ANÁLISIS - "La cultura que podemos"

La inconcreción de la política cultural de Podemos

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Un “cambio profundo del modelo cultural”. Eso es lo que propone el Círculo Podemos Cultura, tal y como comunicaron esta semana en una rueda de prensa para presentar el documento La Cultura que Podemos, un documento que, insisten, no es programático, sino “un documento marco que permita el contacto y la participación” del sector y que llame al “debate y la reflexión” y que suponga una ruptura con las políticas culturales anteriores que “han servido para la consolidación de élites y redes clientelares”.

La nueva política cultural debe dirigirse, según Podemos, a la consecución de cuatro objetivos: conectar la cultura con la ciudadanía, hacer del sector un sector sostenible, reducir la dependencia institucional e introducir la participación de la ciudadanía en las programaciones.
 
Exige la eliminación de desgravaciones fiscales a las empresas que inviertan en cultura
El documento, de once páginas de extensión, pretende ser un corpus que articule las relaciones del recientemente aprobado Circulo de Cultura con el sector, además de diagnosticar sus males. Sin embargo, es un papel vacío de medidas concretas, pese a que durante la rueda de prensa, los comparecientes aseguraron que algunos de los puntos “podían implementarse ya”. Jorge Lago, miembro del Círculo de Cultura y del Consejo Ciudadano, afirma que el sector cultural se encuentra en una situación de “extrema urgencia” que exige un “cambio profundo del modelo cultural” contando con todos los “actores  y actrices ” del sector de la cultura, que puedan “sentir como algo suyo” el programa definitivo de Podemos.
 
Por su parte, Jazmín Beirak, miembro también del Círculo de Cultura, asegura que el documento trae consigo una “novedad”: “romper la dicotomía entre la privatización y la política institucional de control”. Además, se proponen desarrollar un “espacio cultural autónomo e independiente” garantizado por las Administraciones Públicas, pero evitando los “tutelajes creativos” y desarrollando un plan de financiación pública sobre objetivos, no con la “improvisación” – dicen – con la que se ha hecho hasta ahora. Para ello, se precisan, en opinión de Veira, unas instituciones “más democráticas y dotadas de mecanismos de escucha”. Cómo se articula, aún no está resuelto.
 
Para Pablo Iglesias Simón, el objetivo es hacer a los ciudadanos “partícipes de la cultura”, en una cultura que, en su opinión, debe asentarse sobre tres pilares: diversidad, accesibilidad y participación y sostenibilidad y autonomía. Una cultura en la que los profesionales puedan “vivir dignamente de su trabajo” y en la que el se revise el régimen fiscal, para lo cual abrirán un debate –otro más– con profesionales y economistas.
 

Interrogantes sobre la política cultural de Podemos


 
Sobre mecenazgo, una palabra estrella en toda política cultura, desde Podemos afirman que se ha de incentivar las iniciativas autogestionadas, el micromecenazgo y que el mecenazgo de las grandes empresas “no sea un mecenazgo de publicidad o desgravación fiscal”.
 
Podemos se presenta en la cultura, y lo hace con un documento repleto de lugares comunes que no son explicados -¿redes clientelares?, ¿democratización?-, y que no van acompañados de medidas –más allá de bajar el IVA cultural al 4%–, ni de aplicación inmediata, ni no inmediata.
  
Lejos de aclarar posiciones, la rueda de prensa y el documento presentado  esta semana no hace sino abrir nuevos interrogantes que, por lo delicado del tema tratado y de la situación por la que atraviesa la cultura, adquieren un perfil de brindis al sol. Para realizar un diagnóstico real sobre algo, no sólo hay que nombrarlo, sino que se precisa una cierta explicación, por muy sucinta que sea. Máxime cuando es un partido político el que diagnostica. Que la situación de la cultura es mala, no es un secreto ni un misterio; es una realidad. Su afección la achacan los responsables de Cultura de Podemos, a “redes clientelares”. ¿Qué redes clientelares son esas? Siendo dos palabras que se repiten reiteradamente en las once páginas del documento, bien merecerían una explicación.
 
Los beneficios del artista nunca deberán ser menores al resto
Se echa en falta, también, algo que es primordial. ¿Qué entienden en Podemos por cultura? Porque no todo es cultura, del mismo modo que no todos los animales con pico son patos. La base de cualquier política cultural –y no cultural– es una definición que delimite lo que es y no es cultura. Definición que brilla por su ausencia y que introduce el documento presentado en el pantanoso sendero de lo vacuo.
 
Sobre el mecenazgo de las empresas privadas, el documento afirma que ha de ser un mecenazgo alejado de la publicidad y la desgravación fiscal. Afirma también que hay que incentivarlo. ¿Cómo se va a incentivar el mecenazgo si una empresa privada, de forma legítima, no puede aspirar a cierta publicidad y a unos beneficios fiscales sobre el dinero donado? Sería bueno que se comprobara hasta qué punto grandes empresas de este país colaboran en el sostenimiento de la cultura, recibiendo a cambio que su logo figure en un tríptico publicitario o en una pared de un museo, y la desgravación fiscal. Si se entorpece, si se retiran los beneficios lógicos que el mecenazgo conlleva, no tardarán las empresas en abandonar tan necesaria tarea y entonces sí, los perjudicados serán los ciudadanos. ¿Os que acaso puede el crowfunding sostener la restauración de un Miró o la organización de una gran exposición temporal?
 

IVA superreducido y subvenciones públicas

 
Sin embargo, en el programa de Podemos presentado a finales del año pasado, encontramos más medidas concretas –a pesar que solo le dedican cuatro párrafos a la política cultural- que en el documento presentado esta semana.
 
Entre las más destacadas de aquél documento, se situaban la implantación de un IVA cultural superreducidoconcretamente al 4%-, frente al 21% actual y al 8% de antes de 2012. ¿Es necesario un impuesto tan bajo? Para el sector cultural sería un alivio tras la presión fiscal en la que se encuentra actualmente. Sin embargo, ¿es asumible?
 
Propone "la recuperación de museos para las grandes mayorías sociales"
Entonces, proponían la “recuperación de los museos, los monumentos y el conjunto del patrimonio cultural material e inmaterial para las grandes mayorías sociales fomentando su gratuidad o un modelo de precios reducidos mediante subvenciones públicas”. Algo que suena bien, pero cuya explicación no aparecía entonces, y sigue sin aparecer ahora. Cabría preguntarse si instituciones culturales creadas sin dinero público como la Fundación Juan March o La Casa Encendida –cuyo sistema de precios es bajo, cuando no gratuitos como en el caso de la Juan March- deberían ser públicas y, de serlo, qué gasto supondría para el Estado cuando en la actualidad el cien por cien capital es privado.
 
En esos escasos cuatro párrafos, también reclamaban que los beneficios del artista nunca fueran menores a los obtenidos por la difusión y distribución de su obra. Una reclamación que, sin embargo, se encuentra con un problema capital. Las pequeñas y medianas galerías de arte obtenienen unos beneficios limitados por la distribución y difusión de las obras de sus artistas, lo que dificulta sobremanera su supervivencia. Si esos márgenes se reducen aún más, el panorama que se les plantea será difícilmente asumible.
 
En España no ha habido nunca una política cultural de altura, precisamente porque no había una definición de qué era cultura, ni medidas concretas orientadas al sector y a la sociedad. Y los documentos presentados por Podemos, el de finales de 2014 y el de esta semana,  no suponen una excepción: más gasto estatal y menor participación de la iniciativa privada
A.Petit/ M. Mirón

A.Petit/ M. Mirón

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