Santos Domínguez

Encuentros de Lecturas

Santos Domínguez es un poeta español, cuya obra ha aparecido en numerosas antologías y en diversas revistas españolas, europeas e hispanoamericanas. Creó en 1996 la red de talleres literarios de Extremadura, que coordinó durante seis años, y fundó y dirigió entre el año 2000 y el 2004 el Aula José María Valverde.

 

A lo largo de su trayectoria, ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales, entre los que destacan, en 2004, el X Premio Gerardo Diego por Tres retratos del frío, en 2005, el Premio Internacional Jaime Gil de Biedma y Alba con Díptico del infierno, el Premio Eladio Cabañero con Las provincias del frío y en 2006 el Premio Tardor por En un bosque extranjero. Ese mismo año obtuvo un accésit del Ciudad de Zaragoza con La luz del palimpsesto, el LIII Premio de poesía Alcaraván por Cementerio alemán (Yuste) y el XXII Premio Internacional Barcarola de poesía con Las sílabas del tiempo.

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La invención de la libertad

TAGS Libros

Juan Arnau.

La invención de la libertad.

Atalanta. Gerona, 2016

 

“El mundo es una invención de la libertad. Eso mantuvieron, cada uno a su manera, los protagonistas de este volumen,” escribe Juan Arnau en el prólogo de La invención de la libertad, que publica Atalanta.

 

Tras su reconocido Manual de filosofía portátil, este libro propone la idea de una filosofía comprometida con la vida, una filosofía de la percepción y la sensibilidad que entronca con la idea de Berkeley de que ser es percibir para defender la idea de que el mundo está hecho de impresiones y sensaciones y los sentidos son por tanto una vía fundamental de conocimiento y de participación del hombre en el mundo.

 

En el lugar donde se encuentran el sujeto y el objeto, entre la percepción y la memoria, entre lo que vemos y lo que recordamos –porque “en lo que vemos ahora está lo que vimos: la memoria configura la presencia”-, esta es una filosofía de la libertad que “descree de gran parte de la metafísica científica acerca de la condición humana y la naturaleza de la conciencia (un epifenómeno del cerebro), pero no reniega de la ciencia”.

 

En esa línea, Arnau plantea este libro como "un homenaje a aquellos que, en el siglo de la física y del materialismo mecanicista, defendieron que la filosofía no debía someterse a la ciencia y que la causalidad no se limitaba a la influencia física entre entidades materiales".

 

Un homenaje que recorre el pensamiento de tres autores que huyeron de la abstracción para profundizar en lo particular y proyectaron su método filosófico en lo concreto y que, frente al mecanicismo y la intimidación de la ciencia y la tecnología, exploraron la conciencia, las emociones y los sentimientos, esas “tecnologías del yo” que, como intuyó la antigua filosofía india, es a la vez origen y presente.

 

El empirismo radical  de William James, psicólogo, “escritor admirable” y defensor de una filosofía vital frente a la mecánica materialista del determinismo.

 

La aventura espiritual de Henri Bergson y su inteligencia intuitiva sobre la experiencia interior de la conciencia, sobre la emoción creadora o la duración del tiempo subjetivo que tanto influyó en el pensamiento poético de su discípulo Antonio Machado.

 

El matemático Alfred North Whitehead, que sin tener una formación filosófica y frente al lamento existencialista y la frigidez positivista integró en un sistema metafísico la matemática no euclidiana y la física cuántica.

 

Tres antropologías, tres filosofías de la vida a través de estos tres pensadores que conciben la filosofía como una forma de estar en el mundo, como construcción de un relato en busca de sentido y de significado para la vida. Tres autores que frente a la imagen del mundo como fuerza ciega destacan la importancia del paisaje como circunstancia vital asociada al presente de la contemplación y al pasado de la memoria que nos construye con su evocación de lugares y espacios.

 

Los tres reservan en su pensamiento un amplio espacio para el asombro y la sorpresa, para las intuiciones y las emociones que comparte la filosofía con la poesía, porque, como señala Juan Arnau en el epílogo, “la actividad creadora, en el arte y la naturaleza, es precisamente el interés de conservar o transmitir una emoción. En esa tarea coinciden el artista y el creador. Toda ocasión tiene un componente estético y liberador: debe elegir entre las múltiples corrientes de sentimiento recibidas del pasado y encontrar su propio camino. Es memoria y aventura. La conservación de la energía ya no rige aquí: la energía física ha sido sustituida por la emoción estética. La ciencia comienza a maravillarse”.

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