CaixaForum Madrid

Los mitos de la cultura mochica

Fecha: entre el 150 y el 850 d.C. Lugar: valles y desiertos de la costa norte de Perú. Bajo este contexto nos situamos ante una de las culturas más complejas y de especial análisis que han existido en nuestro planeta: la cultura mochica. Siglos antes del nacimiento de los incas, esta cultura fue de las primeras sociedades estatales de América de Sur. ¿Pero en qué se basaba esta civilización? Crearon una de las metalurgias y alfarerías más avanzadas del mundo y construyeron montañas de adobes para realizar sus prácticas religiosas ahí.
 
Su legado ha pasado por Barcelona y se despide el próximo 4 de octubre de CaixaForum Madrid, quien acoge en la exposición El arte mochica del antiguo Perú. Oro, mitos y rituales procedente del Museo Larco de Lima.
 
Uno de los pilares de esta civilización era la agricultura. Sus altas montañas hacían descender las lluvias a los suelos fértiles. Los mochicas tuvieron que aprender a convivir el agua que procedía de arriba y a sembrar y preparar la tierra de abajo. Esta visión del mundo, mística y religiosa, en el que vivieron los antiguos peruanos fue plasmada en su arte, especialmente en vasijas de cerámica, hermosas telas, adornos de oro y plata (para los que ellos no tenía ningún valor económico), y esculturas de piedra y madera que fueron, tiempo atrás, objetos ceremoniales.
 

El poder de la simbología

 
La simbología tuvo un papel importante en su cultura. También en los animales. Para los mochicas la vida estaba dividida en tres mundos: el de arriba, el de abajo y el terrestre.
 
El mundo de arriba estaba habitado por fuerzas superpoderosas, como astros, lluvias, vientos y tormentas, fuerzas con su propio orden y que determinaban la producción y la vida, y sobre las que los seres humanos no tenían control alguno. Este mundo fue simbolizado en el antiguo Perú por los seres que tienen la capacidad de volar a él desde la tierra: las aves.
 
 
El mundo de arriba solo podía entenderse con el mundo de abajo. Este último es un mundo subterráneo, interior, oscuro y húmedo como el útero materno, donde se concibe la nueva vida, donde se siembran y germinan las semillas, y en el que crecen y se extienden las raíces de las plantas. A este mundo pasan los seres humanos al morir para convertirse en habitantes del mundo de abajo. Este mundo está vinculado al agua, elemento primordial que permite la vida y que desde el interior de la tierra se manifiesta en los puquios o manantiales, lagunas y ríos. El mundo de abajo fue simbolizado en los Andes por los seres que pueden penetrar en él: las serpientes.
 
Para las sociedades del antiguo Perú, estos dos mundos, el de arriba y el de abajo, estaban en contacto con el aquí y ahora: el mundo terrestre. Era un espacio de conexión donde interactuaban unas fuerzas opuestas pero que a la vez se complementaban. El poder necesario para vivir en este mundo fue simbolizado por los grandes felinos, como el jaguar, los más poderosos cazadores del territorio andino-amazónico, que se apoderan de la vida de otros para seguir viviendo.

 

Los rituales

 
El calendario agrícola marcaba la fecha de la celebración de las ceremonias. Muchas de ellas marcaban el cambio de estación y anunciaba el inicio y el fin de las lluvias, en relación con el crecimiento de las plantas.
 
La lucha entre guerreros era algo habitual de los mochicas. Se han podido identificar algunas de estas ceremonias, como la que se iniciaba con un combate y culminaba con el sacrificio de los vencidos.
 
Los guerreros iban armados y lucían finos vestidos y adornos que expresaban el carácter ceremonial de la confrontación, que podía ser considerada una competencia ritual. El enfrentamiento era cuerpo a cuerpo y tenía como objetivo quitarle el casco al contrincante para poder agarrarle del pelo y así dar fin al combate. La finalidad de este era conseguir víctimas para el sacrificio. Los guerreros humanos combatían como lo hacían los dioses en su mitología, y la sociedad podía ofrecer a sus dioses uno de sus bienes más preciados, la sangre de sus guerreros, a cambio del bienestar; del mantenimiento de la sociedad.
Ritmos XXI

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