Razones para el Siglo XXI

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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Mariano Ozores; por fin rey de la comedia

El galardón con que la Academia de Cine ha reconocido a Mariano Ozores, no solo es absolutamente merecido sino que supone –por fin– un reconocimiento para la ingente obra de un hombre de cine.

La Junta Directiva de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España ha decidido conceder el Goya de Honor 2016 al director y guionista Mariano Ozores por su "sólida y vasta trayectoria dedicada a la comedia".
 
El galardón con que la Academia de Cine ha reconocido a Mariano Ozores Puchol, el Goya de Honor, no solo es absolutamente merecido sino que supone –por fin– un reconocimiento para la ingente obra de un hombre de cine que pudo sobrevivir durante mas de 30 años y filmar más de 100 películas. Y todo ello teniendo siempre en contra a todas las administraciones públicas desde 1964 y a casi toda la crítica de cine. El propio Ozores lo contaba en sus magníficas memorias, Respetable público. ¿Cómo ha sido posible ese milagro? Pues gracias tan solo al apoyo del público que durante varias generaciones ha disfrutado con sus comedias, hizo famosos a sus actores y ha creado un estilo que el propio Berlanga reconoció y admiró.
 
Mariano Ozores nació en Madrid el 5 de octubre de 1926, su familia hunde sus raíces en el teatro y en el mundo del espectáculo; cómicos de legua, cómicos de varias funciones diarias, de viajes por toda la geografía española acariciando el contacto con la gente del pueblo.
 
 
Sus padres eran actores; sus hermanos también, los grandes José Luis Ozores (1923- 1968) y Antonio Ozores (1928-2010). Y también sus sobrinas, las magníficas Adriana Ozores (1959), hija de José Luis, y Emma Ozores, hija de Antonio.
 
Ozores llevaba el teatro y el cine en la sangre, comenzó a dirigir en 1959: Las dos y media y veneno, deliciosa comedia escrita por Alfonso Paso y protagonizada por sus dos hermanos, su cuñada Elisa Montes y Fernando Rey. A ella siguieron Salto mortal (1961), Alegre juventud (1962), rodada en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla), Chica para todo (1962), Su Alteza, la niña… eran películas ingenuas tal vez pero llenas de encanto y sencillez, modestas pero cercanas.
 
Ozores, en sus memorias, recuerda con sorna que ya en la España de entonces para tener ayudas públicas había que ser de izquierdas y él no era de nada. 30 años después había que seguir siendo de izquierdas, y él seguía siendo de nada. En 1963 rodó una película dramática y ambiciosa: La hora incógnita, que llevaba por subtítulo Dios eligió a sus viajeros. Gran reparto (siempre sus hermanos en él), más dinero y medios, una historia curiosa: una catástrofe nuclear y un grupo de seres humanos que lucha por salvarse, y buenas críticas. Pero Ozores, que recuerda que tras el éxito de sus primeras obras modestas “debí creerme una mezcla entre Capra y De Mille”, cosechó un estrepitoso fracaso comercial y la ruina de su productora. Desde entonces no abandonó la comedia (aunque en 1964 hizo el documental Morir en España, sobre la guerra civil, respuesta a la película francesa Morir en Madrid).
 
A partir de 1965 Ozores se centra en comedias de presupuesto ajustado, buen ritmo, humor popular y con tipos de clase media o media baja en la que la mayoría de los españoles se podían reconocer. Estrena entre tres y cuatro películas por año, la mayoría de ellas escritas por él, convierte en estrella a Alfredo Landa y con él a otra pléyade de grandes cómicos como Lopez Vazquez, Gracita Morales, Florinda Chico, Manolo Gómez Bur…
 
Son los años de divertimentos como Cuarenta grados a la sombra, Matrimonios separados, Crónica de nueve meses, Cuatro noches de Boda… En 1967 y como homenaje a su hermano José Luis –ya gravemente enfermo– rueda Hoy como ayer, diversos sketches conducidos por José Luis –ya en silla de ruedas– y Conchita Velasco. Una secuencia  Antonio Ozores probando el tren moderno mientras suena una canción pegadiza es antológica.
 
  
De Ozores son las mejores películas de Lina Morgan: La graduada (1971) y Dos chicas de revista (1973), esta última con la bellísima Dianik al lado de Lina, y los habituales López Vázquez, Gómez Bur y Antonio Ozores. Otro de los habituales en sus películas es el gran José Sacristán, entonces en sus inicios. Sacristán recuerda hoy con cariño estos trabajos y a toda la familia Ozores que con sus muchas películas contribuyó no poco a fortalecer la industria de cine dando trabajo a multitud de cómicos.
  
Con el popularísimo Paco Martínez Soria trabajó en El calzonazos (1974), de nuevo Alfredo Landa en Jenaro el de los 14…, Gracita Morales (Como está el servicio), la coral Venta por pisos
 
Los nuevos aires de la transición política y cultural -pensaban algunos– acabarían con su cine, pero antes al contrario la popularidad aumentó, primero con títulos coyunturales: El apolítico (1977), y luego con la desternillante y célebre pareja Fernando Esteso y Andrés Pajares (casi siempre acompañados por Antonio Ozores, Juanito Navarro y varias actrices atractivas que mostraban con generosidad sus encantos): Agítese antes de usarla, Los bingueros, Yo hice a Roque III, Padre no hay más que dos, Los chulos… Este éxito es reivindicado hoy por nuevas generaciones y por cineastas como Santiago Segura cuya saga Torrente tiene vetas ozorianas clarísimas (aparte de las berlanguianas por supuesto).
 
Y aún hubo tiempo para parodias históricas en los años ochenta como Cristóbal Colón, de oficio descubridor (1982), escrita por Juan José Alonso Millán y protagonizada por Pajares o La loca historia de los tres mosqueteros (1983), con Martes y Trece. Y en 1982 unos meses antes de que ocurriera: Que vienen los socialistas, con José Sacristán.
 

Y aún en el felipismo se rodeó de sus fieles como Antonio y de jóvenes como Antonio Resines y  Oscar Ladoire para rodar Disparate nacional, una serie de episodios reales de la España del momento vistos por el prisma divertido de su autor.
   
Ozores se fue retirando progresivamente del cine aunque en video aún hizo reír con títulos como No hija no. Y tampoco fue olvidado porque en los programas de cine en las televisiones muchas de sus películas siguieron disfrutando de audiencias generosas. Los críticos de cine convencionales que despreciaban –a veces hasta la ofensa más impresentable– su cine se encontraron con que lejos de apagarse su popularidad, lo que quedaba olvidado era el cine “intelectual “ de los sesenta y setenta, en tanto que las comedias populares seguían haciendo reír a ese respetable público que consume las películas.
 
Mariano Ozores hacía lo que en el argot se llamaría serie B, su humor a veces es de trazo en exceso grueso y disparatado, y en muchas ocasiones pegado a la coyuntura con chistes de aquella actualidad: Todos al suelo, por ejemplo. Pero es el talento de los actores y actrices, lo absurdo a veces de las situaciones y el entronque popular de los personajes lo que termina por salvarlas. Y es que las historias de Crónica de nueve meses, Yo hice a Roque III o Los bingueros siguen teniendo un lugar en el corazón de muchas gentes. O en su picardía teñida a menudo de erotismo simple (y en ocasiones, zafio, es cierto). Tal vez si Ozores hubiera profundizado en su vena popular trabajando más los guiones y rodando con mayor calma hubiera fabricado  unas obras de mayor entidad y calado. No lo hizo, seguramente porque no pudo o no le dejaron las circunstancias de producción. Pero lo que sí realizó a pleno rendimiento es el retrato popular, la sátira, la situación simple pero eficaz y la gracia de sus mejores actores.
 
Defectos y limitaciones aparte Ozores hizo feliz a la gente con risas sanas (pese a los exabruptos de algunos críticos de la época, al parecer ofendidos por la diversión y que despotricaban contra Ozores como si les fuera la vida en ello). Y esto aunque a algunos les pese es algo mucho más serio de lo que parece a primera vista.