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Hablemos de vestuario

Entre telas y figurines

Elaboración de figurines, muestra de telas, confección de trajes... El vestuario juega un papel fundamental en la escenografía de toda obra de teatro. Hablamos con los responsable del vestuario de ´Don Juan Tenorio´,´ Carlota´, ´Sueños y visiones de Ricardo III´ y la Sastrería Cornejo.
Elaboración de figurines, muestra de telas, confección de trajes, prueba de vestuario, ensayos, retoques de última hora, cambios veloces de ropa durante la actuación. El vestuario juega un papel fundamental en la escenografía de toda obra de teatro y cualquier detalle tiene que estar perfectamente medido para que durante la función, nada falle. En el proceso interviene el director, el figurinista, los ayudantes de vestuario, los talleres de confección o el equipo técnico del teatro. Un trabajo de muchos meses que durante las dos horas de función puede pasar desapercibido o atraer la atención de los espectadores por su excentricidad.

Marco Hernández se encargó del diseño del vestuario de la versión de Blanca Portillo de Don Juan Tenorio, una adaptación del texto que ha causado críticas positivas y negativas por presentar una nueva concepción de este personaje. El vestuario, que ha llevado año y medio al equipo, también difiere del Don Juan de “pluma, capa y espada”.

“Blanca tenía una idea muy clara de lo que quería. Quería un vestuario contemporáneo, le gustaba mucho la idea de moda, de pasarela, quería que estuvieran muy guapos, muy atractivos y que el escenario fuese prácticamente una pasarela donde se pudieran lucir”, explica Marco. Tras la primera reunión, donde se sentaron estas bases, él comenzó un recorrido por las principales pasarelas ─París, Milán, Nueva York o Río de Janeiro─.  Planteó entonces a Blanca una serie de figurines y llegaron a la conclusión de que los modelos masculinos iban a ser comprados a una firma de ropa y los femeninos, confeccionados para la ocasión.
Figurín de Carlota - Felype de Lima
Felype de Lima, responsable del vestuario de Fausto, dirigido por Tomaž Pandur, eligió también la opción de la confección para la obra. “Trabajar con Tomaž es una locura”, explica, “es un viaje que te remueve las entrañas, te hace buscar, replantear, imaginar, recrear. Intenta quitar lo que harían los demás o lo que se haría o se hace y dar un paso más allá”. Ambos llevaron a cabo un proceso de investigación para crear esta versión del texto de Goethe que también ha generado numerosas controversias.

Durante todo el proceso, Felype cuenta con una ayudante, mientras que Marco lo hace en solitario. Una vez realizados los figurines y aprobadas por el director las telas y los diseños, llega el momento de acudir a un taller. Según la complicación de los elementos es posible que tengan que recurrir también a talleres de máscaras, de trabajo en cuero o de zapatos, detalla el figurinista de Fausto.

Aunque ninguno de los dos diseñadores ha recurrido a ella para estos proyectos, quizá porque no encajan con el perfil de la empresa, la Sastrería Cornejo es una de las más reconocidas en cine, teatro y televisión, sobre todo en lo que se refiere a vestuario de época. El pasado otoño se ocuparon de vestir a los personajes de Sueños y visiones del rey Ricardo IIICarlos Martín, Teatro Español­─ y en las próximas semanas se podrán ver sus confecciones para Enrique VIII y la Cisma de Inglaterra ­─Ignacio García, Teatro Pavón­─ y La pechuga de la sardinaManuel Canseco, Teatro Valle-Inclán─.

Para Sueños y visiones del rey Ricardo III, la figurinista, Ana Rodrigo, comenzó el proceso con tres meses de antelación. “Ella tenía claro que por problemas de presupuesto no iba a poder confeccionar mucha ropa nueva y sabía que teníamos trajes de esa época”, explica Humberto Cornejo, responsable de la sastrería en la actualidad. Ana Rodrigo acudió durante dos semanas a los almacenes que Cornejo tiene en Azuqueca de Henares, realizó una preselección, “que suele ser siempre el doble de lo que necesita”, y ya en los talleres que la empresa tiene el distrito madrileño de San Blas, trabajó con los trajes, montó los maniquís sobre los personajes y tomó fotografías que posteriormente enseñó al director de la obra. Finalmente, se citó allí a los actores para hacer las pruebas y realizar las correcciones necesarias. Para dicha función sólo se confección un traje, el que vestía Juan Diego en el personaje de Ricardo III.

Para Enrique VIII y la Cisma de Inglaterra el proceso ha sido totalmente diferente: “salvo tres trajes, todo el vestuario ha sido confeccionado nuevo”, relata Humberto. “Pedro Moreno presentó unos figurines al director y a la compañía, se los aprobaron, nos los trajo, nosotros llegamos a un acuerdo con la compañía, eligió las telas y empezamos a cortar”, continua. Posteriormente han tenido que “ambientar” la ropa, pues el diseñador no quería que los trajes estuvieran “completamente nuevos e impolutos”.
Figurín de ´Don Juan Tenorio´
Cuando los figurinistas acuden a Cornejo suelen toman los trajes en régimen de alquiler. En el caso de que esa ropa haya sido diseñada especialmente para dicha función, tendrán que pagar, además de la cuota de renta, un 50% de su valor en venta. “Hasta el año y medio no amortizamos ese traje y a partir de ese periodo recomendamos comprarlo en vez de alquilarlo”, explica Humberto.

Una vez entregado, la sastrería no se ocupa del mantenimiento del vestuario, aunque siempre hay excepciones: el elevado número de personajes de Follies Mario Gas, Teatro Español─, hizo que Cornejo enviara un equipo para reforzar a los responsables técnicos del teatro hasta el ensayo pregeneral. En el caso de las producciones del Teatro de la Zarzuela, los trabajadores de Cornejo llegan a colaborar hasta el día del ensayo general haciendo “composturas hasta el último momento”.

La crisis ha aumentado en este sentido las necesidades de los equipos. “Yo he vivido montajes de teatro con compañías que no llevan una sastra, y hay determinadas cosas que las sabe hacer cualquiera, como coser un botón, pero cuando es una cosa más importante, si no están de gira, vienen aquí”, explica la cabeza visible de Cornejo.

El equipo técnico de vestuario de un teatro o compañía suele ocuparse de lavar y planchar los trajes para la próxima función, arreglar los pequeños desperfectos que se han producido al actuar y ayudar a los actores en los rápidos cambios de ropas que tienen lugar en el curso de la obra. Marco Hernández lleva 16 años trabajando en este ámbito y fue Blanca la que le ofreció, tras conocerle en La Avería, ocuparse de la parte creativa de un vestuario por primera vez. Sin embargo, una vez finalizada esta tarea, Marco ha decidido formar también parte del equipo técnico y lo explica con una clara metáfora: “nace tu hijo y se lo das a alguien; yo quería acompañarle y seguir viéndole crecer”.

De las prendas resultantes en este Don Juan Tenorio, llama la atención que los personajes masculinos vistan vaqueros y camisetas adornados con tirantes u otros elementos que buscan darle un “toque teatral” a ese estilo “tan de calle, contemporáneo y actual”.  En el caso de las figuras femeninas, Marco explica que la creación de las indumentarias para las dos monjas fue “todo un reto” porque sobre el escenario habría ropa comprada y ropa confeccionada que debía “empastar” a la perfección.

“Blanca quería que diseñase un hábito que no hubiera en ningún sitio para crear nuestra propia hermandad”, relata. Confeccionaron dos hábitos, uno corto y uno largo, para diferenciar a la abadesa de la tornera. Ambos son en tejido vaquero, con unos dobles cuellos muy altos y doble puño, y sobre la cabeza llevan “una especie de tocado-turbante que reúne distintas religiones, puede ser un poco musulmán, cristiano, etc.” Marco explica que Blanca deseaba una indumentaria “sencilla, muy limpia, pero no muy minimalista, y que fuera muy elegante”.
Figurín de ´Carlota´ - Felype de LimaUno de los personajes que sorprende por su atuendo es el de Doña Inés. Al principio viste un “vestido de lino con un cuello de bebé doble”. De esta manera se pretende reforzar la idea de que “es una niña y está en un convento”. Por esto último, al igual que las monjas, lleva el doble cuello y el tocado.  Una vez que Doña Inés muere, se convierte en un fantasma y su decepción con Don Juan hace que se pase al lado opuesto. “Me apetecía que fuese una sombra algo sexy, por eso que lleve el hombro un poco descubierto, y la actriz que interpreta a Doña Inés, Ariadna, es bellísima, estupenda, de ir tan tapada, a enseñar su belleza”, cuenta el figurinista.

El trabajo que Felype de Lima realizó en Fausto también está cargado de múltiples significados que, aunque quizá no todos los espectadores llegan a comprenderlos, él considera que “hay que construir un espectáculo con diferentes niveles de entendimiento, de simbología o de lenguaje”.  Uno de los elementos clave de su propuesta son las máscaras: de gas con orejas de caballo, de esqueleto de vaca, de una cerda o un gorro con orejas de conejo. Para Felype se trata de “un elemento puramente teatral el esconder tu personalidad y transformarte en ser otro.” Desde pequeño confiesa que es un apasionado a los títeres, las máscaras y la cultura japonesa y cree que, salvo el primer elemento, todo ello está presente en Fausto.  

Sin embargo, no todos sus trabajos son tan rompedores, aunque sí trata de dotarlos de un trasfondo. Felype se ocupó del vestuario y la escenografía de Carlota, estrenada en 2013 en el Teatro María Guerrero, bajo la dirección de Mariano de Paco. “Aunque parezca más cercano, no es tan realista, ya que todo el vestuario va en negro y hay una mezcla de épocas y un trabajo a través de la figura de la mujer. Contamos casi 30 o 40 años de la historia del traje”, relata. El resultado fue tan excelente, que ha sido uno de los finalistas al Premio Adrià Gual de Figurinismo que otorga la Asociación de Directores de Escena (ADE).

Preguntados ante si creen que los vestuarios no gozan de todo el reconocimiento que debieran, los dos figurinistas se muestran dubitativos, aunque acaban por concluir que hay una parte del público que no comprende el número de personas y la cantidad de trabajo que hay detrás de los trajes que se visten sobre el escenario. “Las personas no se preguntan cómo se hacen las cosas, solo las obtienen, pero no valoran el diseño que hay detrás o las personas que trabajan”, declara Felype, que considera que es en las grandes ciudades donde sí se aprecia más su valor. Lo que tiene claro este diseñador, nacido en Brasil aunque de familia española, es que aquí  “hay una tradición de teatro clásico muy arraigada al texto literarios de la que algunas veces es muy difícil despegarse y falta dar el paso de pensar en la totalidad y de revolucionar”. Ambos coinciden en que con propuestas más arriesgadas y actualizadas como estos Fausto y Don Juan Tenorio, se podría acercar más la tradición teatral a los jóvenes españoles.
María Matos - @mme_mus

María Matos - @mme_mus

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