Análisis XXI

Caravaggio: una vida llena de escándalos

San Mateo y el ángel (1600). Caravaggio

San Mateo y el ángel (1600). Caravaggio

Fue considerado por los clasicistas de su tiempo como el anticristo de la pintura. Hoy en cambio la crítica de arte lo reconoce como uno de los grandes genios universales y el artista que inaugura el barroco en la pintura europea.

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A lo largo de la Historia del Arte, el fin que la pintura debía perseguir ha sido una de las grandes polémicas teóricas que se han ido sucediendo de periodo en periodo. A finales del siglo XVI, los grandes artistas del Renacimiento italiano: Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, habían alcanzado la cota más alta de reconocimiento social a la que un artista podía aspirar. Por ello, las generaciones posteriores se contentaron con seguir el camino que estos genios de la pintura habían marcado. Cuanto más cerca se estuviera de ellos, más cerca se estaba de la excelencia artística.

En 1592 llega a Roma un joven pintor de 21 años llamado Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio -nombre de su aldea natal-, para revolucionar la pintura de su tiempo. Años atrás había demostrado sus grandes habilidades como pintor en los talleres de algunos artistas milaneses de segunda línea. Consciente de su talento, decide probar fortuna en la Roma de la Contrarreforma, donde se estaban llevando a cabo numerosos proyectos artísticos bajo el pontificado de Clemente VIII.

Niño con cesto de frutas (1953).
Ya desde sus primeras obra vemos que Caravaggio tenía una idea muy precisa de lo que para él tenía que ser la pintura: el espejo fiel de la realidad. El primer cuadro suyo del que tengamos constancia es Niño con cesto de frutas (1593). En él hace gala de su gran habilidad en el manejo de la luz y de su capacidad para representar todo aquello que se proponga (rostro, telas, mimbre, frutas) con increíble precisión. Pero lo realmente revolucionario en el arte de Caravaggio, es que presenta a sus modelos tal y como son, lo que iba en contra de las ideas estéticas imperantes de entonces: el clasicismo ideal de Rafael, que continuaba vigente en la obra de artistas como los Carracci, Domenichino o Guido Reni. Según estos clasicistas, el artista no tenía que limitarse a copiar la realidad, sino que tenía que plasmar el modelo ideal de la belleza, que debía componerse a partir de las partes bellas que se encontraban dispersas en la Naturaleza. Estas ideas coinciden con las que aparecen plasmadas en El criticón de Baltasar Gracián: “Es el arte complemento de la naturaleza y otro segundo ser, que por extremo la hermosea y aun pretende excederla en sus obras”. El arte pues podía y debía de ser más bello que la naturaleza. Pero Caravaggio no pretendía perfeccionar nada, al revés, le llamaban la atención los pequeños defectos que caracterizan a cada cosa concreta y la distinguían de su modelo ideal. En el cuadro del niño con cesto podemos ver claramente algunas de estas imperfecciones, como los hongos que han salido en las hojas de parra.

Escándalo: Caravaggio representó a la Virgen como a una mujer del pueblo llano, sin idealizar
Pero los verdaderos escándalos que produciría Caravaggio vendrían más tarde. En 1599 se le había encargado su primer trabajo importante: una serie de pinturas para la Capilla Contarelli de la iglesia romana de San Luis de los Franceses. Su primera versión de San Mateo y el Ángel fue rechazada por varios motivos, tanto estéticos como religiosos. En cuanto a los motivos estéticos, lo que chocaba era que se hubiese pintado a San Mateo como a un anciano sentado con las piernas cruzadas, lo que no cumplía con las reglas del decoro. Por otro lado, la postura del ángel sosteniendo la mano del autor del evangelio, como si se tratase de un niño que apenas sabe escribir, se consideró poco ortodoxa.

Pese a la polémica habida en un primer momento, los lienzos para la Capilla Contarelli fueron un éxito, y consagraron a Caravaggio como el más grande pintor de Roma. A partir de entonces recibirá numerosos encargos de retablos, uno de los cuales es el famoso lienzo para la hermosa iglesia de San Agustín: La Virgen de los Peregrinos. Esta soberbia obra maestra también produjo un serio escándalo, pues en ella se representaba a la virgen como a una mujer del pueblo llano, sin idealizar. Por si fuera poco, los peregrinos arrodillados, con ropas sucias y harapientas, mostraban las plantas sucias de sus pies en primer plano. Nada podía ser más indecoroso para el retablo de una iglesia, y menos aún en plena Contrarreforma. Sin embargo, el manejo de la luz, lo que más tarde se denominó tenebrismo, es de una genialidad apabullante. Años más tarde volvió a producirse un gran revuelo con su obra La muerte de la Virgen. Pese a que el tema pueda sorprendernos en pleno Concilio de Trento, lo cierto es que el dogma de la asunción de la Virgen aún no se había enunciado formalmente. Según cuenta la tradición, el pintor tomó como modelo para representar a la madre de Dios el cadáver de una joven prostituta ahogada en el río. En el cuadro se mostraba a María con el vientre hinchado y enseñando los tobillos, motivo por el que la obra fue rechazada.

La Virgen de los Peregrinos (1603-1604)
No es de extrañar que el arte de Caravaggio trajera consigo mucha polémica en torno a los principios estéticos que debía cumplir el arte, no ya en su tiempo, sino en también en los periodos posteriores. Pese a todo, pocos artistas se atrevieron a negar que Caravaggio era un genio: nadie ponía en duda su maestría con los pinceles. Sin embargo, las críticas hacia su obra fueron constantes, lo mismo que sus elogios. Ahora bien, ¿cómo se puede criticar a uno de los grandes genios de la pintura? ¿Sobre qué base podieron los academicistas del siglo XVIII fundamentar sus críticas? Básicamente sobre principios morales. Quizá el caso más representativo es el de Giovanni Pietro Bellori, uno de los más importantes teóricos e historiadores del arte del siglo XVIII. Este nos llega a decir de Caravaggio que “fue muy aclamado en su tiempo y fue seguido por numerosos artistas de talento, pero esto hizo que Caravaggio sólo se valorase a sí mismo y afirmó que él era el único imitador fiel de la naturaleza. Sin embargo, le faltaba invenzione, decoro y disegno, e ignoraba la ciencia de la pintura”.

Todo esto no se puede entender sin las biografías que Giulio Mancini y Giovanni Baglione escribieron sobre Caravaggio, obras en las que se basó más tarde Bellori. Según ellos, la explicación del arte de Caravaggio se encuentra en su propia personalidad, perversa y oscura. Ciertamente los pocos documentos que nos han quedado sobre la vida personal de Caravaggio indican que se trataba de un hombre impetuoso, dado a las disputas y a los duelos. Como afirma Andrew Graham-Dixon, autor de la última biografía escrita sobre Caravaggio, “gran parte de lo que se sabe sobre él se ha descubierto en los archivos judiciales de la época. La mayoría de sus actos de los que se conserva un registro -aparte de los relacionados con la pintura- son delictivos.” Numerosos duelos, disputas e intentos de asesinato hicieron que la reputación de Caravaggio le precediera. Incluso en 1606 se llegó a poner precio a su cabeza, con motivo de un asesinato perpetrado por él. Ese fue el motivo por el cual abandonó Roma y vivió los últimos años de su vida como fugitivo, escapando de la justicia.

Para muchos críticos de arte contemporáneos el carácter violento y morboso de la personalidad de Caravaggio quedó plenamente plasmado en sus escenas de martirio y muerte. Obras como La crucifixión de San PedroLa decapitación de San Juan o su famosa Medusa, en donde se retrata a sí mismo como cabeza decapitada, son el espejo de un hombre que vivió de cerca la violencia y que conocía profundamente la expresión del dolor humano. Caravaggio prefigura sin duda el modelo del artista moderno como l´enfant terrible
Álvaro Arias

Álvaro Arias

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