El hijo de puta pródigo, un poema de Dimas Pardo López

 El hijo de puta pródigo
 
La hago retroceder
Y con una amanerada pero pingüe estocada
Peliculeramente le hago soltar su espada.
 
Guardo la respiración para cuando me valga.
Será después de preguntarle que oculta tras el flequillo,
Será después de dejarla huir asustada.
 
El instrumento musical, conceptual, en realidad, comercial
Con el que abren del cielo, las aves, las gradas
Y la manera de llegar tarde las olas a la playa
Te dejan con la pantalla apagada y las hojas cortas.
Señalados aniversarios de bobadas
De una vida vívida y soñada.
 
Mira el mar. Nunca sirvió de menos.
Estúpida chapuza acuosa
Que resultó estar sosa y fría como el hielo.
Pequeños alfileres de chaqueta
Que te pinchan la hora de la siesta
Y se hacen fuertes dando dulzor al veneno.
 
Fines de año y despedidas tras un corto reencuentro
Que llegan en el último momento.
Tú a la otra orilla del beso.
Mi corazón que es el último de los puntos suspensivos
Y  viene puntual desde muy lejos.
 
Intercambiando paseos sin pisadas
Las huellas que no llevan a nada.
 
 
 
Si hay algún destino escrito
Por el humo celeste de avionetas sin faltas de ortografía
U oculto en el pedimento de cartón de algún mendigo,
Unos nuevos viejos tiempos muriéndose de ganas,
Que dejen de fruncir el coño, que salgan.
 
El tren cruzaba los campos de limoneros enterrados en polvo.
El indiscutible infierno de tener tantos amigos y acabar cenando solo.
 
Repartiré en las lonjas un par de besos
A quien venga a recibirme.
Hay tanta gente a la que matar antes de morirme…
 
Puede que alguien sufra más
Pero yo sufro mejor.
Vienen a mí las esperanzas resueltas
Y mientras, mi mano se escapa a la habitación de las libretas
Y brega con el papel
Dibujando un insondable camino de vuelta.
 
DIMAS PARDO LÓPEZ
Dimas López Pardo

Dimas López Pardo

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