Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Razones para el Siglo XXI

"El fantasma y Doña Juanita"; una película española

Se cumplen 70 años de la realización de una extraordinaria película de Rafael Gil: El fantasma y doña Juanita, precisamente unos meses después de haberse conmemorado el centenario de Gil, no precisamente con ayudas ni alharacas del "establishment" cultural.
Mi ilusión ha sido siempre escribir; pero creo que coincidieron ambas aficiones. Cuando tenía doce o catorce años yo mismo publicaba, escrita a máquina, una revista de cine que leíamos mis amigos y yo (…) Sin duda he sido mejor cinematografista que escritor, porque en el cine me he abierto un camino y la literatura tuve que dejarla”. Rafael Gil. 
 
 

La nueva película de Gil -producción Cifesa- es una adaptación de un cuento de Pemán, una de las figuras más relevantes de la época y que a la altura de 1944 estaba en la cumbre de su influencia política y su prestigio social. Para Rafael Gil era un nuevo reto aunque el cuento en que iba a basar su película estaba muy lejos de la vertiente socio política de Pemán y se inscribía en su núcleo más intimo, mas poético, tal vez más personal y auténtico.
 
Jose María Pemán nació el 8 de mayo de 1897 en Cádiz. Murió el 19 de julio de 1981 después de una vida larga y fecunda en la que llegó a codearse con las primeras figuras de la sociedad española, desde el propio Franco hasta Don Juan de Borbón, a cuyo Consejo Privado perteneció durante décadas.
 
En 1944, a la muerte de Rodríguez Marín, Pemán es nombrado presidente de la Real Academia, pero en diciembre de 1947 renuncia voluntariamente a tal cargo para que le fuera otorgado el honor a Ramón Menéndez Pidal.
 
La obra de Pemán es diversa y variada. El autor se consideraba a sí mismo sobre todo, poeta y dramaturgo, pero también ha cultivado la novela y el relato corto, el ensayo filosófico y político y, por supuesto, el periodismo (son clásicas sus famosas Terceras en el diario ABC).
 
Su primera novela fue Romance del fantasma y doña Juanita (1927) en la que se basa la película de Gil. En 1940 la editorial Escelicer había publicado una preciosa edición de la obra.
 
Gil, entusiasmado con la historia, escribiría en el programa de cine club del CEC en 1949: “Yo había soñado con esa poesía infinita de lo impalpable, de ese escalofrío íntimo que a nadie confesamos, de esa angustia estremecedora que de pronto nos produce lo sobrenatural al mezclarse con lo cotidiano. Yo había soñado también con la ternura de la muchacha dormida en el remanso de la ciudad provinciana, con la nostálgica aventura del circo que pasa”.
     
El rodaje tuvo lugar entre el 4 de noviembre de 1944 y el 31 de marzo de 1945  en la localidad madrileña de Alcalá de Henares. Gil utiliza a su equipo habitual, aunque en esta ocasión Michel Kélber sustituye a Alfredo Fraile en la fotografía. Obtuvo la declaración de Interés Nacional. En el diario Las provincias (4 junio 1944) el propio Gil desvelaba algunas de sus claves:
 
“Voy a cuidar mucho la nota poética, pero el ambiente y los tipos secundarios se prestan mucho a la caricatura; pondré en ellos mucho cuidado”.
 
Pocas veces en el cine europeo se ha expresado con tanta delicadeza, con tanta sensibilidad, la soledad del pobre enamorado, tímido, incapaz de vivir su propia felicidad. La estampa de la ciudad de provincias, los cuchicheos de la gente cuando se produce el idilio, el retrato de los hombres y mujeres del circo, las travesuras graciosas del mono de mirada aguda, todo está maravillosamente descrito en un guión magistral, con unos diálogos de gran belleza literaria (revisados por el propio Pemán) y con una puesta en escena poética y admirable.
 
La historia se narra en “flash back” con la protagonista, una mujer ya mayor, contando a una joven muchacha sus penas de amores y aconsejándola que no cometa los mismos errores. Es el mismo esquema de la maravillosa Primavera (Maytime) Robert Z. Leonard, 1937, protagonizada por Jeannette MacDonald y Nelson Eddy. En este clásico del melodrama musical la anciana cantante de ópera (Jeannette) recuerda a una joven pizpireta su amor frustrado por un joven barítono años atrás. Ella no se atrevió a vivir su amor, y al final la desgracia, la soledad y la muerte acabaron con su romance. En una escena preciosa y a los sones de la melodía “Will you remember”, los espíritus juveniles de los personajes de Jeannette MacDonald y Nelson Eddy pasean por entre los almendros en flor mientras llueves pétalos del cielo, y la pareja joven se reconcilia y aprende que el amor es lo más importante de la vida.
 
En esta estructura que Gil adopta de la famosa  película americana,  hay una importante transformación respecto al relato original, en Romance del fantasma y Doña Juanita es un pregonero el que va contando a viva voz los pormenores de la historia ya convertida en romance o leyenda popular. Con la pirueta inicial, que a diferencia de Primavera, posee tono de comedia, el director matiza con notas alegres la evidente tristeza de la historia que a continuación se va a narrar.
 
El fantasma y doña Juanita es la película más romántica y sentimental de Rafael Gil, uno de sus proyectos más personales donde tuvo la oportunidad de expresar los anhelos de su época de crítico, de acercarse al tipo de cine que más le gustaba y mejor expresaba su ímpetu artístico.
 
De nuevo el fingimiento articula la acción, el pobre payaso que encarna Antonio Casal oculta su trabajo a su amada Rosita (Mary Delgado), sobre todo por miedo a lo que su padre, el respetado farmacéutico (Alberto Romea) pueda opinar.
 
El mundo de los sueños y la fantasía que representa el circo envuelve y acaricia el idilio de los dos jóvenes y alcanza su punto álgido en la secuencia espléndida  de los fuegos artificiales. Esta explosión de júbilo y libertad simboliza la fuerza del amor, el deseo de romper las barreras de la realidad para abrazarse a la ilusión. En este instante Gil alcanza la delicada descripción poética de Frank Borzage en Tres camaradas y  Henry Hathaway en Sueño de amor eterno (Peter Ibbetson).
  
Pero la felicidad parece durar tan solo un segundo y la dura realidad se impone. Llega el momento en que es necesario revelar la identidad del pobre enamorado y éste busca desesperadamente hacerse pasar por el contable sin que nadie le haga caso.
     
El sacerdote bonachón (maravillosamente encarnado por el gran actor de reparto Juan Calvo, futuro Sancho Panza)  se acerca al circo para investigar la vida del contable, y en una hermosa secuencia digna de Cyrano de Bergerac, el propio payaso le informa del cúmulo de virtudes del contable, una persona encantadora a la que todos adoran y quieren. El sacerdote se marcha encantado pero el payaso comprueba su terrible soledad, la enorme carga de su fingimiento.
  
Otro de los inolvidables  actores de reparto que brillan en la película es Juan Espantaelón, que encarna al empresario circense Pierre Brochard. Espantaleon (1885-1966) fue un gran actor de reparto y un hombre que en cine trabajó sobre todo con Gil y con Juan de Orduña. Su presencia fílmica era poderosa y solía robar las escenas a los actores que con él compartían secuencia.
El circo sufre entonces un incendio, todos se salvan. Todos menos el pobre payaso al que nadie parece echar demasiado de menos. Y en una secuencia absolutamente genial e inolvidable, asistimos al cortejo fúnebre del muerto, es un cortejo diminuto, triste, la antesala del olvido, un mono dando saltos alocados y la muchacha enamorada contemplando la escena desde una ventana y deseando que el contable aparezca para hacer realidad su amor. Entonces dará comienzo la leyenda del fantasma que acompañará a la mujer el resto de su vida.
 
Esta secuencia, una de las más hermosas de la historia del cine español desmiente por sí misma los tétricos comentarios que sobre el cine de Rafael Gil han vertido no pocos especialistas e historiadores, anclados en una visión convencional de la crítica de cine, cuando no presa de prejuicios ideológicos.
 
Es cierto que el fantasma y el epílogo final optan por un tono más ligero que recuerda a El fantasma va al Oeste de René Clair, pero la poesía y la tristeza de la muerte del pobre payaso y sobre todo de su soledad devastadora se han quedado grabadas para siempre en la retina y en la memoria del espectador.  Al contemplar películas como El fantasma y doña Juanita no cabe menos que preguntarse qué tipo de películas españolas habían conocido los críticos e historiadores que casi sin excepción han zaherido y despreciado a toda una generación de artistas y artesanos que hizo su trabajo con dedicación y entusiasmo , a veces en muy precarias condiciones.
 
Junto a Antonio Casal brilla la delicadeza de Mary Delgado (1916-1984) que ya había trabajado con Gil en Huella de luz y en cuya filmografía cabe destacar Nada (1947) de Edgar Neville y El camino (1964) de Ana Mariscal. El magnífico Alberto Romea (1882-1959) logra una de sus mejores interpretaciones, a la altura de las que lograría años después a las órdenes de Saenz de Heredia (Historias de la radio) y Luis Berlanga (Bienvenido Mister Marshall) que son las que cimentan la imagen que hoy se tiene de él. Y no podemos olvidar a otros actores ilustres como José Franco (1908-1980 ) y Felix Fernández, Nicolás Perchicot e incluso en un papel pequeño el genial e inolvidable José Isbert (1886-1966 ). En la película tambien colabora Enrique Herreros (1903-1977) en un encantador “cameo” interpretando a un faquir. Herreros, publicista, dibujante, director de una película maldita como María Fernanda la Jerezana (1946) actuaría en varias películas de Rafael Gil como Don Quijote de la Mancha o El clavo.  Y en un pequeño papel el futuro galán Conrado San Martin, en el inicio de su fecunda carrera en cine y teatro. Muchos de estos actores de reparto son habituales en las películas de Rafael Gil produciendo ese encanto familiar que se percibe al contemplar hoy las producciones y que revela el clima auténtico en el que fueron rodadas. Casi todos los grandes directores han gustado de formar su propio equipo para lograr que los rodajes fueran lo más perfectos posibles, dando la sensación de unidad y continuidad. A salvo de las diferentes empresas productoras, lo cierto es que Rafael Gil siempre gustó de tener cerca de colaboradores que aparte de grandes profesionales se habían ya convertido en buenos amigos.
 
Luis Gómez Mesa en su interesante La literatura española en el cine nacional  considera El fantasma y doña Juanita una de las mejores películas de Rafael Gil y destaca el “hermoso lirismo de sus imágenes”. Igualmente Vizcaíno Casas la considera la mejor película de su autor.  En general la crítica fue positiva aunque no alcanzara la fama o el reconocimiento de Huella de luz o El clavo. El tono intimo, alejado de toda grandilocuencia, la sinceridad de los personajes, la magia de los diálogos… todo ello hace de El fantasma… una película de cámara, ideal para disfrutar en la noche, cuando todas las historias pueden ser posibles.  La obra ha mejorado con el paso del tiempo y hoy no puede contemplarse sin emoción, lo que al fin y al cabo es el corazón del séptimo arte.