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Centenario de su nacimiento

Una selección de poemas de Gloria Fuertes

TAGS PoemasPoesíaPoesía españolaPoetas
En 2017 se cumplen 100 años del nacimiento de la escritora madrileña.

Este año celebramos el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes. Aunque no goza de la misma popularidad que homenajes de otros literatos, su poesía y sus cuentos infantiles sirvieron de disfrute para muchos jóvenes (y no tan jóvenes). Por eso, en Ritmos 21 hacemos una selección de algunos de sus poemas.

 

Aunque nos muriéramos al morirnos

 

Aunque no nos muriéramos al morirnos,

le va bien a ese trance la palabra: Muerte.

 

Muerte es que no nos miren los que amamos,

muerte es quedarse solo, mudo y quieto

y no poder gritar que sigues vivo.

 

El gallo despertador

 

Kikirikí,

estoy aquí,

decía el gallo

Colibrí.

 

El gallo Colibrí

era pelirrojo,

y era su traje

de hernoso plumaje.

 

Kikirikí.

Levántate campesino,

que ya está el sol

de camino.

 

—Kikirikí.

 

Levántate labrador,

despierta con alegría,

que viene el día.

 

—Kikiriki.

 

Niños del pueblo

despertad con el ole,

que os esperan en el cole.

El pueblo no necesita reloj,

le vale el gallo despertador.

 

Todo el pasado

 

Todo el pasado se quiere apoderar de mí

y yo me quiero apoderar del futuro,

me dislocan la cabeza para que mire atrás

y yo quiero mirar adelante.

 

No me asustan la soledad y el silencio,

son los lugares preferidos de Dios

para manifestarse.

 

Mi eterna gratitud a los que me quieren,

siempre les recordaré a la hora del sol.

 

No puedo detenerme,

perdonad, tengo prisa,

soy un río de fuerza, si me detengo

moriré ahogada en mi propio remanso.

 

En los bosques de Pennsylvania

 

Cuando un árbol gigante se suicida,

harto de estar ya seco y no dar pájaros,

sin esperar al hombre que le tale,

sin esperar al viento,

lanza su última música sin hojas

sinfónica explosión donde hubo nidos,

crujen todos sus huecos de madera,

caen dos gotas de savia todavía

cuando estalla su tallo por el aire,

ruedan sus toneladas por el monte,

lloran los lobos y los ciervos tiemblan,

van a su encuentro las ardillas todas,

presintiendo que es algo de belleza que muere.

 

Suceso

 

Marinero sin tierra

náufrago sin velamen

huérfano de puerto

nave sin timón.

Rodeado de agua y sediento

rodeado de pescado y hambriento

rodeado de olas y sin saludos

rodeado de dólares y desnudo.

 

Isla ignorada

 

Soy como esa isla que ignorada,

late acunada por árboles jugosos,

en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de nada,

sola sólo.

Hay aves en mi isla relucientes,

y pintadas por ángeles pintores,

hay fieras que me miran dulcemente,

y venenosas flores.

Hay arroyos poetas

y voces interiores

de volcanes dormidos.

Quizá haya algún tesoro

muy dentro de mi entraña.

¡Quién sabe si yo tengo

diamante en mi montaña,

o tan sólo un pequeño

pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla,

sois vosotros mis versos.

¡Qué bien sonáis a veces

si el gran músico viento

os toca cuando viene el mar que me rodea!

A esta isla que soy, si alguien llega,

que se encuentre con algo es mi deseo;

manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo.

Un nombre que me sube por el alma

y no quiere que llore mis secretos;

y soy tierra feliz que tengo el arte

de ser dichosa y pobre al mismo tiempo.

Para mí es un placer ser ignorada,

isla ignorada del océano eterno.

En el centro del mundo sin un libro

sé todo, porque vino un mensajero

y me dejó una cruz para la vida

para la muerte me dejó un misterio.

 

Nací para poeta o para muerto...

 

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.