Un mal poema ensucia el mundo

Joan Margarit. 
Un mal poema ensucia el mundo.
Ensayos sobre poesía, 1988-2014.
Selección y prólogo de Jordi Gracia.
Arpa Editores. Barcelona, 2016.

Cantamos al propio misterio. Queda por decidir desde dónde cantar, y esa es la búsqueda que cada poeta realiza a su manera. En esto consiste el estilo, la voz propia, esa voz que hay que encontrar si se quiere ser escuchado. El lugar desde el cual yo lo intento es un lugar en el tiempo. Es el instante durante el cual se conecta el mundo con el sentimiento. El instante del fogonazo, cuando se ilumina lo que es opaco y oscuro. Intento ejercer una inteligencia sentimental a través de la poesía, a la cual no pienso que le quede más característica para identificarse respecto de la prosa que la concisión y la exactitud. Es la más exacta de las letras en el mismo sentido que las matemáticas son la más exacta de las ciencias. Y si se trata de un mal poema, ensuciará el mundo, como una bolsa de basura dejada en medio de la calle. Porque un mal poema no es neutral, sino que contribuye a ensuciar, a desordenar el mundo, igual que un buen poema contribuye de algún modo al orden y la higiene del mundo, escribe Joan Margarit en uno de los textos que forman parte de Un mal poema ensucia el mundo, una reunión de sus ensayos sobre poesía que publica la nueva editorial Arpa.
 
Con selección y prólogo de Jordi Gracia, se recopilan en este volumen una serie de ensayos dispersos en los que Margarit reflexiona sobre la poesía desde dos orillas, la del autor y la del lector, que  tiene más que ver -haciendo un paralelismo con la música- con el intérprete que con los que se han de limitar a escuchar un concierto. Por esto hay tan pocos lectores de poesía, y por esto son tan fieles. Los que han hecho el esfuerzo de aprender a interpretar un poema, de aprender a escuchar el orden fundamental de las palabras, han accedido a un mundo al cual difícilmente renunciarán.

Con la precisión de su prosa y a través de la lucidez de sus reflexiones sobre la escritura y la lectura, sobre el amor y la muerte, el tiempo y la memoria, la historia o la ciudad, que son también ejes fundamentales de su obra poética, se concreta en estos ensayos breves el Margarit ensayista que hay detrás de sus poemas, el que escribe que la poesía es una herramienta para gestionar el dolor y la felicidad y, sobre todo sus vertientes ya domésticas, la tristeza y la alegría, una gestión de la que depende lo que se guarda de la vida pasada o que la memoria es el lugar donde he buscado mis poemas.
 
Son ensayos anclados en la subjetividad y en la libertad de la reflexión,  porque como señala Jordi Gracia en su prólogo –La conquista de la libertad- “sin yo y sin libertad no hay ensayo literario.” 
 
Provistos de “la luminosidad y hasta la contundente naturalidad” con que los caracteriza el editor y organizados en cuatro secciones,  la primera –Un viaje poético- contiene artículos, prólogos y epílogos de Margarit sobre libros propios como Joana, Cálculo de estructuras o Casa de Misericordia y sobre autores como Thomas Hardy o Gabriel Ferrater, con abundantes reflexiones y revelaciones sobre la manera de escribir sus poemas y su manera de leer los de los otros.
 
La segunda parte –Las razones de los poemas- reúne un conjunto de notas que utiliza el autor para presentar sus poemas más significativos en una lectura comentada, mientras que la tercera sección recoge las Nuevas cartas a un joven poeta que aparecieron en un volumen exento en 2009. Este es quizá el núcleo de la reflexión teórica de Joan Margarit sobre el fenómeno poético, la tradición y la inspiración, la poesía y el amor o la poesía y la soledad, desde la perspectiva doble y privilegiada del escritor consciente y del lector excepcional de poesía.
 
Finalmente, la cuarta parte –Poesía y otras ciencias- recoge cuatro conferencias que exploran las relaciones entre  la poesía y las matemáticas, la palabra y la arquitectura o el poema y el misterio.
 
Un conjunto de textos que iluminan la obra y resumen la poética de Joan Margarit y su concepción de la escritura -Un poema ha de decir justo lo que necesita (la mayor parte de las veces sin saberlo) su lector o lectora-  y su reivindicación del papel decisivo del lector:
 
Me siento encerrado, no dentro de una casa, sino dentro de cada uno de estos lectores, imprescindibles, porque los poemas no existen sin ellos. Dentro de nosotros, en el lugar donde somos más solitarios, hay unos poemas y una música cerca de una chimenea encendida que sólo se apagará con la muerte. Mientras tanto, en medio del hielo y la niebla, rodeado por la inclemencia de la intemperie, este amparo siempre nos está esperando.
 
Porque entender un poema es un proceso de entrada y salida de una caja negra y no hay nadie más difícil engañar que los lectores de poesía. 
Santos Domínguez

Santos Domínguez

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