En una cesión sin precedentes por parte del Louvre

Las maravillas de Villa Borghese vuelven a Roma

Las esculturas que componen una de las colecciones más prestigiosas y bellas del arte antiguo vuelven a su lugar de origen.
Para llegar al fondo de esta noticia nos tenemos que llegar hasta los inicios del siglo XIX, en el año 1807. Napoleón reinaba en Europa y dirigía los destinos del viejo continente con puño de hierro. Su origen, corso y no francés, no era imperial, ni real. Necesitaba legitimarse, y para ello no encontró mejor herramienta que el arte. Y así, para dar un sustento no violento a su poder imperial, se propuso llevar a Francia, en concreto a París, las más maravillosas obras de arte, entre las cuales se encuentran las que hoy son protagonistas de esta noticia.
 
De Francia nos vamos a Italia, de donde era Camilo Borghese, príncipe de Sulmona y Rossano y casado con Paulina Bonaparte, hermana menor del emperador. Terminado el dramatis personae, vayamos a la historia.
 
Por la legitimación deseada, Napoleón le ofreció 13 millones de francos a Borghese por su colección de esculturas de la antiguedad grecorromana, probablemente la época la que más se han referido los hombres en busca de legitimación. 13 millones era una inmensa suma para la época, y el bueno de Don Camilo no pudo negarse. Y así se abrió una de las mayores heridas que el patrimonio de Italia ha sufrido en su historia. Una herida que aún no se ha cerrado.
 
Así es como llegaron las obras de Villa Borghese al Louvre, llamado en aquella época Museo Napoleón.
 
Centauro con Eros en el lomo, de Bernini
Esas obras vuelven a casa por cuatro meses según informa el diario ABC. 65 piezas, importantísimas en el arte antiguo, que conforman una exposición sin igual. La muestra es el fruto de 3 años de trabajo entre el Museo Romano y el Louvre, que ha permitido en un gesto sin precedentes en la diplomacia del arte, desprenderse de su núcleo duro de escultura grecorromana. No sin razón, la directora de la galería Borghese ha hablado de “una empresa de locura”, no sólo por la dificultad que conlleva pedirle al Louvre que ceda algunas de sus obras maestras, sino que ha esa dificultad hay que añadirle otras como la del transporte de las obras, algunas de más de tres metros de altura.
 
En la antigua galería Borghese, las mejores piezas se situaban en el centro de la sala, y ahora las obras vuelven a su posición original, lo que permite al visitante admirar el Vaso Borghese de la escuela neo-ática de finales del siglo I a.C. Además del Vaso, entre las obras de la colección que se expone se pueden encontrar algunas de las cumbres del arte antiguo como El centauro de Bernini, el Retrato de Lucio Vero, del año 180 d.C, montado sobre un busto moderno de Carlo Albacini o la Hermafrodita Stante y la Hermafrodita que duerme, obra también de Bernini a partir del original griego.

Por cierto, Napoleón hizo un sinpa y se llevó las obras a París, dándole tan sólo 4 millones a Borghese y se vio obligado a realizar nuevas compras para compensar su colección después de tan desgraciado negocio.


Redacción

Redacción

Ritmos 21 - Milennial Culture Information es una revista independiente de información y análisis cultural.

Comentarios