Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Razones para el Siglo XXI

La imagen de Jesucristo en el cine

De Cecil B. DeMille a Mel Gibson. Son hitos en la visión fílmica de Jesucristo. Pero tal vez, y hasta la llegada de "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson, la versión de 1927 de Cecil B. DeMille, puede considerarse la mejor película sobre el Hijo de Dios.



Rey de Reyes – Cecil B. DeMille

 
Rey de Reyes (1927), producida y dirigida por Cecil B deMille, es una de las más famosas películas de la historia del cine mudo, su impacto solo sería igualado casi tres cuartos de siglo después por Mel Gibson y La Pasión de Cristo. En ésta última la gente contempla las desgarradoras imágenes en un acto de contrición que ha llegado a provocar conversiones. Lo mismos sucedía en Rey de Reyes, estrenada en casi todo el mundo, con subtítulos en 27 idiomas y que en México, durante la etapa de gobiernos anticlericales, servía a los asistentes como sustituto de la reunión dominical en las templos. La gente se arrodillaba a rezar y en numerosos países del mundo se registraron conversiones religiosas.
 
De Mille y el fotógrafo Peverell Marley examinaron cientos de pinturas sobre la Biblia tratando de recapturar la luz y el sentido visual de los grandes pintores; para la escena de la crucifixión, basada en los grabados de Gustavo Doré, se emplearon poderosos arcos de luz, auténticos soles artificiales que produjeron una sensación estética fascinante. Como décadas después con La Pasión, la película de DeMille resultó controvertida y hubo de sufrir ataques de grupos judíos y de algunos crístianos. El Gran Rabino Alexander Lyons intervino para defender la obra a la que calificó de “inspirada y reverente”.
 
Rey de Reyes, cinematográficamente, es una de las grandes obras maestras del insigne autor de Los Diez Mandamientos. Cabe destacar en la película:
 
-         Su fidelidad al Evangelio. Todos los subtítulos responden a citas evangélicas.
-         Extraordinario calor pictórico de las imágenes que a veces parecen cuadros vivientes gracias a la excepcional escenografía de Mitchell Leisen.
-         Las primeras secuencias (la presentación de María Magdalena) sirven de único contrapunto profano al contenido religioso de la película.
-         La primera aparición de Jesús (magníficamente interpretado por un solemne H.B.Warner), a través de los ojos de un ciego al que acaba de sanar, es uno de los planos más hermosos de toda la historia del cine mudo, a la vez que la manera más original posible de introducir a Jesucristo en el drama de la obra.
 
Rey de Reyes concluye con una secuencia en color que muestra a Cristo resucitado ascendiendo a los cielos y proclamando su permanente presencia en el corazón del los hombres de buena voluntad. Tras despedirse de los Apóstoles su figura se recorta en el cielo, el escenario se transforma y se puede divisar los rascacielos símbolo del siglo XX. Pero la leyenda es la misma: “Yo siempre estaré con vosotros”.
 

Otras películas de Cristo

 
El cine habría de volver muchas veces a la imagen del Hijo del Hombre, desde el episodio de Intolerancia de Griffith, hasta el Gólgota 1935 de Julien Duvivier. El bautismo de Cristo en La historia más grande jamás contada de George Stevens, el sermón de la Montaña en Rey de Reyes de Nicholas Ray o la imagen de Robert Powell predicando en Jesús de Nazaret  de Franco Zeffirelli. Son hitos en la visión fílmica de Jesucristo. Pero tal vez, y hasta la llegada de La Pasión de Cristo de Mel Gibson, la versión de 1927 de Cecil B. DeMille, puede considerarse la mejor película sobre el Hijo de Dios.
 
El productor Samuel Bronston, ya afincado en España, buscó desesperadamente la bendición papal para su proyecto de Rey de Reyes, 1960. Y, por fín, el 8 de marzo de 1960, el Papa Juan XXIII sancionó favorablemente el guión que le presentaban, firmado por Philip Yordan y el prestigioso escritor católico italiano Diego Fabbri.
 
Nicholas Ray, autor de obras maestras como Johnny Guitar y They live by night, se entregó con pasión a la película, y en principio tuvo manos libres para desarrollar sus puntos de vista que pretendían ofrecer una imagen moderna de Jesús. Se trataba de ofrecer un Cristo para los jóvenes, en una época, comienzo de los años sesenta, en que el mundo estaba cambiando aceleradamente. Por otra parte el paralelismo entre la dominación romana y la nazi (con los judíos como víctimas) era clara, lo mismo que la dicotomía entre Jesús (la revolución pacífica) y Barrabás (violenta). En una escena fundamental por su contenido político, Barrabás le pide a Judas Iscariote que se una a Jesús para tratar de convencerle que tan solo la acción violenta podrá restaurar el Reino de Israel.
  
Todo ello da como resultado una visión muy interesante del escenario de la Judea de la época, y donde además desaparece cualquier mención a una posible responsabilidad de los judíos en la muerte de Jesús. La imagen de Judas se suaviza y Barrabás es un patriota exaltado que lucha por la libertad.
 
La historia más grande jamás contada (1965)  –tras Rey de Reyes de Nicholas Ray– fue un proyecto de especial ambición. Un empeño espectacular producto de la fe y el entusiasmo de George Stevens.  Ningún medio se dejó de tener en cuenta para poner en marcha un proyecto que quería estar a la altura de la historia narrada. La ampulosidad, el desfile de estrellas, el estilo mayestático y solemne eran artificios para poner en primera línea la magnificencia del Mensaje de Cristo. Max Von Sydow, entonces famoso por su colaboración con Ingmar Bergman (El séptimo sello, Los Comulgantes) aporta el toque de solemnidad a Jesús, muy en la línea del Rey de Reyes de De Mille. La originalidad de Stevens consiste en el reparto de lujo, donde podemos encontrar a Claude Rains, Shelley Winters, Sydney Poitier, José Ferrer e incluso a John Wayne dando vida al centurión que atravesó con una lanza el cuerpo de Cristo. Stevens quisó personificar en el carisma de Wayne la visión de la autoridad romana y con ella su conversión final: “verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. Pero quien roba protagonismo a todos es Charlton Heston que interpreta a Juan el Bautista lleno de vida y vigor y que roba el protagonismo a todos los que comparten escena con él hasta la desaparición del personaje. No en vano, el Bautismo de Cristo, de manos de Juan, es uno de los instantes de mayor emoción de la película.
 
El rodaje tuvo lugar en Arizona, y el Rio Jordán fue el Colorado, aguas tremendamente frías que hicieron a Charlton Heston escribir en sus memorias: “Si el Jordán hubiera tenido el agua tan helada como el Colorado, dudo que la Cristiandad hubiera llegado a sobrevivir”.
 
El evangelio según San Mateo (1964) es la más polémica y sobrevalorada de las películas sobre Jesús de Nazaret. Pasolini, marxista heterodoxo, huyó a propósito de la estética hollywoodense y optó por una visión distanciada, neorrealista, desdramatizada del relato evangélico. El resultado un film irregular, muy frío en el que casi nunca se llega a conectar con la narración, hecho al que no es ajeno la elección de un actor desconocido e inexpresivo, Enrique Irazoqui para interpretar al Hijo de Dios. Los versículos del Evangelio se recitan casi íntegros, pero a veces parecen la lectura de un sermón dominical, sin que las imágenes posean en ningún momento la capacidad de conmover
 
Además, de forma muy ideológica, Pasolini no muestra a Jesús encargando las llaves del Reino a Pedro. Para el autor, su acercamiento a Cristo no incluye a su Iglesia. Pese a todo, un film interesante  y lleno de aristas sugerentes.
 
El Mesías, de Rossellini (1975) es fría, objetiva, rigurosa. Roberto Rossellini, fiel a los postulados neorrealistas ofreció  su particular visión del Hijo del Hombre. Narración fría pero con más empaque que la versión de Pasolini, sin embargo peca del mismo defecto que aquella, su distanciamiento, su lejanía, algo impensable en una historia como la que cuentan los Sagrados Evangelios.
 
El reparto compuesto por actores semiprofesionales, no ayuda a la identificación de los protagonistas, pareciendo todos ellos demasiado  distantes del corazón del espectador.
  
El Cristo de Rossellini es el Cristo de la Palabra (Al principio era el Verbo), de su Palabra brota la fuerza interior y ese mensaje de trascendencia se expande por el mundo ofreciendo la esperanza. Apenas hay acción en El Mesías, tan solo imágenes desnudas y el flujo de una palabra, de un verbo capaz de cambiar la historia del mundo. El Mesías se rodó como programa de TV y su audiencia no resultó excesiva. Con todo, es una película interesante, toda una traslación del credo neorrealista a una historia que, en verdad, habría de trascender los moldes de la realidad y cambiar la historia del mundo. La escena de la Crucifixión se aleja del realismo, en tanto que la Resurrección aparece de forma simbólica como expresión del nuevo Mensaje de esperanza que el Hijo de Dios ha querido lanzar a la Humanidad.
 
La visión de los films sobre la vida de Cristo dice mucho acerca de la postura personal del realizador. DeMille era un cristiano convencido y practicante, como lo fue George Stevens, Zeffirelli y Mel Gibson, católicos activos. Scorsese fue católico y la influencia de la religión se extiende por su obra, aunque su postura personal se haya alejado de la fe inicial. Nicholas Ray es agnóstico aunque aspira a la posibilidad de una redención. Rossellini es un artista de inspiración cristiana pero de fe oculta, en tanto que Pasolini quiere acercarse a una fe que aprendió de niño pero que se ha desgarrado con los avatares de la vida.
 
Franco Zeffirelli, hombre creyente , volcó lo mejor de sí mismo en esta película emblemática, Jesús de Nazaret (1973), tal vez la más ortodoxa de cuantas versiones sobre la vida del Hijo de Dios se han realizado.
 
Planteada como una superproducción televisiva de casi cinco horas de duración (pero después estrenada en salas de cine), Zeffirelli acierta con la elección del protagonista, Robert Powell en el papel de su vida, y aún alejándose de la estética típica de Hollywood, logra un estilo personal, cálido, en el que se percibe el amor con que se rueda cada una de las escenas (destaca la Resurrección, un momento transido de esperanza y muy bien reflejado en la pantalla). Como en La historia más grande jamás contada, el reparto vuelve a ser de lujo, y podemos encontrar a James Mason, Ernest Borgnine, Fernando Rey, Anthony Quinn, Peter Ustinov, Olivia Hussey (espléndida María) o al gran Laurence Olivier. El tono pausado de la puesta en escena se compensa con un hábil montaje, una magnífica fotografía y una banda sonora penetrante y emotiva.
  
El proyecto fue avanzando hasta convertirse en todo un núcleo de exploración religiosa para Franco Zeffirelli. En la Navidad de 1975 es recibido por Pablo VI que bendice la película. A partir de ese instante el rodaje de Jesús de Nazaret se convierte en una experiencia titánica, con un reparto de lujo internacional, escenarios difíciles, y una idea clave: Un Cristo humano, cercano a los hombres, uno de ellos. Pero a la vez la esencia de la divinidad que cubre y trasciende la carne y la sangre del Hijo de Dios.
 
Las escenas del Templo cuando el Sanedrín se reunión, encabezado por Caifas, para juzgar a Cristo, son impresionantes, también la crucifixión. Toda la película transcurre de un modo pausado, espiritual que logra enroscarse en el corazón  del espectador. Zeffirelli –que declaró inspirarse en el Gólgota de Julien Duvivier– se fija en el Cristo humano, pero sus imágenes son estéticas, a veces muy elaboradas, otras realistas (la descripción de la dura vida de los judíos de la época). Y es que el modelo de Zeffirelli no es Pasolini ni siquiera Rossellini, sino el mucho más colorista y barroco Luchino Visconti.
 
Jesús de Nazaret se emitió como programa de televisión en la Pascua de 1976. El éxito fue espectacular (se calcula que en Italia el 80 por ciento de los italianos vió las emisiones), y el impacto sobresaliente. En su mensaje del Domingo de Ramos, el Papa Pablo VI puso a la película como ejemplo del “magnífico uso que puede hacerse del nuevo medio de comunicación que Dios ofrece al hombre”.
 
En los años siguientes proliferaron acercamientos musicales: la ópera de rock Jesucristo Superstar, dirigida por Norman Jewison –un gran éxito en las tablas– y la más modesta Godspell, adaptada para el cine por David Greene. De mayor interés es el ensayo teatral Proceso a Jesús, 1973, de José Luis Sáenz de Heredia que narra la reconstrucción del proceso a Cristo desarrollado veinte siglos después por un grupo de sefardíes en Toledo.
 
Y está por supuesto la fallida La ultima tentación de Cristo, de Martín Scorsese. Fue su mayor fracaso artístico pese a la campaña de polémicas que envolvió su lanzamiento y estreno. El guión es de Paul Schrader, notable director (Hardcore, Mishima) y calvinista atormentado que se basa en la novela de Kazantsakis, para plantear una duda inquietante: una posible tentación de Cristo, a punto de ser crucificado y que consiste en su abandono de la misión, el alejamiento de la Cruz y el inicio de una vida tranquila en algún lugar apartado del mundo.
 
Willem Dafoe resulta un Jesús inadecuado, siempre dubitativo o enojado, sin carisma ni capacidad para llevar adelante su Buena Nueva. Ahí reside el error fatal de La última tentación de Cristo, en esa visión alicorta del Hijo del Hombre que es deudora sobre todo de la novela, pero que Scorsese no fue capaz de evitar a la hora de su plasmación en imágenes. De ahí su escasa repercusión aún en su visión heterodoxa. La última tentación de Cristo no logró ni de lejos el impacto y la popularidad que en la década de los setenta había obtenido Jesucristo Superstar.
 

La Pasión de Cristo – Mel Gibson

 
Mel Gibson arriesgó en 2004 todo su talento y su fortuna en la producción y dirección de esta película que se acerca sin ambages ni temor humano al misterio central del cristianismo: La pasión, muerte y resurrección de Cristo, el Hijo del Hombre.
 
Gibson, de firmes creencias católicas al igual que Jim Caviezel narra las  últimas doce horas de la vida de Jesús. Y otorga, con la ayuda de su director de fotografía Caleb Deschanel, un tono  duro y sufriente a la imagen, sin eludir los aspectos más realistas y sangrientos de la tortura que sufrió Cristo.
 
Si estéticamente la película es extraordinaria, aún en su dureza –y con influencias visuales de Caravaggio y El Greco- desde el punto de vista fílmico es una obra maestra que se clava como una daga punzante en el corazón del espectador, creyente o no.
Gibson ha querido presentar la Pasión al espectador contemporáneo, como DeMille o Zeffirelli hicieron en sus respectivas épocas, y al igual que aquellos ha logrado su objetivo obteniendo una gran repercusión en todo el mundo y un insospechado y grandioso éxito comercial. Algo insólito para una historia conocida, muy dura, rodada en hebreo y arameo y sin la menor concesión al gusto contemporáneo. Mel Gibson ha optado por la crudeza de la verdad y ha logrado despertar las conciencias de sus contemporáneos.
 
La última escena de la película es la resurrección. De forma breve y expresiva: se abre la tumba donde está Jesús, Él se levanta despacio hacia la salida, de donde proviene la luz, se ve en su mano derecha la herida de los clavos. El Misterio de la muerte se ha tornado Vida. Ahí reside el núcleo de la fe cristiana.