Cultura y voz

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Entender la cultura no sólo como la expresión del ser humano, sino como uno de los elementos que lo forman, conforman y elevan, como lo que, precisamente, le hace humano es la seña de identidad de Miguel Mirón, periodista y director de Ritmos 21.

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Blog | Cultura y voz

Al cine español le falta autocrítica

TAGS Cine español
Si antes de criticar el sector cinematográfico la subida del IVA cultural o la falta de unas políticas de apoyo al cine español, hubiera pedido perdón por el taquillazo, más de uno se habría vuelto a reconciliar con nuestro séptimo arte.
Antonio Resines en la gala de los Goya 2016.

 

Sábado, 6 de febrero. La gala de los Goya prometía convertirse en una velada dulce para el cine español, donde el homenaje a la historia de los 30 años de tal merecidos premios no se viera nublada por la política cultural del Gobierno, muy presente en las anteriores ediciones.
 
No estuvo Wert. Pero sí el IVA cultural. Más allá de la calidad de las actuaciones y del presentador –eso lo dejamos a un lado-, la gestión del Gobierno fue de lo más comentado durante la gala: IVA cultural, mecenazgo… Hasta ahora, ningún problema. El derecho a expresarse y a defender cada uno lo suyo es justo. La cuestión es si el lugar más adecuado para ello o no. Pero eso también lo dejamos a un lado.
 
El futuro panorama del cine español parece despejado, mas después de conocer los buenos resultados de taquilla y recaudación de 2015. Sin embargo, peca en algunos sentidos de egoísta y arcaico, algo que, afortunadamente, no sale representado en las películas españolas. Nuestra industria cinematográfica le sobra una cosa y le falta otra. La primera es calidad; la segunda, autocrítica.
 

 
Me explico. En la gala de los Goya se echó en falta cierta autocrítica, cierta culpabilidad por los casos que salieron en el famoso taquillazo, donde algunas productoras de cine compraban entradas de cine para poder recibir subvenciones públicas. Fueron casos “concretos y aislados”. Cierto. Pero creo que, al igual que exigimos responsabilidad a grandes instituciones –como a la Iglesia en los casos de pederastia o a los partidos políticos por los casos de corrupción-, el sector del cine tenía que haber pedido disculpas, reconocer sus errores y levantar la mirada al futuro.
 
Si nuestra industria cinematográfica hubiera actuado de tal forma, seguramente parte del público que no se siente identificado ni convencido con nuestro séptimo arte hubiera estrechado más lazos con uno de los sectores culturales más importantes de España. Y su discurso contra la gestión cultural del PP habría ganado mayor veracidad. Primero, autocrítica; después, a reclamar lo suyo

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