En el Museo Reina Sofía

Cine cubano y revolución

Por primera vez (1967). Octavio Cortázar

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La llegada del movimiento revolucionario en Cuba en 1959 no solo cambió los hábitos sociales de la sociedad cubana, sino también sus artes. Desde entonces, surgiría un movimiento documental cubano centrado en la revolución. Este fenómeno, abandonado como episodio de la vanguardia en Latinoamérica, llega al Museo Reina Sofía con el ciclo Por un cine imposible. Documental y vanguardia en Cuba (1959-1972). El ciclo de cine entra en diálogo con la exposición que el Reina Sofía dedica al artista cubano Wifredo Lam.

 

Diez años después del triunfo de la revolución en Cuba, Julio García Espinosa escribió el manifiesto Por un cine imperfecto, donde reflexionaba sobre la práctica del cine revolucionario. En este análisis señala que las películas de bajo presupuesto que buscan la reflexión del espectador son preferibles a las grandes producciones cinematográficas que adormían al público. Esta afirmación podemos observarla en Tercer mundo, tercera guerra mundial, rodada en Vietnam en 1968, y que estará presente en el ciclo.

 

  

El nuevo documental que surge en Cuba en los años 60 implica una paradoja: es el momento de la aparición de las nuevas cámaras de 16mm sincronizadas, que favorecen la estética revolucionaria del cine directo y del cinéma vérité en los países metropolitanos, pero no en Cuba, donde el nuevo instituto de cine, el ICAIC, está atascado en los 35mm.

 

No obstante, los cineastas aprenden pronto a superar y trabajar con esas limitaciones, motivados por el contexto convulso y cambiante que les rodea. La revolución desata un frenesí de proyectos, con nuevos creadores que salen a las calles entusiasmados por narrar la actualidad, creando un terreno fértil para un género en convulsión.

 

 

Uno de los protagonistas del ciclo es Santiago Álvarez, conocido como el Dziga Vertov cubano, quien transforma rápidamente el Noticiero semanal del que estaba a cargo. En lugar de mostrar una secuencia arbitraria de elementos inconexos, los une en un discurso político, o los convierte en documentales monográficos, que luego continúa en filmes más extensos. El público acude en masa a ver su sátira política, centrada en un montaje rápido e inmediato, normalmente dirigida contra el expansionismo estadounidense, precisamente en un momento en el que el documental parece desaparecer de las pantallas de cine metropolitanas. Álvarez también hace de estos noticiarios una escuela para cineastas jóvenes, con la que les enseña a crear películas de manera veloz y barata, aprovechando los materiales que hubiese a mano. Rápidamente el recurso del metraje encontrado se hace popular entre los documentalistas.

 

El ciclo Por un cine imposible. Documental y vanguardia en Cuba (1959-1972) estará del 16 de junio al 9 de julio acompañando la exposición de Wifredo Lam.

Redacción

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