Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Ricardo de la Cierva: recuerdo e historia


Tuve el honor de conocer a Ricardo de la Cierva en 1990 con ocasión de unas tertulias que organizábamos un grupo de amigos recién licenciados en nuestras respectivas carreras. Después le invité a participar en el libro En torno al municipio, editado por la Comunidad de Madrid en 1996 gracias a lo cual mi firma entonces casi novel se pudo codear con personalidades ilustres como De la Cierva o Julián Marías. Compartimos algunas conversaciones y varias cartas. Ricardo de la Cierva era en persona ese pozo de sabiduría inacabable que demostraba ser en su amplia y fecunda obra.
 
Envidiado, atacado, marginado por la historiografía oficial, vendía más ejemplares de sus libros de historia que cualquiera de sus enemigos, lo que sin duda acrecentaba la envidia. En la solapa de uno de sus libros se refería a este hecho: ¿Cómo no envidiar a un químico que además era historiador y encima vendía libros? Y por si fuera poco alcanzaba la final del Planeta con una novela histórica. Y el colmo: con todo el bagaje anterior a menudo contradictorio, llegó a ser diputado, senador y ministro de Cultura en el Gobierno de Adolfo Suarez en 1980.
 
Nacido en Madrid el 9 de noviembre de 1926, era nieto de Juan de la Cierva Peñafiel, ministro de Alfonso XIII, sobrino de Juan de la Cierva, inventor del autogiro e hijo del diputado de la CEDA Ricardo de la Cierva y Codorniú, asesinado en Paracuellos del Jarama en 1936. Doctor en Ciencias Químicas y Filosofía y Letras obtuvo la cátedra de Historia Contemporánea Universal y de España en la Universidad de Alcalá de Henares.
 
Su relación con la historia y la política se remonta a los años sesenta cuando Fraga le encarga el estudio de la bibliografía sobre la guerra civil española. De ahí llega a alcanzar en 1973 la Dirección general de Cultura Popular y fue presidente del Instituto Nacional del Libro Español. Perteneciente al equipo de Pio Cabanillas su labor fue claramente aperturista, abrió las puertas de las publicaciones a la oposición y su trabajo fue reconocido de forma amplia en todos los sectores políticos. Buscando en los archivos se encuentra la nota del homenaje que le fue rendido cuando cesó como presidente del INLE y las palabras de afecto de gentes tan alejadas de su ámbito como Manuel Vázquez Montalbán (a partir de ahora –decía el escritor comunista- nos pelearemos con balas de papel).
 
De la Cierva comenzó a escribir sobre el franquismo en vida de Franco. Su aperturismo le costó el cese como Director General lo que espoleó sus ánimos embarcándose en numerosas actividades culturales. Apreció a Dionisio Ridruejo en sus últimos meses manteniendo dramáticas conversaciones sobre la vida, las ideas y la muerte. Fue columnista de El País y se separó de Fraga cuando éste se lanzó a la vía de Alianza Popular y sus siete magníficos. Aunque en su nombramiento, De la Cierva quedó –como tantos– sorprendido por el nombramiento de Suarez en 1976 que pronto pasó a estar en su órbita. Fue asesor de cultura del Presidente y finalmente ministro de Cultura en 1980, aunque tan solo duraría ocho meses y medio en el cargo. Sus artículos de aquellos años revelan la idiosincrasia de la transición, sus errores pero también su generosidad.
 

De la Cierva tendió la mano a la izquierda, escribió por encargo en Gaya un librito sobre Qué son las derechas, muy crítico con la tentación de la espada que la derecha sentía a menudo, y discrepó con fuerza en aquellos años de quien terminaría siendo muy buen amigo, Gonzalo Fernández de la Mora. Tras abandonar UCD recaló por muy poco tiempo en Alianza Popular. Pero la historia y la cultura se convirtieron enseguida en las dos trayectorias de su vida. Todos sus libros estaban dedicados a su mujer, Mercedes, una fidelidad literaria y humana reveladora de su personalidad.
 
No es este el espacio para el análisis profundo de la gigantesca obra de Ricardo de la Cierva en el terreno de la historia, de sus aciertos o sus deficiencias. Pero es preciso remarcar su estilo directo, capaz de enganchar de principio a fin, su gran cultura (exhibida en otro libro extraordinario: Como ampliar mi cultura) y sus dotes de escritor. Publicó una trilogía de novelas sobre Isabel II y su turbulento reinado. La primera de ellas –Alumna de libertad– fue finalista del premio Planeta. Escribió con sarcasmo en Decamerón 90, noveló biografías de Juan Pablo I y Felipe II y ofreció memorables retratos de personalidades de su tiempo en Retratos que entran en la historia, un libro extraordinario    con emocionantes descripciones de Juan Carlos I, el propio Suárez, Franco, Agustín de Foxá, Jose Antonio, Dionisio Riduejo, Pedro Sainz Rodriguez…
    
Ganó el premio Espejo de España por Agonía y victoria, ensayo histórico sobre la caída de Madrid en los meses de primavera de 1939 previos al fin de la guerra ocasionando el ridículo de su muy inferior rival Javier Tussell que no conforme con la decisión del prestigioso Jurado decidió abandonarlo y crear escándalo.
 
De la Cierva buceó con increíble documentación en la historia de la Iglesia católica en el siglo XX, sus libros Oscura rebelión en la Iglesia y Jesuítas, iglesia y marxismo impresionan por su capacidad dialéctica y por el retrato duro que hace de la llamada teología de la liberación.
  
Se especializó en la masonería rastreando sus documentos e investigando a fondo en Internet y no dudó en enfrentarse a aquella al declararse católico y antimasónico. Y por supuesto estudió a fondo la Historia de España, (Historia total de España), la guerra civil y el franquismo (su ultima biografía de Franco es un monumental estudio que ha abierto el camino a otras posteriores de Pío Moa, Jesús Palacios y Stanley G. Payne). Además, escribió como vidas paralelas las de Franco y Don Juan (Los reyes sin corona) y con Sergio Vilar (historiador de izquierdas) publicó en editorial Planeta un muy interesante debate a dúo: Pro y contra Franco. Vilar historiaba el franquismo y De la Cierva el antifranquismo.
  
La curiosidad y la información del historiador parecían no tener límites: los templarios, los amores de Alfonso XII, la conversión de Indalecio Prieto, las mentiras de Carrillo en sus memorias, Historias de la corrupción, el marquesado de Escrivá de Balaguer, la verdadera historia de Carmen Diez de Rivera… A veces se excedía en los enfrentamientos, como los que mantuvo con Umbral (que también evolucionaría no poco, por cierto), Tusell o incluso Preston, a quien atacó sin piedad con ocasión de la biografía que el historiador británico escribiera sobre Franco (aunque a la luz objetiva, parece que las de Stanley Payne, otro ilustre hispanista, superan desde luego a las sesgadas de Preston o Ángel Viñas).
 
Luis María Ansón, amigo y discrepante desde la categoría, escribió en su biografía de Don Juan de Borbón que resultaba absurdo negar los méritos a Ricardo de la Cierva a causa de su “ideología”, ya que sus descubrimientos históricos se cuentan por docenas y su amplia documentación y cultura impresionan a cualquiera.
 
Abandonó su fugaz paso por la política en 1984, narró la turbulenta historia de la derecha en La derecha sin remedio, un volcán de datos y escenarios. En 1993, para eludir censuras y presiones fundó su propia editorial, Fénix, donde ha venido publicando desde entonces, casi siempre con éxito.
 
Amigo personal de hombres como Juan Antonio Vallejo Nájera, Fernando Vizcaíno Casas, Manuel Otero Novas, conoció a casi todos en el tardofranquismo y la transición. Fue un hombre culto y polémico que siempre se atrevió a decir lo que pensaba, aunque cometiera errores.
 
Falleció el pasado 19 de noviembre en la capital de España a la edad de 89 años. Pío Moa, uno de sus discípulos –por así decir–, escribió un artículo en 2003: Ricardo de la Cierva, el erradicado, describiendo el proceso de olvido a que muchos medios y políticos le estaban sometiendo.
 
Al final los libros quedan, y el recuerdo. Como vieran con acierto Ortega y Gasset y Julián Marías la razón vital es razón histórica: contar historias. De ahí que el historiador, como el novelista o el cineasta, tengan mucho que ver con la realidad de la vida.