Gran retrospectiva en Barcelona

Sorolla y la pasión por el mar

La vida del pintor valenciano siempre estuvo vinculada a los paisajes de la costa levantina y norte de España. No es de extrañar que su obra se centre al que fue su tema favorito y más popular de su pintura: el mar. CaixaForum Barcelona presenta la exposición "Sorolla. El color del mar".
Saliendo del baño (1915) Joaquín Sorolla

Saliendo del baño (1915) Joaquín Sorolla

El mar es el tema por excelencia de la pintura de Joaquín Sorolla. Su vida estuvo estrechamente vinculada a los paisajes de la costa valenciana, de las islas Baleares y del norte de España, que supo captar con extraordinaria maestría. Para ello, CaixaForum Barcelona presenta la exposición Sorolla. El color del mar, que indaga sobre la mirada del pintor, su particular modo de pintar el “natural” y de utilizar el color, centrándose para ello en un grupo de obras dedicadas al que fue el tema favorito y más popular de su pintura: el mar. Podrá ser visitada hasta el 14 de septiembre.
 
Esta muestra, comisariada por Consuelo Luca de Tena, pudo verse por vez primera en 2013 en el Museo Sorrolla, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Joaquín Sorolla (1863-1923), y posteriormente viajó a las Islas Canarias. Ahora, la exposición recala en CaixaForum Barcelona y lo hace en una versión ampliada que añade, a los fondos del Museo Sorolla, nuevas obras procedentes de colecciones particulares y del Museo Carmen Thyssen Málaga.
 
Barcas en paisaje (1909) | Joaquín Sorolla
Sorolla. El color del mar está compuesta por 80 obras, la mayor parte de ellas lienzos, y se completa con algunas «notas de color», pequeñas tablas o cartones fácilmente transportables, donde Sorolla tomaba sus apuntes del natural y que resultan imprescindibles para comprender sus métodos de trabajo. Estas «notas», salvo por sus pequeñas proporciones, reúnen casi siempre todos los ingredientes de un cuadro completo.
 
Así, el hilo conductor de la exposición es el viaje de Sorolla desde la naturaleza hasta la pintura. Sorolla proclamó continuamente su pasión por el «natural», y jamás quiso distanciarse de él, ni sumarse al progresivo alejamiento de la realidad que las vanguardias artísticas estaba llevando a cabo. Pero Sorolla era un pintor de su tiempo, y la exposición pretende llamar la atención sobre el hecho de que, en el proceso de trasladar al lienzo su visión de la naturaleza, Sorolla termina dejando que la pintura, su materia y su color, roben el protagonismo a la naturaleza representada.
 
Junto a los cuadros y apuntes, que desde las paredes presentan directamente cómo percibe el color del mar la pupila entrenada de un pintor muy dotado como fue Joaquín Sorolla, distintas vitrinas van desarrollando, mediante objetos, muestras de pigmentos y pinturas, breves textos y fotografías, un discurso paralelo sobre los medios que Sorolla tiene a su disposición para materializar su visión, y plantean de forma sencilla algunas cuestiones básicas de la pintura: qué es el color y qué estamos diciendo cuando decimos «azul».
 
Pescadora con su hijo, Valencia (1908) | Joaquín Sorolla

La fama de Sorolla se ha cimentado especialmente sobre dos aspectos de su producción: el tratamiento de la luz, que parece irradiar desde sus cuadros con el mismo calor vital que la luz del sol real que representa; y sus escenas de mar, donde el trabajo de los pescadores o el alegre baño de los niños se producen en el escenario donde esa luz tiene un campo más ilimitado, y donde el agua la multiplica en sus reflejos y la hace vibrar y resplandecer.
 
Nacido junto al mar, Sorolla debió de percibir muy pronto su fuerza como espectáculo, la fascinación visual del movimiento incesante del agua y de las nubes, del continuo sucederse de las distintas luces de horas y estaciones, el poder envolvente de sus atmósferas y la potencia emocional de sus grandes masas de color.
 
Arrastrado por el deseo de capturar en su lienzo ese espectáculo siempre huidizo, el artista desarrolla una técnica rápida que va haciendo cada vez más visibles las marcas del pincel sobre el lienzo, la huella de su mano transcribiendo, veloz, lo que sus ojos ven. En ese ejercicio de pintar, inmerso en su trabajo como los niños en el agua, Sorolla transforma su visión apasionada en otro espectáculo distinto: el de la propia pintura. 
Redacción

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