En una exposición

La Fundación Telefónica hace un repaso de su fotografía contemporánea

La Fundación recorrera los movimientos más representativos de la fotografía contemporánea desde 1973 hasta 2006 con obras de los fondos de su colección. La exposición se inaugurará el 24 de este mes y estará abierta hasta el 2 de marzo. Se dividirá en dos corrientes: la americana y la europea.
James Wall, Overpass, 2001.

James Wall, Overpass, 2001.

La Fundación Telefónica hará un repaso de la fotografía contemporánea con obras seleccionadas de los fondos de su Colección. La exposición, que se inaugurará el 24 de este mes y hasta el 2 de marzo, recorrerá los movimientos más característicos de la fotografía desde 1973 hasta 2006.
 
La selección de fotografía contemporánea de la Colección Telefónica se centra en un período clave en la historia del medio: el período que comprende desde finales de los años setenta a finales de los noventa del pasado siglo. Unos años de profundo cambio en la forma de concebir el uso de la fotografía en el ámbito artístico y que determinó su incorporación definitiva a los circuitos del arte.
 
La exposición se centra en este momento de la historia del arte y analiza sus consecuencias. Partiendo de un estado de la cuestión, representado por las obras de Richard Prince, John Baldessari y Sherrie Levine, nos adentramos en la fotografía de los ochenta en un recorrido que se bifurca inicialmente para luego ir mezclándose. Los dos caminos posibles indican las principales referencias que marcan la fotografía de esos años. Por un lado, Jeff Wall y el posmodernismo americano, y por el otro Bernd y HillaBecher con la Escuela de Dusseldorf.
   
La exposición, dividida en dos corrientes

En la parte americana el tema central es la crítica de la representación fotográfica y su deconstrucción, iniciada por Wall con sus imágenes de gran tamaño, que mantienen a la vez conexiones con lo pictórico (en las dimensiones de la obra) y con lo documental (en la falsa apariencia de la imagen).
 
Al otro lado del Atlántico, los Becher marcan el camino a sus alumnos con una relectura de las vanguardias históricas que retoma algunos de los valores de la Nueva Objetividad y, desde luego, de la fotografía científica: distanciamiento, serialización y sistematicidad. Los alumnos de los Becher integrados en la llamada Escuela de Dusseldorf (que no deja de ser una invención de críticos e historiadores), adoptan estas pautas de distinta forma, y la mayoría van incorporando el uso del color a su obra, pero la influencia de los maestros es perceptible en todos ellos, al igual que la deducción lógica que sus tipologías imponen: la ruptura de la relación entre la imagen y su objeto. Si algo deja claro la Escuela de Dusseldorf es que la imagen es lo que ves, no un registro de lo real, sino algo producido, en cierto modo, a partir de lo real.
 
Lógicamente, las ideas de estas dos corrientes mayoritarias han ido permeando al resto de la comunidad artística y, a su vez, han ido evolucionando y mezclándose. De ahí que tras la apertura de la muestra con estas dos tendencias claramente señaladas, el recorrido invite a cruzar de un lado a otro de la sala y a contemplar las ubicaciones intermedias, tanto espacial como conceptualmente, planteando con ello el final de otro de los mitos de la modernidad: el rigor clasificatorio.
Redacción

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