en oponerse a cualquier tradicionalismo. Y yo creo en la tradición y en la vanguardia, engarzadas. Yo no me considero un intelectual. Si hay una memoria de mí el día de mañana, me gustará que me recuerden como humanista y como lector.
 
AP.¿Qué es ser poeta?
L.A.Es mirar el mundo de una forma determinada. Tú sabes que esa mirada la tenemos todos, pero los poetas somos los que la practicamos, que significa ir subrayando palabras, escenas, imágenes, ponerlas en cursiva. Es el lenguaje connotativo frente al denotativo. Son signos diacríticos, acentos. El lenguaje poético es un lenguaje quintaesenciado.
 
AP.¿Buscas el poema o te encuentra él?
L.A.El poema me encuentra. No lo busco con unas circunstancias determinadas. Ejerzo esa mirada poética sobre el mundo, y de ese ejercicio surge el poema.
 
AP.Esta pregunta es igual un poco indiscreta: ¿vives de tu poesía?
L.A.(Risas) No es nada indiscreta, todo lo contrario. Nadie vive de la poesía. Ni siquiera en países tipo Finlandia, en los que se apoya mucho la creación, creación literaria. No recuerdo haber ganado con la poesía más que lo que haya cobrado al obtener algún premio. Poesía y dinero son términos casi antagónicos. Yo con mi editor creo que he firmado un solo contrato: prefiero que me den libros a dinero.
 
El poeta necesita buscarse la vida en otro territorio, y ¡ay del poeta que no lo busque!, porque se convierte entonces en un poeta profesional, que son muy pesados y viajan siempre con una carpeta atiborrada de versos, dispuestos a endosárselos a cualquiera, y además se creen diferentes. Y un poeta es una persona normal.
 
AP.¿Volverías a publicar Los Retratos?
L.A.Se ha vuelto a publicar en Huerga y Fierro. Es un libro que no he tocado desde 1970. Es bueno reeditar las cosas que se han hecho en momentos inaugurales, porque conservan el perfume del tiempo ido. 
 
AP.Sí, pero no la añades en tus antologías
L.A.Me cabreé mucho con ese libro hace unos años, pero ahora veo que era necesario escribirlo dentro de mi trayectoria personal.
 
AP. Y que además, aparentemente es un libro que no tiene anda que ver con los otros grandes títulos que tienes 
L.A.Sí, pero fíjate, leyendo toda mi producción, desde Los Retratos a El Reino Blanco, por ejemplo, hay un hilo conductor finísimo. En Los Retratos ya está el germen de todo. Más en Elsinore, pero en ese primer libro está el origen de todo. Creo que hay más semejanzas que diferencias con lo que vendría después.
 
AP.Luego, con La Caja de Plata hay un antes y un después, quizás cierta ruptura aparente
L.A.Sí, estoy de acuerdo. En Scholia hay muchos elementos que llevan a La Caja de Plata, que no nace como Atenea de un martillazo en la cabeza; es algo que se va gestando. Pero sí, hay un antes y un después, y además está escrita a lo largo de cinco años. Es un libro muy pensado, muy trabajado.
 
AP.La segunda etapa de tu poesía, la denominas, creo yo en un claro homenaje a Hergé, Línea Clara
L.A.Crees bien, no hay más que acudir a mi reloj [me muestra un reloj en cuya esfera está el mítico personaje de Hergé]. Soy un fan de Tintín, pero también es la utilización de una etiqueta que me sirve para definir lo que yo entiendo por mi poesía última: colores planos, contornos delimitados, atmósfera pop
 
AP. Javier Letrán, que posiblemente sea una de las personas que más ha estudiado tu obra, se sitúa en el postmodernismo, pero creo que es un postmodernismo un tanto especial
L.A.Siempre es especial el postmodernismo, porque todo el mundo entiende algo diferente por eso. En cualquier caso, lo que he intentado en mi poesía es reflejar el tiempo que me tocó vivir, una especia de revolución postmoderna. Es decir, no nos bastaba con la modernidad, que solo quería subvertir valores y partir de cero ignorando la tradición. La postmodernidad es una superación y un análisis de la cultura como un continuum, sin que se prescinda de nada, ni de la vanguardia ni de la tradición. Lo malo es esa frase de “todo vale”, y lo bueno de la postmodernidad es que, dentro de ella, o del concepto que yo tengo de ella,  todo es válido siempre y cuando tenga calidad. 
 
Además, ten en cuenta que yo viví los 80 muy intensamente y traté a todos los miembros de la Movida, yendo siempre, eso sí, mucho más de Dr. Jekyll que de Mr. Hyde. Salía casi todas las noches, pero a las ocho de la mañana estaba en mi despacho del CSIC. 
 
AP.Es una buena imagen de lo que es tu poesía en la que conviven el culturalismo y los elementos más comunes
L.A.Si coges El Reino Blanco, hay culturalismo, e incluso en las letras de Gurruchaga hay algo también de culturalismo. Además, es inevitable, porque los que hemos leído a Cicerón no lo podemos ocultar y muchas veces sale sin quererlo. Lo popular y lo culto, la épica y el cuento popular son cosas fundamentales para mí, son discursos que me fascinan.
 
AP.¿La épica? Entonces tienes que ser fan de Tolkien, el gran épico moderno
L.A.Claro. ¡Tolkien es un genio! Y esa gente que hablábamos antes que divide entre alta y baja literatura, a menudo se olvidan de Tolkien, que es un grande, escribe maravillosamente y, además, es entretenido. 
 
AP. Sabías que en el País Vasco, la gente se casa con tu poema El Desayuno
L.A.Sí. Lo que mas me gusta es que no sepan que es de Luis Alberto de Cuenca, que mi poesía cale socialmente hasta el punto de que no se sepa que ese poema tiene autor.
 
AP.Sin nostalgia no podría hacerse poesía, igual que sin memoria no sería posible el acto poético
L.A.La poesía se basa en la memoria fundamentalmente. Nostalgia y memoria van unidas. La memoria es fundamental, la poesía está hecha de memoria y de nostalgia.
 
AP.Yo sé que en tu estudio tienes a Leia Organa, Sonja la Roja y un par de Venus de Willendorf, ¿buscas a la Bronwyn de Cirlot, ese eterno femenino?
L.A.Claro. En el fondo es lo que busca Juan Eduardo al ver esa película (El Señor de la Guerra, de F. J. Schaffner). Aparece Rosemary Forsyth en el río y luego Charlton Heston, y Cirlot se convierte en el protagonista del film y Bronwyn en su musa definitiva.
 
AP.¿Y lo has encontrado?
L.A.Lo he encontrado, pero la idea absoluta del eterno femenino no, porque no existe. Es como el santo grial, como un Eldorado que en realidad no existe. Lo bonito es el concepto de búsqueda. Acuérdate en Centauros del Desierto, de John Ford: lo de menos es que aparezca o no la niña raptada por los indios; lo importante es la búsqueda en sí, lo que los franceses llaman quête.
 
AP.¿Harás, como Guillermo de Aquitania, un “poema de la pura nada”? 
L.A.Ya lo he hecho. En el fondo los poetas hacemos siempre poemas de la pura nada, porque lo que hacemos con nuestros versos es intentar engañarnos a nosotros mismos y poner bálsamo en las heridas de la existencia e intentar olvidar el itinerario que nos conduce a la destrucción. En el fondo siempre hacemos lo mismo que Guillermo. Lo mágico de Guillermo es que fue el más moderno y el más antiguo a la vez de los poetas de Occidente.


  
AP.Los Retratos el inicio, la Caja de Plata la ruptura aparente, el Reino Blanco, la luz
L.A.Sí, la luz, pero también el páramo terrible y helado.
 
AP.¿Y cuál es el siguiente paso? 
L.A.Lo desconozco, pero creo que va a ser un paso recapitulativo, que es lo que me toca hacer. Esos cincuenta poemas inéditos que no creo que vean la luz hasta 2014, si Dios quiere, constituirán una recapitulación, sin grandes rupturas. En el fondo siempre escribimos el mismo libro. 
 
AP.¿Escribirás, como Gil de Biedma, un poema Contra Luis Alberto de Cuenca?
L.A.Yo creo que no, aunque nunca se sabe. Y te digo por qué. Jaime tenía una dualidad muy marcada, por el día alto ejecutivo de su empresa familiar y por la noche, gamberro borracho y promiscuo. Y esa dualidad no la tengo yo. Además, el personaje que habita en mis libros soy yo y no soy yo. Es un yo ficcionalizado.
 
AP.Gil de Bienda es un autor que a mí se me hace un poco criptico 
L.A.Es que él tiene que ocultar cosas, jamás dice que es homosexual, por ejemplo, por eso es críptico. Y por eso yo quizá no tenga que escribir ese poema Contra Luis Alberto de Cuenca
 
AP.Y no podía faltar el tema del disco con Loquillo, que me encantó por las letras y porque además se cree los poemas, como si los hubiera escrito él 
L.A.En todas las entrevistas que nos han hecho, hemos insistido en que el esperó doce años para hacer el disco y esperar a tener la edad que yo tenía al escribirlos, Loquillo se identificó con ese yo ficcionalizado, hizo suyos los poemas y, de repente, se produjo el milagro.
 
AP.Y el videoclip... 
L.A.Es buenísimo. Estamos Gabriel Sopeña y yo al fondo. Yo acababa de salir de un episodio muy doloroso de columna vertebral y fue horroroso estar allí tres minutos de pie.
 
AP.Además, eres académico de la Historia. Sabes que Calíope y Clío siempre aparecen juntas en las representaciones... 
L.A.Calíope lo que hacia era historia antes de la historia. Los poetas son los historiadores de antes de la Historia, como, por ejemplo, el autor anónimo de la Epopeya de Gilgamesh. La historia de los primeros imperios agrarios está en manos de los poetas. Y Calíope y Clío se van separando porque se va separando el logos del mythos. Es la misma evolución. 
 
AP.Y tienes la suerte de estar con una persona a la que yo admiro profundamente que es D. Luis Suárez.. 
L.A.Luis Suárez es fantástico, escribe maravillosamente. Es uno de los mejores historiadores que tenemos ahora mismo. Y con lo del Diccionario Biográfico de la Academia fueron a por él, a lincharlo, pero no lo van a conseguir nunca. Es un peso pesado.
 
AP.Y para terminica, hay una anécdota que me hizo mucha gracia de tu paso por la política y es esa reunión de directores de Bibliotecas Nacionales en la que escribiste un poema precioso a Irlanda
L.A.Claro, eran aburridísimas esas reuniones, y conocí a la directora de la Biblioteca Nacional Irlanda, que era un encanto de señora. Me hice muy amigo suyo y escribí ese poema: un homenaje a Irlanda. Para los clasicistas, ese país es muy importante, porque fueron los monjes irlandeses quienes salvaron la cultura grecolatina en los scriptoria de los monasterios. Me gusta esa mezcla, tan irlandesa, de brutalidad épica con refinamiento cultural. Irlanda es un país maravilloso.
M. Martínez

M. Martínez

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