Razones para el Siglo XXI

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Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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¿Quién es Vázquez de Mella?

Los curiosos avatares de la política municipal madrileña tras la investidura del 13 de junio adquieren a veces tonos tragicómicos cuando los “policías del pensamiento” redactan listas negras para intentar cambiar la denominación de las calles. Al parecer, en algunas de ellas podrían figurar nada menos que Salvador Dalí, uno de los grandes artistas genios del siglo XX y Agustín de Foxa, el ilustre autor de “Madrid, de corte a checa”.
 
El penúltimo episodio, éste ya consumado, ha sido la sustitución del nombre de la plaza Vázquez de Mella de Madrid por la de un icono del movimiento LGTB recientemente fallecido.
  
Tal vez el descenso del nivel cultural que nos corroe lleve a algunos a preguntarse: quién es Vázquez de Mella. Buena ocasión para trazar unas pinceladas. Tengo la fortuna de guardar en mi biblioteca cuatro voluminosos tomos de sus Obras Completas que desde luego trazan el carácter de este tribuno e intelectual que desarrolló un intenso ideario y una profunda construcción intelectual en la España de su tiempo. Las obras completas se editaron en 1931 por la Junta de Homenaje a Mella (editoriales Voluntad de Madrid y Casa Subirana de Barcelona).
 
Juan Vázquez de Mella y Fanjul (Cangas de Onís, 8 de junio de 1861 – Madrid, 26 de febrero de 1928, Madrid). Sus primeras armas oratorias las hizo en el Ateneo compostelano, después, ya como periodista comenzando a participar en el movimiento tradicionalista al que trató de dotar de entidad intelectual con una argumentación sólida y una construcción teórica completa y profunda. Mella estudió en el Seminario de Valdediós y la carrera de Derecho en Santiago de Compostela. Abrazado a la causa del carlismo su carrera política se entrecruzó con la labor intelectual: Diputado a las Cortes Españolas desde 1893 hasta 1916, elegido como su representante en el Congreso por los distritos de Aoiz, Estella y varias veces por Pamplona. Pronunció memorables discursos en las Cortes y adquirió gran resonancia el que realizó en los Juegos Florales de Sevilla en 1906: El escepticismo y el egoísmo son los dos males que imperan en nuestro siglo, y la Iglesia es la única que puede curarlos.
 
Su biógrafo Miguel Fernàndez recordaba: “Físicamente  Mella no tenía cosa excesiva que agradecer a Dios, pero cuando este hombre ocupaba la tribuna parecía otro distinto; diríase que se operaba en él una auténtica transfiguración; su semblante resplandecía cual si lo bañara una luz en lo alto”.
 
El amor a España y a la religión fueron los estandartes de su acción política e intelectual. El arzobispo de Toledo le calificó como “excelso tribuno del catolicismo en España y paladín de nuestra fe en horas de prueba”.
 
En la vida pública –continúa el arzobispo– trazó huellas hondas. Cuando los partidos apenas veían en ella más que Estado e individuos, Mella exaltaba las sociedades intermedias  en las que veía la honda raíz de la soberanía social. En pleno centralismo hizo la filosofía de un regionalismo que no amenazaba sino que fortalecía la unidad de España. Municipalista decidido pidió derechos y fueros para los municipios –lo que hoy se llamaría autonomía-. Rechazó el liberalismo económico basando su alternativa en la encíclica pontificia “Rerum Novarum” para de este modo evitar la tentación del socialismo.
 
La lista de las personalidades que en 1931 constituyeron la Junta de homenaje a Vázquez de Mella y los intelectuales que prestaron su apoyo de forma independiente es abrumadora y abarca un espectro político y social muy por encima de su adscripción tradicionalista/carlista. Así encontramos a Ramón Menéndez Pidal, por aquel entonces director de la Real Academia Española, a Sanchez Toca, el duque de Alba, Gregorio Marañón, Julio Rey Pastor, Víctor Pradera –uno de sus herederos intelectuales– Juan Zaragueta y una pléyade de nobles, eclesiásticos, abogados, políticos y periodistas. El contenido de sus obras es prolijo y sólido, merece la pena detenerse al menos en alguno de sus enunciados:
 
SELECCIÓN DE ELOCUENCIA E HISTORIA
 
Religión, Patria y Monarquía forman el hilo conductor de su pensamiento. El 13 de noviembre de 1906 pronunciaba un discurso que parece vaticinar las futuras décadas de vida española “tiempos sombríos van a llegar”.
 
IDEARIO
 
A través de la tradición, Mella va dibujando su edificio intelectual. España –para el tribuno– es una entidad compleja resultante de causas parciales históricas. Variedad en lugar de uniformidad, lo que le lleva a negar al absolutismo democrático que acaba con la pluralidad de hecho. Mella, en su concepción teológica de la política llega a ver en la Santísima Trinidad (unidad de esencia y variedad de personas) el modelo divino de lo que era una sociedad política (unidad nacional y variedad regional).
 
Mella reniega del centralismo y del separatismo y reconoce en la religión la tradición más nuclear del ser de España. El tomo del Ideario de sus obras completas abarca casi todos los temas, desde el análisis de la democracia, hasta su visión de la Dictadura de Primo de Rivera o la crítica literaria de escritores como Galdós. Y un apunte interesante de Mella en unos años en los que el voto femenino aún no existía: “Yo soy partidario del voto social de la mujer dentro de las clases”.
 
FILOSOFÍA Y POLÍTICA. EL SOCIEDALISMO
 
Mella estudia a fondo la aportación de Jaime Balmes, se inspira en Santo Tomás y en su contemporáneo Menéndez Pelayo y trata de construir unas bases de filosofía cristiana como alternativa a Kant.
 
En política Mella traza la idea de tres estados: el liberal, el cesarista y el cristiano, apostando naturalmente por éste ultimo. Sus discursos e intervenciones van desgranando retazos de un pensamiento que aunque asistemático no deja prácticamente tema alguno sin análisis: la propiedad, la defensa del regionalismo, la defensa del salario justo. Y su sugestiva definición de la tradición: “La tradición es el progreso hereditario; y el progreso si no es hereditario, no es un progreso social. Una generación, si es heredera de las anteriores, que le transmiten por tradición hereditaria lo que han recibido, puede recogerla y hacer lo que hacen los buenos herederos”.
 
Frente a la representación por partidos, opone Mella la representación por clases. En su ensayo La Monarquía Carlista lo describe: “la clase agrícola nombraría a sus procuradores, la industrial y comercial a los suyos, como representación de los intereses materiales. Los intereses religiosos y morales serán representados por los procuradores del clero, los intelectuales por las Universidades y Academias, y los históricos por la Grandeza de España; así  “el procurador no será representante de toda la Nación como en el régimen liberal, sino de las corporaciones y clases que lo eligen y no sería independiente de los electores una vez elegido, sino sujeto a ellos por mandato imperativo. No irá a disputar a las Cortes, sino a pedir y a votar lo que le manden los que le hayan designado, y ha de jurar no recibir honor ni merced alguna durante su cargo, y si lo hiciera será llevado ante los Tribunales".
 
Atacó duramente a la masonería a la que consideraba responsable de la decadencia espiritual de las naciones. En 1896 participó en un Congreso antimasónico celebrado en la ciudad de Trento.
       
Su idea de una sociedad orgánica se resumen en el concepto de soberanía social, que no reside en el Estado, tampoco en el individuo privado de sus raíces, sino en sus organizaciones naturales: la familia, el municipio y la región. Estas ideas, fecundadas con la escritura de Ortega y Gasset influirían en el futuro pensamiento de José Antonio Primo de Rivera que concibe las células básicas de la sociedad asentadas en la familia, el municipio y el sindicato.
Mella llegó a escribir con pasión: “yo soy partidario de esa autarquía en el municipio, en la comarca y en la región y no quiero que tenga el estado más que las atribuciones que le son propias".
 
En 1918 Vázquez de Mella delimitó su teoría corporativa como doctrina del sociedalismo jerárquico. El tribuno en el desarrollo de su pensamiento rechazaba de plano el liberalismo hasta el punto de llegar a acariciar una suerte de socialismo cristiano totalmente despojado de marxismo: por ello, para  no crear confusión con el nombre lo llamó sociedalismo. La sociedad es el centro, pues el ser humano, sin raíces pierde lo mejor de su ser.
 
Este programa era el punto de partida de un nacionalismo español foralista-autonomista, que situaba al municipio como la única esfera, un lugar donde “allí viven juntos el sentimiento nacional y al amor a la patria común con el amor regionalista a la pequeña patria”.  
  
Frente al centralismo liberalismo doctrinario y jacobino de la República y de la Restauración, sostenía la tradición católica, nacional y social como “sufragio universal de los siglos” (la defensa de los Fueros de Navarra fue una de sus grandes obsesiones parlamentarias).
 
Este sentido comunitario y libre, que Vázquez de Mella llama "sociedalismo católico", es en suma: "el pleno y libre ejercicio de la soberanía social en toda la jerarquía de sus personas colectivas y clases".
 
Vázquez de Mella era germanófilo, lo que le ocasionó en el tiempo de la Primera Guerra Mundial su separación política del pretendiente carlista, D Jaime de Borbón. El príncipe carlista desautorizó cualquier tipo de germanofilia en la Comunión Tradicionalista. De este modo, Mella se alejaría del carlismo oficial llegando a participar en la fundación del Partido Católico tradicionalista en 1918.
 
El ultimo discurso de este escritor y político que en dos ocasiones rechazó una cartera ministerial (la primera con Cánovas en sus inicios, y la segunda con Maura en sus años de madurez) lo pronuncia en el Teatro Real de Madrid el 29 de mayo de 1924: Divinidad de la Iglesia Católica.
 
Su salud empieza a fallarle y en los inicios de 1925 sufre la amputación de una pierna. Vázquez de Mella pasará sus últimos años casi completamente recluido en su casa del Paseo del Prado de Madrid.
 
Su libro Filosofía de la Eucaristía (Eugenio Subirana, Editor Pontificio, Barcelona 1928, aparecido poco antes de su muerte, es una especie de prólogo de su gran proyecto que no pudo llevar a término: Filosofía de la teología.
 
Un espléndido resumen de su pensamiento se encuentra en El pensamiento de Vázquez de Mella (su actualidad sesenta años después), obra del profesor Miguel Ayuso Torres, publicado en Verbo. XXVII (264-264): 363–368.
El 26 de febrero de 1928 Juan Vázquez de Mella y Fanjul muere en Madrid a los 66 años. La manifestación de duelo tras su fallecimiento fue impresionante.
 
Acercarse a su obra, para conocerla, estudiarla  o incluso discrepar de algunos de sus postulados será una operación intelectual fascinante para los amantes del pensamiento.