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Entrevista Jaime Siles

"La tradición es lo que da sentido a la palabra poética"

Jaime Siles es uno de los nombres más importantes de la poesía española actual. Filólogo, crítico literario, traductor y catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Valencia. Autor de más de una veintena de libros, en su mayoría de poesía, de sus obras destacan Canon, Música de agua o Himnos tardíos. En su haber cuenta con numerosos premios como el de la Crítica valenciana, el Generación del 27 o el Loewe. Repasamos en esta entrevista su trayectoria y su poética

P. ¿Cómo se definiría como poeta?
 
He sido y soy un poeta de corte metafísico  e intelectual, responsable  y  “consciente” en el sentido valèryniano, que ha intentado hacer una obra sistemática y coherente con su visión del mundo.
 
P. Ultraísta, culturalista, modernista… Le han calificado de mil maneras, ¿y usted, cómo calificaría su obra?

Mi obra es todo eso que se ha dicho de ella, pero no en todos los momentos de la misma lo es por igual: mis libros suelen variar en la medida en que profundizan más en uno u otro de sus distintos componentes, sin que esa variedad a su conjunto la unidad de significación que creo tienen.
 
P. ¿Usted cree aún en la tradición?

Literariamente es en lo único que creo, porque la tradición es lo que da sentido al lenguaje, a la palabra poética  y a la creación.  Sin ella la literatura no existe, y nosotros – claro está-tampoco.
 
P. El paso del tiempo ¿es uno de sus temas recurrentes, sobre todo a partir de los 90?  
 
Sí, el paso del tiempo, el sentimiento de la contingencia, la presencia de la muerte, todo eso se intensifica con la edad. Pero no sólo eso : también el problema de la identidad, las máscaras del yo y las permeabilidades del espacio y del tiempo constituyen mis temas, que son – como sus rimas- cada vez más recurrentes en su trágica o agónica  circularidad. Digamos que mi poesía se ha vuelto ahora más existencial y, por ello, también más vitalista.

P. Otro de los temas recurrentes ¿es la propia identidad; la búsqueda de la identidad?

No se trata de una búsqueda sino de la conciencia y consciencia de una pérdida, con todos los espejismos que supone e implica su complejidad.

P. Etimológicamente, la nostalgia (griego clásico νόστος «regreso» y ἄλγος «dolor») significa, #38;ldquo;dolor del que vuelve”. ¿Es necesaria la nostalgia para la poesía?, ¿tenía razón Cernuda cuando dijo que “todo es dolor al volver”?

Cernuda casi siempre tenía razón, y en lo que insiste es en la imposibilidad de todo regreso, porque el que vuelve nunca es el mismo que un día  se marchó : es otro, como sabían muy bien los románticos ingleses, que relataron su experiencia de los viajes y que Cernuda tanto leyó. Prefiero a Azorín  y su “vivir es ver volver”. Ambos –Cernuda y Azorín- son elegíacos, pero lo son de muy distinto modo : la elegía – que en España y la literatura española parece reducirse a una sola-  tiene   en la griega, la latina, la inglesa y la alemana muchas  realizaciones más. La verdadera nostalgia es la de uno mismo.
 
P. Es usted el abanderado de lo que se ha venido en llamar “el arte pobre” o “economía del lenguaje poético”, ¿qué es exactamente?

En la segunda mitad de los años setenta y principios de los ochenta del pasado siglo, cuando el neocapitalismo de opereta que se vivía había producido un falso lujo que sólo podía causar hilaridad, intenté un tipo de escritura poética caracterizada por la condensación y la economía de lenguaje, que, en cierto modo, aunque no en todo, podría coincidir con lo que se dio en llamar “el arte pobre” y que, en mi caso, se identificó tanto con la metapoesía como  con la poética del silencio, participando incluso de las dos. Se trataba de reducir el poema al mínimo de sus componentes, eliminando todo lo superfluo y manteniendo únicamente lo esencial.
 
P.  Ha dicho en alguna ocasión que una de las huellas más hondas que dejó el franquismo es la perversión del lenguaje, ¿se sintieron, usted y sus coetáneos, obligados a restaurarlo?

Sí : la mayor aportación  poética y moral de mi generación fue precisamente esa  : restaurar la palabra y devolver la poesía a su función y su lugar.
 
P. ¿Cuáles son los versos más importantes de tu vida?

Los que no he escrito ni  escribiré o – lo que es lo mismo- aquellos que más  y mejor he leído y que, por eso, forman parte de mi.
 
P. El poema ¿llega o lo buscas?
 
El poema llega y se va cuando y como quiere. El libro, en cambio, no.
 
P. ¿Deja el poeta alguna vez de “tener algo entre manos”?

Nunca  y, menos aún,  cuando no “ tiene algo entre manos”.
 
P. ¿Qué libro está leyendo ahora?

La casa della vita
de Mario Praz, y el   nuevo mío de poemas, que acabo de terminar y continuo revisando.
 
P. ¿Siempre sabe cómo va a acabar sus poemas o aún queda sitio para la sorpresa?

No, hay veces en que el primer verso que se escribe es aquel con el que el poema debe acabar; otras, es el verso del medio; y otras, el del inicio. Los dos primeros casos son los que más complicación composicional conllevan porque suponen imaginar un edificio del que sólo se conocen algunas de sus plantas, pero no aquellas en las que se sustenta. Pero la emoción de la aventura aumenta con el riesgo, no con la seguridad. Por eso estos casos “difíciles” son los que más me atraen e interesan.

P. ¿Por qué se recuerda a los poetas?

Por un verso o poco más. Lo nuestro es el olvido. 
A.Caro

A.Caro

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