Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Razones para el Siglo XXI

Tyrone Power: su vida personal

El centenario del actor estadounidense es un buen momento para poner en su lugar y desenmascarar las múltiples falacias, errores o simplemente mentiras que recoge Hector Arce en su muy mediocre biografía "The secret life of Tyrone Power".

El centenario de Tyrone Power, una de las grandes estrellas de las historia del cine (mayo 1914 - noviembre 1958) es un buena oportunidad para adentrarse en distintos episodios de su vida y su carrera profesional.

 
En los últimos tiempos ha sido por desgracia frecuente la publicación de numerosos libros sobre estrellas del cine clásico en los que el análisis de la obra o incluso la mera biografía han perdido su importancia frente a la descripción de presuntos escándalos o cotilleos sobre actores y actrices.
 
Y aunque algunos han traspasado todas las líneas de la realidad y la ética (como el impresentable libro sobre Errol Flynn en el que Charles Higham –manipulando pruebas– le atribuyó el carácter de espía nazi –la mayoría se centran de forma obsesiva en el sexo, y si es para descubrir actividades presuntamente homosexuales mucho mejor. El coctel está servido.
 
No se trata por supuesto de coartar la libertad de nadie, para la historia del arte interpretativo es indiferente la actividad sexual que ejecutaran en sus vidas privadas Garbo o Marlene Dietrich, Laurence Olivier, Marlon Brando, Monty Clift, Rock Hudson, Richard Burton, Jodie Foster, Joan Crawford y, por supuesto, Errol Flynn o Tyrone Power.
 
Sin embargo, las biografías recientes de la mayor parte de las estrellas se centran de forma obsesiva en el sexo, como si no hubiera habido otra pulsión en sus ajetreadas existencias. En ocasiones parten de hechos reales, en otros –literalmente– se los inventan o los manipulan llegando a crear situaciones realmente pintorescas.
   
El centenario de Tyrone Power es un buen momento para poner en su lugar y desenmascarar las múltiples falacias, errores o simplemente mentiras que recoge Hector Arce en su muy mediocre biografía: The secret life of Tyrone Power.
 
Dejando un lado su escaso valor biográfico, su casi nulo conocimiento del arte del cine (al hablar de Salomón y la reina de Saba parece ignorar por completo quien es Kingg Vidor en la historia del cine), el texto de Arce se distingue por “descubrir” una vida secreta homosexual (bisexual más bien porque ni siquiera Arce puede soslayar las numerosas relaciones femeninas) que presuntamente atormentó a Tyrone Power toda su vida.
 
El libro no aporta una sola prueba fehaciente, un testimonio válido, y llega al paroxismo cuando el autor narra los pensamientos a solas del actor como si realmente hubiera sido su confidente.
 
Los hechos puros y duros son, sin duda, los siguientes: Tyrone Power contrajo matrimonio con la actriz Annabella en 1938 y lo hizo contraviniendo las instrucciones del jefe de la Fox, Darryl F. Zanuck que no veía con buenos ojos que su nueva estrella masculina y juvenil (con apenas 24 años) perdiera la soltería. De hecho, Zanuck castigó a Annabella que vio truncada su carrera en la productora.
 
En 1949 –tras un divorcio más o menos amistoso ya que permanecieron amigos hasta el final de su vida– se casó de nuevo con la también actriz Linda Christian, con la que tuvo dos hijas: Romina (1951) y Taryn (1953). Linda tuvo además otros dos embarazos fallidos.
 
Y en mayo de 1958, cuando Ty trabajaba como freelance contrajo matrimonio sorprendiendo a todos (ha habido indocumentados que han escrito que la Fox –con la que ya no tenía contrato desde 1954-  le obligó a este matrimonio) con Debbie Smith, quince años más joven que Ty. Menos de nueve meses tras la boda, nacería Tyrone Power Jr, el hijo póstumo del actor (que había fallecido en Madrid el 15 de noviembre de 1958 durante el rodaje de Salomón y la reina de Saba).
 
Entre estos tres matrimonios, Ty mantuvo relaciones comprobadas con Sonja Henie –actriz y patinadora– con Judy Garland que le amó con desesperación, y con Lana Turner, coleccionista de hombres y maridos que le recuerda como el mejor de sus amantes y con quien estuvo a punto de contraer matrimonio de no mediar Linda Christian. Y ya en los años cincuenta y una vez divorciado de Linda Christian, mantuvo una relación profunda con la actriz sueca Mai Zetterling (con la que coprotagonizó Abandon ship, en 1956).
 
Algunas fuentes le atribuyen más amoríos, e incluso se dijo que en 1938 dejó embarazada –sin saberlo– a una “starlette”. Al enterarse de ello en 1941 buscó el rastro de su posible hijo gastando una enorme cantidad de dinero, pero no pudo encontrarlo.
 
Frente a ello –realidad irrebatible– Arce fantasea con relaciones innominadas con hombres en su juventud, le atribuye una absurda relación con Errol Flynn –el gran conquistador de mujeres del cine– y en su ultima época le relaciona con el mentiroso profesional Gore Vidal. Siempre en secreto y con el alma dividida y atormentada. Arce, por supuesto, reconoce las relaciones femeninas y califica a Ty como bisexual, aunque llega a escribir –sin el menor testimonio a favor– que “prefería a los hombres”.
 
La única baza a favor de la fantasía es la amistad duradera y fiel que Ty guardó con el actor César Romero, soltero de oro, acompañante de bellas mujeres en fiestas y celebraciones y que muy posiblemente fue un discreto y elegante homosexual que decidió vivir su vida privada en la intimidad hasta el final de su días. En su derecho estaba, sin duda.
 
Dejando a un lado lo absurdo de relacionar como práctica la amistad simplemente porque se mantenga a través del tiempo, existen multitud de testimonios que desmienten la presunta angustia y lucha interna de Tyrone Power, como muestra los siguientes :
 
Sus esposas: Annabella despreció siempre el rumor sin darle mayor importancia; por su parte, Linda Christian lo negó y recordó en sus memorias de forma explícita el carácter humano de Ty y sus años de convivencia. Imposible sostener esa especie de doble y atormentada vida intima de la que no existe la menor prueba. Linda describe su vida con el actor en el libro Linda, my own story.
 
Su hija Romina recorrió toda la vida de su padre a través de docenas de personas que le conocieron en el libro Cercando i mio padre. Jamás encontró un solo testimonio que avalara los rumores de bisexualidad y sí en cambio pruebas y testigos de lo contrario.
 
Su amigo, el actor Jack Elam: Ty le ayudó en varias ocasiones, y durante el rodaje en Filipinas de Guerrilleros de Filipinas de Fritz Lang pasó varias horas con él, muchas veces a solas hablando de lo humano y lo divino. Elam recordaría tiempo después: “la información es una pura basura. Se de lo que me hablo y estuve muchas horas con Tyrone. Es todo una falsedad propalada muchos años después de su muerte para que no pueda replicarla”. La entrevista completa la realizó el periodista Tom McNulty (invierno 1998: Films of the golden age).
 
La actriz Lana Turner, amante apasionada durante años, no solo calificó de “basura” y “falsedad” los rumores, sino que añadió textualmente que ella no solo no percibió sensación alguna sobre los mismos, sino que Ty Power fue uno de los mejores hombres –en todos los sentidos– que había conocido (y conoció no pocos). Todos los detalles se recogen en Lana: the lady, the legend, The truth, sus memorias no exentas de datos curiosos.
 
La actriz Mai Zetterling, amante de Ty y compañera de reparto en Abandon ship (1956) desmiente categóricamente los rumores y recuerda las apasionadas –y poéticas– cartas de amor que el actor le enviaba. Lo recoge en el libro de memorias All those tomorrows. En igual sentido declararon actrices como Loretta Young y la explosiva Anita Ekberg.
 
 

Testimonios de periodistas y familiares

 
El piloto Bob Buck, amigo del actor, le dedicó un capítulo en su libro North Star over my shoulder. Ni sombra de los rumores.
  
Tom McNulty, un avezado periodista y amigo de Ty llegó a escribir: “no sé –nadie lo puede saber porque pertenece a la esfera íntima– si el hombre llegó o no a sentir en su fuero interno deseos bisexuales. En todo caso solo a él le compete y a su libertad personal. Pero de lo que no dudo y nadie que le conociera puede dudas es de su amor, deseo, atracción y desvelos por las mujeres. Hay demasiados ejemplos de lo evidente”. McNulty dedicó años de su vida a rastrear la vida de actores como Tyrone Power o Errol Flynn y no encontró huella alguna de bisexualidad. El periodista tuvo en sus manos las cartas privadas de Ty a Linda Christian y a Deborah Smith, e incluso las antiguas dirigidas a Sonja Henie y Annabella. Charló ampliamente con el entonces juvenil Christopher Plummer (quien por cierto admitió hace muy poco su propia bisexualidad) que negó los rumores sobre Ty con toda firmeza.
 
McNulty se entrevistó con Anita Ekberg (que acompañó al actor en una de sus giras teatrales y con Mathew Kennedy, autor de una biografía de Joan Blondell (la coprotagonista de El callejón de las almas perdidas). Todos describen la profunda atracción que Tyrone Power sentía por las mujeres, amen de su carácter encantador, educado y siempre solícito, ni sombra de las presuntas torturas interiores que el pésimo libro de Arce inventa en sus páginas.
 
William Martin, primo de Tyrone Power y amigo de la infancia vivió muy cerca del actor entre 1936 y 1938; niega cualquier rastro de bisexualidad concluyendo “jamás vi un solo signo de ello”.
 
Los datos se encuentran en libros de memorias como Debbie, my life de Debbie Reynolds, Queen of ice, queen of shadows the unsuspected life of Sonja Henie, de Raymond Strait, Self portrait de Gene Tierney –otra amiga personal de Ty al que dedica hermosos comentarios en sus recuerdos-  y In spite of myself de Christopher Plummer.
 
Igualmente Billy Wilder, director de Testigo de cargo, recuerda con agrado el viaje a Europa que realizó con Ty, Marlene y Charles Laughton promocionando la película. Wilder recoge en sus memorias que no observó ni sombra de pulsión homosexual en el protagonista de su película.
 
En cuanto a las biografías personales del actor, la más completa continúa siendo Tyrone Power, the last idol de Laurence Guiles.
 
En suma, Tyrone Power emerge como una personalidad atractiva, un hombre sin enemigos en la industria, capaz de concitar simpatías y adhesiones, que llevó una vida muy intensa –entre otras razones por su deseo hacia las mujeres-, soñador de una familia ideal con hijos (sobre todo el hijo varón que no llegaría a conocer) pero que en su corta vida en la tierra no pudo sino vislumbrar instantes y momentos de esa trayectoria. Tal vez si hubiera superado su infarto de noviembre de 1958 su matrimonio con Debbie Smith, el giro inevitable de su carrera enfilada ya hacia la madurez, hubiera descubierto un nuevo Tyrone Power. Un actor consciente, enamorado del teatro, culto (entre sus proyectos ultimos se encontraba una colaboración activa con el escritor Alejo Carpentier) y extremadamente profesional. Todos sus compañeros sin excepción así lo reconocieron y lo resume King Vidor cuando en sus memorias recoge el recuerdo trágico de Salomón y la reina de Saba (“la muerte de Ty provocó una herida en mí que no cicatrizará jamás”).
 
En el siguiente artículo hablaremos de sus películas y de su muerte en Madrid en el transcurso de una escena de la mencionada película.
 
Su vida personal, sus deseos y sus misterios le pertenecen (como dice la bella canción de Raphael: Qué sabe nadie). Pero eso no da derecho a inventar los hechos o a manipularlos.