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Ángela P.

El ambigú

El ambigú es la colaboración de Ángela P. en Ritmos 21. Un lugar al que ir en los entreactos. Una pequeña muestra de su visión personal sobre los temas más variopintos.

Ángela escribe el blog Pero qué broma es ésta. Lectora voraz, es autora del libro Relatos al ácido. Aficionada al teatro, al cine y a la música, a veces se calza las zapatillas de correr para compensar sus excesos gastronómicos.

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Diario de viaje

Quince días en Perú. Tercera etapa: Lago Titicaca, cañón del Colca y Arequipa

Colibrí en el monasterio de Santa Catalina, en Arequipa

Colibrí en el monasterio de Santa Catalina, en Arequipa

Fotos: Ángela P.

TAGS PerúTurismo

Atravesamos los Andes en un tren colonial, disfrutando de su belleza salvaje, y llegamos a Puno, desde donde se visita el lago Titicaca, el mayor lago de agua dulce de Sudamérica y la masa de agua navegable a más altitud del mundo. Después, nos dirigimos a Chivay para visitar el cañón del Colca. Nuestra última parada sería Arequipa, la Ciudad Blanca. Al fondo, majestuoso, el Misti.

 

Puno y lago Titicaca

Andrean Explorer

Tomamos el Andean Explorer, un tren colonial de lujo con restaurante y coche panorámico que cubre la ruta de Cuzco a Puno en 10 horas y media. El precio es de unos 300 dólares por persona e incluye un pisco sour a la llegada y una deliciosa comida. No es nada barato, pero la experiencia merece la pena. Es precioso, cómodo, los paisajes son una maravilla y el viaje se hace de manera muy agradable, hasta el punto de que uno se pregunta por qué ha tenido que llegar ya a destino.

Interior del Andean Explorer.
De camino a Puno en el Andean Explorer.


La entrada a Puno resulta un tanto agridulce, con puestos de mercadillo a los lados de la vía. La ciudad, con sus casas a medio construir (una artimaña para no pagar todo el impuesto que correspondería) sirve de base de operaciones a los viajeros que desean visitar el lago Titicaca y la plaza y la calle principal tienen cierto interés. El Mojsa es una buena opción para cenar.

 

Nos alojamos en el Tierra Viva Puno Plaza, cómodo, con habitaciones amplias y un buen desayuno, aunque al anochecer refresca y pasamos algo de frío.

 

En Puno contratamos nuestra excursión al lago, en concreto a las islas de Taquile y Uros, con la agencia Edgar Adventures.

Isla de Taquile.

La isla de Taquile tiene mucho encanto. Es pequeña y preciosa. Fue parte del Imperio Inca, pasando luego a manos de los españoles. En la actualidad, es propiedad de los propios taquileños. Hablan quechua (al contrario que los habitantes del resto de las islas), se rigen por el código moral Inca, su comunidad y su economía se basan en el colectivismo y en la actualidad están muy orientados al turismo. La pericia de los hombres tejiendo es determinante a la hora de encontrar esposa y rechazan los avances del mundo moderno, sin intención ni deseo alguno (ni siquiera por parte de los jóvenes) de trasladarse a Puno.

Isla de Taquile
Isla de Taquile


Los uros son un grupo étnico pequeño, diferente a los aimara y a los quechua y anteriores a los incas. Viven en islas flotantes hechas de totora (juncos) formando diminutas comunidades. Se dice que se establecieron de esta forma huyendo de los incas. Hoy en día se dedican principalmente a elaborar y vender artesanía y al turismo. Las islas se pueden visitar y, aunque pretenden ser muy auténticas, el viajero no consigue desembarazarse de la sospecha de que es todo un pequeño teatrillo. No son, en absoluto, tan idílicas como Taquile y la vida allí se presenta dura y, en cierto modo, se contempla con un cierto escepticismo.

Balsa de totora en una de las islas Uros.
Casas y puestos de artesanía en una de las islas Uros.


Chivay y cañón del Colca

 

Desde Puno nos trasladamos cómodamente hasta Chivay en un autobús 4M Express. El trayecto dura unas cinco o seis horas y se realizan breves paradas turísticas en Lagunillas, Pampa Cañahuas y en el mirador de volcanes Patapampa. Esta ruta permite conocer un poco más el altiplano, la fauna de la región y avistar alguna vicuña o algún otro simpático camélido andino. En Patapampa se encuentra marcados los volcanes para que el viajero pueda identificarlos: El Ampato, el Sabancaya, el Hualca Hualca o incluso el Misti. Los montículos formados por piedras se llaman apachetas y son ofrendas a los Apus (divinidades de las montañas) y a la Pachamama (Madre Tierra).

Patapampa: Volcanes y apachetas.

Elegimos Chivay como punto de partida para visitar el cañón del Colca (el segundo más profundo del mundo) y la Cruz de Cóndor, un mirador, lugar de anidación de una gran familia de cóndores y desde donde normalmente pueden observarse durante las primeras horas del día.

 

Nos quedamos en el Casa Andina Classic Colca. El primer día paseamos por el pueblo y contratamos la excusión, cenamos algo en el restaurante del hotel y nos fuimos a dormir temprano, a pesar de que eran las fiestas de la Virgen de la Asunta (o la Asunción, día 15 de agosto), porque al día siguiente teníamos que madrugar. Sin embargo, sobre las diez de la noche del día 14, se produjo un sismo (5,3 grados en la escala de Richter) que duró unos treinta segundos, con epicentro a 10 km de Chivay y profundidad de 8 km. Dejó varios muertos, decenas heridos, el hotel Eco Inn Colca colapsó y quedó destruido, así como muchas viviendas, se produjeron daños en iglesias como la del cercano Yanque o la de Ichupampa, las vías de acceso a y desde Chivay quedaron bloqueadas y se suspendieron las rutas turísticas.

 

 

Sin embargo, los habitantes de Chivay siguieron celebrando su fiesta, cantando, tocando y rezando a la Virgen para que no hubiera réplicas. Durante el día 15 continuaron los festejos y los pasacalles mientras evaluaban los destrozos, recolocaban las mercancías en los estantes de las tiendas o servían comidas y bebidas para los viajeros en los pocos bares con wifi de la plaza.

 

En la agencia en la que habíamos contratado la excursión al Colca fueron increíblemente amables con nosotros. Nos devolvieron el dinero y, como estábamos un poco asustados y queríamos seguir ese mismo día para Arequipa, pero los servicios de los autobuses ordinarios de línea estaban interrumpidos, nos buscaron transporte. Por la tarde dejábamos Chivay junto con una pareja de alemanes que venían precisamente del Eco Inn Colca. Nerviosos, porque caía la noche y por la posibilidad de que un nuevo seísmo nos pillara en el camino, con peligro de desprendimiento, hicimos el viaje en un estado bastante alterado. Por fin llegamos sin percances a Arequipa.

 

Arequipa

Plaza de Armas y catedral de Arequipa.

Arequipa, la Ciudad Blanca, es la segunda mayor ciudad de Perú y recibe este nombre por estar construida casi en su totalidad en roca volcánica blanca (sillar). Sitiada por tres volcanes, de ella proceden (al menos) dos glorias nacionales peruanas: El Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el chocolate La Ibérica.

 

Indispensables son la plaza de Armas, la catedral o la iglesia de la Compañía (con su fachada de estilo churrigueresco).

Monasterio de Santa Catalina.

El monasterio de Santa Catalina de Siena ha de ser para el viajero un compromiso absolutamente ineludible. Ocupa una manzana entera y es, en verdad, una pequeña ciudad en miniatura. Fue fundado por doña María de Guzmán y habitado por monjas, muchas de ellas elegidas entre las mejores familias españolas. Las características de las celdas variaban en función de la posición social de las inquilinas: Algunas eran verdaderas casitas, con su pequeño jardín, cocina privada, sala y un par de dormitorios. Otras, como la que ocupaba una pobre monjita “becada”, eran mucho más humildes. Se dice que tenían sirvientas y organizaban fiestas a las que invitaban a músicos, hasta que la hermana Josefa Cárdena, enviada por el papa Pío IX, tuvo que poner orden en 1871. Aquí vivió también Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, beatificada en 1985 por el papa Juan Pablo II, a la que se le atribuyen milagros y predicciones y es objeto de culto popular y cuya celda se puede visitar.

Monasterio de Santa Catalina.
Monasterio de Santa Catalina.


Nos alojamos en el Casa Andina Private Collection, comimos varias veces en el Chicha de Gastón Acurio a un precio más que competitivo para los estándares europeos y con deliciosos resultados (absolutamente indescriptible el lomo saltado) y, simplemente, disfrutamos de un maravilloso, tranquilo y pulcro centro histórico, dando plácidos paseos tras nuestras recientes aventuras.

 

También aprovechamos para hacer algunas compras, como chocolate en cantidades industriales, bufandas de lana de baby alpaca, gorros, guantes y preciosos y coloridos chales.

 

Finalmente nos despedimos del Perú y cogimos un vuelo para nuestro próximo (y muy prometedor) destino.