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Renato Salas Peña

Los ojos de Tiresias

Renato Salas Peña (Lima 1971). Se dedica a la Docencia universitaria. Ha publicado los poemarios: Desde El Colchón, Lima-Vitarte y Corsé.

Fundó el grupo cultural Cultivo-Arte.

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Yo colaboro; tú coopera

TAGS Educación
Sobre el aprendizaje colaborativo y cooperativo.

El loco Cordera, ex líder de la Bersuit Vergarabat, hace poco escribió: “soy mi propia religión, mi soberano, yo me enseño” esta letra me invita a reflexionar sobre esa individualidad “tan y demasiada humana” de la cual somos presas, de ese destino fatídico tan irremediablemente griego y sin escapatoria. Pero, en esos trajines de la historia, tratamos de recuperar esa idea de comunión que nos hace miembros de una iglesia en la cual vamos caminando en búsqueda de algún señor: esta es la ideología cristiana que propuso de entre sus hippies ideales el del trabajo conjunto e integrador para el beneficio de la colectividad toda.

 

Lo escrito, me lleva a pensar en el denominado Aprendizaje colaborativo, tan en boga en estos últimos años, y que ha hecho de las sesiones en clase un nuevo escenario a plantear, o sea, ya no el profesor protagonista de la sesión, sino el guía que propone un reto a alcanzar a un grupo, tal vez no tan grupo, pero grupo al fin y al cabo, que trabajará motivado por alcanzar un mismo objetivo “controlado y clauso” en donde cada uno aportará de su “talento” esa cuota que será marcada desde un comienzo. No nos cabe duda que en esta ruta aparecerán esos fantasmas de la incompatibilidad de caracteres o la incorrecta asignación de roles, y a la cual más temor yo le tengo: la competencia individual entre sus miembros, esa que hace brotar nuestra más lagarta conducta, claro, somos humanos, y trae abajo cuanta comunión se busque optimizar.

 

Entonces, si el Aprendizaje colaborativo es en realidad una mera quimera onírica de los planteamientos educativos, qué tal, si viramos al denominado Aprendizaje cooperativo, que aunque no lo crean, también está en boga estos últimos años. Este, busca un fluir de información que es constantemente manipulada en búsqueda de un óptimo resultado; es así, que cada miembro posee independencia y bajo responsabilidades reflexiona en torno a lo que se desea obtener como objetivo común, puede sonar a campanas de la gloria, pero la sombra del mismo, es nuevamente, la individualidad de la cual somos y seremos presa. Si logramos saltar esa barrera, creo que tanto el aprendizaje colaborativo como cooperativo son viables en el proceso educativo.

 

De esto, creo que las individualidades deben entenderse como tales, no esperemos que nuestras metodologías cambien nuestra humanidad. Stirner -auténtico apóstol del anarquismo individualista, aunque él mismo jamás se calificara como tal, y cuya obra El único y su propiedad se puede considerar una auténtica “biblia”, si se me permite la terminología religiosa- consideró que el hombre era centro de toda reflexión y aún de toda realidad; pero no el hombre en general, ni como representante de la Humanidad abstracta, sino del individuo, de “mí mismo” en cuanto “yo” único. El “Único” de Stirner existe absolutamente y es previo a toda exterioridad, tanto de la formada por el espíritu objetivo, como de la constituida por los “yos” ajenos.

 

Dejemos que nuestros alumnos busquen ese equilibrio que debe existir en este tipo de aprendizajes, no forcemos la cuerda de nuestro colectivismo primitivo, más bien optimicemos escenarios, roles, tareas, y tengamos el tino suficiente para ir variando en el proceso los “líderes” y seamos verdaderos guías invisibles del proyecto planteado, sin que nuestra presencia contamine la libertad creadora del grupo.