Estreno en Madrid

"Es mejor ser temido que amado"

Foto: Teatros del Canal

Foto: Teatros del Canal

´El príncipe de Maquiavelo´ se sube a las tablas de los Teatros del Canal para demostrar que el poder, sea cual sea la época, obedece siempre a las mismas reglas, dando igual el fin, el medio.
A la sociedad no le gusta aquel político amable, generoso, sencillo, amado. Nicolás Maquiavelo ya lo remarcó en uno de los mayores manuales literarios de la política, El Príncipe. “De aquí surge una controversia: si es mejor ser amado que temido o viceversa. Se contesta que correspondería ser lo uno y lo otro, pero como resulta difícil combinar ambas cosas, es mucho más seguro ser temido que amado”.
 
Su obra dio voz a un personaje que nunca deja de estar en la actualidad, porque nunca dejan de estarlo el poder político. En ella, demuestra que el poder, sea cual sea la época, obedece siempre a las mismas reglas; dando igual el fin, el medio.
 
Su incesante actualidad le lleva hasta los escenarios de los Teatros del Canal, que presenta El Príncipe de Maquiavelo (hasta el 8 de noviembre). A partir de los textos más conocidos del escritor italiano, la obra busca dar respuesta a algunas cuestiones que cinco siglos después siguen siendo objeto de debate. ¿Es un manual escrito para que los gobernantes sepan cómo manejar al pueblo o es un aviso al pueblo acerca de cómo somos manejados por los gobernantes?
 
 
Juan Carlos Rubio, dramaturgo y director del montaje, lanza la primera adaptación al teatro de este ensayo filosófico, donde Fernando Cayo da vida a Nicolás Maquiavelo. En poco más de una hora, la obra recoge fragmentos de otras piezas literarias del escritor como El arte de la guerra, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, La Mandrágora y correspondencia personal del escritor.
 
Nicolás de Maquiavelo estuvo al servicio de la República Italiana en el siglo XVI y durante muchos años es el hombre de confianza para cualquier misión políticamente complicada. Pero en 1512 pierde su puesto, es encarcelado y torturado por sospechoso de la conjura contra los Médici. Finalmente, y tras un forzoso retiro, recuperó parte del favor perdido, aunque nunca pudo volver a ocupar el lugar preferente que la altura de su discurso hubiera necesitado. Maquiavelo escribe El príncipe en 1513, mientras se encuentra encarcelado. Su objetivo es mostrar cómo los príncipes deben gobernar, según las distintas circunstancias, y cómo pueden mantenerse exitosamente en su poder, a costa de cualquier acto.
 

“La ambigüedad es una constante en la obra y en la vida de Niccoló di Bernardo dei Machiavelli. De hecho, no creo que debamos diferenciar la una de la otra”, señala Rubio. “La complejidad de su descarnado análisis político toma mayor altura cuando uno conoce su angustioso periplo vital. Éste ha sido el objetivo al construir El príncipe de Maquiavelo: fundir obra y creador, darle voz a  un fascinante personaje al que demasiados han condenado a la oscuridad moral sin concederle siquiera la oportunidad de explicarse”.
 
Maquiavelo reconoce que el mantenimiento del Estado obliga a actuar “contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión”. Un hecho que endemonia a todos los políticos y que hace cuestionarte de si realmente vivimos bajo un gobierno sin moral. 
Ritmos XXI

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