Fernando Alonso Barahona

Razones para el Siglo XXI

Fernando Alonso Barahona (Madrid, noviembre 1961). Abogado y escritor. Jurado de premios nacionales de literatura y teatro. Colaborador en numerosas revistas de cine y pensamiento así como en obras colectivas. Ha publicado 40 libros. Biografías de cine (Charlton Heston, John Wayne, Cecil B De Mille, Anthony Mann, Rafael Gil...) , ensayos (Antropología del cine, Historia del terror a través del cine, Políticamente incorrecto...) historia (Perón o el espíritu del pueblo, McCarthy o la historia ignorada del cine, La derecha del siglo XXI...), novela (La restauración, Círculo de mujeres, Retrato de ella...) poesía (El rapto de la diosa) y teatro (Tres poemas de mujer).

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El universo de Fritz Lang

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Siempre es momento de reivindicar a un genio del cine y en el caso de Fritz Lang la recompensa del cinéfilo y amante de las artes será extraordinaria.

Fritz Lang, uno de los más grandes cineastas de la historia del cine, nació en la Viena austrohúngara (años después territorio alemán) el 5 de diciembre de 1890. Estudió arquitectura, fue un hombre culto amante de la filosofía, la poesía, las novelas de aventuras y la pintura. En 1909 abandonó las formas de vida convencionales y se lanzó a la aventura del arte viajando por toda Europa, China y Japón. Combatió en la Primera Guerra Mundial donde llegó al grado de teniente siendo gravemente herido en el frente ruso. En 1917, tras la guerra, comenzó a trabajar como actor de reparto en películas sin importancia y en 1918 cambiará su vida al establecerse en Berlín e introducirse de forma definitiva en el mundo del cine. Su debut como director tuvo lugar en 1919: Halbluit que ya dibuja alguno de los grandes temas de su cine. Conoce al director y productor Joe May que le proporcionará sus mejores oportunidades en esta fase de su carrera.

 

Y en 1920 conoce y comienza a trabajar con Thea Von Harbou (1888-1954) que se convertiría en su esposa –hasta su divorcio en 1933-. Su colaboración artística se hizo legendaria, Thea intervino en los guiones de casi todas las obras de Lang entre 1920 y 1932 incluyendo las obras maestras: Las tres luces (1921), Metropolis (1927) o M el Vampiro de Dussseldorf (1931). Con la llegada de Hitler al poder Langa abandonó Alemania (rechazando ofertas de Goebbels para integrarse en el nuevo cine alemán), en tanto que Thea Von Harbou, afiliada al Partido Nacional Socialista se quedó en su país y siguió escribiendo guiones para directores como Veit Harlan o Carmine Gallone, además de dirigir dos películas de notable éxito en Alemania. La historiografía convencional del cine suele disminuir los méritos de Von Harbou lo que en absoluto es correcto.

 

Fritz Lang ser afincó en Hollywood en 1936 filmando la soberbia Furia (1936) con Spencer Tracy, y hasta 1958 trabajó ininterrumpidamente en el cine americano cultivando –casi creando se podría describir– el cine negro y legando a la posteridad una serie de obras maestras casi nunca reconocidas ni por la Academia de Hollywood ni por buena parte de la crítica convencional de la época. Lang murió el 2 de agosto de 1976 en su modesta casa de Beverly Hills siendo ya un cineasta de culto. En 2016 que concluye ya sus días se ha cumplido el 40 aniversario de su desaparición física, porque su cine sigue tan vigente como el primer día y aún más seguramente. La editorial Notorious ha editado un volumen colectivo (Fritz Lang Universum) sobre el director coordinado por uno de sus grandes admiradores, José Luis Garci. El contenido es desigual pero en sus páginas firman grandes escritores como Luis Alberto de Cuenca y de una forma u otra se dibuja la sombra mágica de sus mejores películas. El crítico Quim Casas ha definido de forma acertada el universo de Lang: “Fritz Lang prefería la noche al día, las sombras a las luces, los hombres torturados por su pasado, las venganzas, las decisiones límite a causa de la pérdida violenta de alguien querido, las tramas complejas, las redes de espionaje, los amagos amorosos, los seres de dos caras, los sueños ominosos, los silencios obligados, las atmósferas recargadas, los decorados opresivos, los miedos interiores. La normalidad en su acepción más ortodoxa no tenía sentido para el cineasta”.

 

Ese es el universo Lang, el del periodismo sin escrúpulos de Mientras la ciudad duerme (1956) que olvida la verdad y la moral, la pesadilla de La mujer del cuadro (1944) –espléndidos Joan Bennet y Edward G. Robinson– que atrapa a un hombre bueno en la sordidez del crimen, la maldad de Perversidad (1944) –de nuevo Bennet y Robinson– que al igual que Deseos humanos (1954) retoma asuntos clásicos de otro gran autor como Jean Renoir.

 

Fritz Lang llega a la cumbre del cine negro en Los sobornados (1953) con Glenn Ford y una fabulosa Gloria Grahame (“he sido rica y he sido pobre, creeme, es mejor ser rica) bucea en los oscuros motivos psicológicos del crimen en M (inolvidable Peter Lorre) y logra westerns negros de la complejidad y la belleza de Encubridora (1950) –con Marlene Dietrich, Artuhur Kennedy y Mel Ferrer– una historia al compás de una canción, una mujer entre dos hombres y una venganza que arrasa el futuro.

 

Pero Lang, junto a sus melodramas poderosos (Class by night, 1952) cultiva para sorpresa de sus críticos la aventura (Los espías, Los nibelungos, ambas de la época muda en Alemania), o el fabuloso díptico El tigre de Esnapur y La tumba india, rodadas en 1959 en Alemania y que impresionan por su estilo visual, la magia de la puesta en escena y el sentido prodigioso de la aventura (aparte de la maravillosa y sensual Debra Paget en el papel de su vida). Lang describe la mente tortuosa del doctor Mabuse en sus versiones alemanas de 1932 (inicios de su carrera) y 1960 (el final de la misma).

Y aún hay tiempo para dos obras maestras absolutas: Más allá de la duda (1956) –con Dana Andrews y Joan Fontaine– ambigua y demoledora. El periodista que organiza una campaña contra la pena de muerte utilizando un caso real, pero algo saldrá trágicamente mal. Un año antes era el tiempo de Moonfleet, con Stewart Granger, trágica y romántica aventura gótica con la amistad de un niño y un contrabandista que amó sin esperanza a su madre. Una película romántica y negra a un tiempo que no fue comprendida en su tiempo y que hoy emerge como uno de los grandes logros artísticos del cine de Fritz Lang.

 

Siempre es momento de reivindicar a un genio del cine –como Ford, Vidor, De Mille, Hawks, Hitchcock, Walsh, Mann, McCarey, Wilder, Wyler, Chaplin, Welles, Dreyer, Murnau, Mizoguchi, Renoir, Fellini, Visconti, Buñuel...- y en el caso de Fritz Lang la recompensa del cinéfilo y amante de las artes será extraordinaria. En sus películas se describe la personalidad humana en sus flaquezas, en sus pasiones pero también en la pulsión del amor y la fuerza aunque a menudo resulten sin esperanza. Cine en estado puro.