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Auditorio Nacional de Música

Apoteosis de orquesta rusa

TAGS Música clásicaAuditorio Nacional
Orquesta, director, solista y obras de este país los días 5 y 6 de noviembre en el Auditorio Nacional de Música.

Orquesta rusa –la Filarmónica de San Petersburgo, la más antigua del país–, director ruso –Yuri Termikanov, capaz de extraer el sonido tan claro y meticulosamente ordenado que caracteriza a la formación rusa– solista ruso –el violinista Serguei Dogadin, solista habitual de las mejores orquestas– y casi todo el repertorio también ruso –destacando la sensual Scheherezade del igualmente ruso Rimski-Kórsakov– se unen en los próximos conciertos que Ibermúsica ofrece en el Auditorio Nacional de Música de Madrid el 5 y 6 de noviembre. Una genial concentración que permite disfrutar de lo mejor de la creación en Rusia.

 

Pocas orquestas como la Filarmónica de San Petersburgo han sabido poner de relieve con tanto acierto la importancia de la tradición. La agrupación sinfónica más antigua de Rusia –y a la vez una de las orquestas más intensas e impactantes del panorama actual– ofrecerá dos conciertos en Madrid dentro de la programación del ciclo Ibermúsica. Los próximos días 5 y 6 de noviembre la Filarmónica de San Petersburgo visitará el Auditorio Nacional junto al maestro ruso Yuri Temirkanov con un programa muy especial que incluye una de las páginas más brillantes de la música orquestal: la obra Scheherezade, de Rimski-Kórsakov.

 

La historia de Scheherezade y las Mil y una noches, en la que está inspirada, es bien conocida. El sultán Schariar, después de haber sido traicionado por su esposa, decreta que todos los días al atardecer se casará con una diferente mujer, la cual será ejecutada a la mañana siguiente. Scheherezade, entretiene al sultán contándole una historia al iniciar la noche, pero al llegar la mañana el cuento no acababa, puesto que estaba conectado con el siguiente dejando al sultán intrigado sobre su parte final, permitiéndole a Scherezade vivir otro día. Hace esto durante muchas noches, hasta que el Sultán decide perdonar la vida a Scheherezade terminando así esta sombría rutina.

 

 

Escrita en 1888, Scheherezade es considerada una pieza clave en la historia del repertorio sinfónico. En ella, Rimski-Kórsakov aúna el discurso de la obra en una seductora melodía, además de proponer una orquestación colorista y diáfana que ha inspirado a muchos artistas posteriores. No obstante, el mismo compositor advirtió que nadie debía buscar historias concretas al escuchar la música de su Scheherezade, sino dejarse llevar.

 

El compositor no quiso vincular rigurosamente la música con un texto, con una descripción o con una historia. En su autobiografía define así su obra: “Estaba interesado en pintar imágenes de cuento de hadas sin presentar un programa demasiado explícito (...) Es en vano el buscar leitmotivs siempre vinculados a tales imágenes. Por el contrario, en la mayoría de los casos, todos estos aparentes leitmotivs no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden a imágenes y cuadros diferentes”.

 

Dos magníficos conciertos

La obra forma parte del concierto que se ofrecerá el 6 de noviembre en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música, a las 19:30 horas. Se completa el programa con otra obra de Rimski-Kórsakov; La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh y la suite Francesca da Rimini de Chaikovski. El día anterior, 5 de noviembre, será el turno del Concierto para violín, de Brahms, con el violinista Serguei Dogadin como solista y de la Sinfonía núm. 4, de Chaikovski.

 

Finalizada durante el invierno de 1877 en Venecia, la Sinfonía nº 4 en fa menor data del año más crítico de la vida de Tchaikovsky en el que se unió su malograda boda, su intento de suicidio y el comienzo de la amistad con su mecenas Nadezha von Meck. Tal vez por ello se trata de una obra inestable, de violentos contrastes, tanto dentro de los movimientos, como entre los mismos.

 

La Filarmónica de San Petersburgo, el más antiguo conjunto sinfónico de Rusia, se fundó en 1882 en la Orden del zar Alejandro III con la denominación de Coro Musical Imperial. No fue hasta 1917 cuando la orquesta se convirtió en la Orquesta del Estado, la primera de su género en el país. Desde entonces no ha parado de acumular reconocimientos hasta llegar a estar entre las veinte mejores orquestas del mundo según la revista Grammophone. Estas distinciones se deben, en buena medida, al trabajo del que es su director titular desde 1988, Temirkanov, el único, para algunos críticos, capaz de extraer el sonido más claro y ordenado de esta formación.

 

Con este concierto Ibermúsica continúa con su temporada. Desde el pasado octubre y hasta junio de 2018, visitarán el ciclo algunas de las mejores orquestas del mundo (Filarmónica de Berlín, Gewandhaus de Leipzig, Royal Concertgebow Orchestra, la London Symphony Orchestra o la citada Filarmónica de San Petersburgo), directores y artistas de la talla de Daniel Barenboim, Sir Simon Rattle, Evgeny Kissin, Juan Diego Flórez, las hermanas Katia y Marielle Labèque, Gianandrea Noseda, Maria João Pires, Vladimir Jurowski, Andris Nelsons o Sir John Eliot Gardiner.

Redacción

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