Los "Museos del Expolio"

Si echamos un vistazo a los libros de arte, de cualquier época, veremos rápidamente que para asomarnos a la ventanita de la Historia del mundo tan sólo necesitamos haber visitado cuatro o cinco de los grandes y prestigiosos museos del planeta.
 
Probablemente muy pocas veces nos paramos a pensar las consecuencias a todos los niveles que tiene esta peculiaridad de la Cultura. Poder asomarnos a las civilizaciones más dispares y antiguas del mundo, en apenas unos metros cuadrados de superficie en un punto muy concreto, focalizado en las capitales de las potencias que una vez, en algún momento de la Historia y por acción del azaroso destino, tomaron los hilos del mundo, y de paso se llevaron aquello que consideraron de valor.
 
Ahora ya no tiene mucho relieveel debate acerca de la devolución que algunas de las piezas que hacen célebres al British Museum de Londres, o al Louvre, y que son fuentes inagotables de turismo, visitantes, y dinero por doquier a sus legítimos, o no tan legítimos dueños históricos.
 
Estamos refiriéndonos a Grecia y sus famosos frisos del Partenón. El debate que culminó conforme llegó la resaca de las Olimpiadas de Atenas en 2004 y de la construcción del nuevo museo de la Acrópolis, acerca de la petición de su devolución por parte de la actriz y ex ministra de Cultura del país heleno por aquel entonces, Melina Mercouri. Según informaciones extraídas del diario ateniense Kathimerini, se trata de una estrategia elaborada durante bastante tiempo, que pretende aumentar "día a día" la presión sobre Londres para forzarles, vía presión de la opinión pública a su devolución.
 
El problema subsiste, pero los representantes del pueblo griego están fuera de la política y los que se hallan en las carteras del Estado heleno tienen otros asuntos que atender. Por ejemplo, evitar una guerra civil y reprimir a palos las manifestaciones.
 
Además, no sólo se trata de la devolución de los frisos “y ya”. En absoluto. El problema es mucho más amplio. De lo contrario y de ser sólo la devolución de esas piezas la solución a un conflicto diplomático entre los gobiernos británico y heleno, se habría llegado a un acuerdo hace ya tiempo. Cuando no su devolución completa. 
 
El principal problema es que si el British Museum, y el gobierno británico deciden devolver los frisos del Partenón, todos los gobiernos de los países que han ido surgiendo tras el expolio europeo de los siglos XVIII, XIX e incluso del XX, reclamaría una piezas que por derecho histórico (el debate está abierto) les pertenecen. Es decir: Si el British devolviese las piezas que tiene provenientes de otros países, aun cuando las expoliaron no se habían constituido como tales, se quedaría prácticamente vacío.
 
Además, el problema tiene diferentes vertientes: No sólo se quedarían vacíos de piezas los principales museos del mundo, sino que la dispersión de las mismas por el mundo, conllevaría un trastoque del flujo turístico del mundo, y una pérdida de cuantioso ingresos para los respectivos Estados, entre ellos además de Gran Bretaña, Francia y España, del que sin duda alguna no querrán desprenderse. Más aun en crisis.
 
Por otro lado, un repunte en el mercado negro del arte… Y otro debate que puede abrir heridas entre las cancillerías mundiales. Sí amigos, por menos ardió Troya. Comenzaría un debate por la Historia de cada país de reciente creación. Todos sabemos la diferencia que existe entre la Historia de un país vista por sus fuentes oficiales, y la que pueda tener el vecino, o los historiadores más independientes y críticos: ¿Acaso tiene derecho Grecia, que se fundó como el Estado moderno que es hoy en 1830, a reclamar unas piezas adquiridas antes de tal fecha, cuando era una provincia del Imperio Otomano de una cultura que ni de lejos tiene nada ver con la de hoy? ¿Tiene derecho el Estado moderno de Egipto, independizado del Imperio británico en 1936 a reclamar las piezas que se llevaron años atrás de una cultura que ni de lejos tiene algo que ver con la de hoy?
 
Podríamos poner miles de ejemplos por el estilo. Y probablemente, el debate se abriría en dos frentes: Quienes opinan que el arte tiene que estar en su sitio original, y quienes opinan que tiene que ser accesible al público en forma de museos, con toda la rentabilidad que tiene para el Estado en cuestión. Sobre todo teniendo en cuenta que en muchas ocasiones se han producido verdaderos robos, solo que encubiertos mediante contratos de compra-venta.
 
Y este debate acabaría por abrir otro de mayor calado, por ejemplo: ¿Tiene derecho Marruecos, que existe como Estado desde 1956, a reclamar las poblaciones de Ceuta y Melilla, que eran españolas desde finales del siglo XVI la primera, y finales del XV la segunda? En fin, por no hablar de América, y el derecho de los Estados de hoy, surgidos en el XIX a reclamar a España lo que ostentaban las poblaciones asentadas allí a la llegada de los Colón cuatro siglos antes. Y tantos otros ejemplos.
 
Los museos, tal y como hoy en día los conocemos, surgen alrededor del XVIII. Tenemos el Ashomolean Museum un poco antes, en 1679, y el Museo del Prado de Madrid un poco después, en 1809. Pero el grueso se crea en ese siglo de las luces, hasta los 40.000 museos y colecciones públicas modernas que existen hoy en día en el mundo
Algunos de estos museos han ostentado ese calificativo que los hace célebres ante los ciudadanos que consideran su Pasado agraviado por una dominación extranjera siglos atrás: Son los museos del Expolio.
 
Quien se lleva la palma es el British Museum. Otros, como el Prado tienen una amplísima colección de artistas nacionales (el siglo de oro español), pero el British es verdaderamente el paradigma del despojo, la incautación y el saqueo (para un amplio sector de la opinión pública, por supuesto).
 
El British Museum ha sido vituperado por todos los medios posibles debido a las formas con que las que se ha hecho con su espléndida colección. Entre los países afectados se encuentran Grecia, por supuesto, Egipto (que ahora, tras la Primavera Árabe, y debido a los problemas internos del país, incluido la acefalia gubernamental, y las recientes destrucciones de patrimonio que han llevado a cabo en las revueltas contra Mubarak han cesado en sus exigencias de devolución) y Nigeria, que se sienten expoliados por Gran Bretaña.
 
Será el famoso Lord Elgin (Thomas Bruce Elgin, embajador británico entonces) el encargado de llevar a cabo el expolio de Grecia aprovechando la debilidad y la situación de agobio económico que atravesaba por aquel entonces el Imperio Otomano. Fue él quien se llevó a Gran Bretaña los famosos frisos del Partenón en 1801, fundando el “Elgin´s Museum”, pasando posteriormente al Burlington House, y finalmente al British.
 
El problema de los frisos viene a complicarse porque muy pocos años después consiguen la independencia del Imperio Otomano y por supuesto, establecen algunas leyes para evitar la continuación del expolio de un patrimonio que (¡sorpresa!) comienza a valorarse.
 
 
Asimismo también debemos incluir el Louvre en nuestra lista. En 1796 comienza la andadura de Bonaparte por Italia que concluyó saqueando buena parte del patrimonio artístico del Renacimiento italiano (de hecho, el famoso fresco de “La última cena” de Leonardo Da Vinci fue atravesado y dañado por sus tropas). Tal fue el expolio del Pequeño cabo que llegó a convocar a los artistas franceses en una comisión del Directorio para escoger lo que querían que fuese llevado a París a su vuelta en 1798. Por supuesto, el “redescubrimiento” de Egipto que llevó a cabo Champollion, junto con otros arqueólogos, científicos y demás que acompañaron al ejército napoleónico durante la campaña de 1798-1800. 
 
Esta  campaña de eruditos se llamó “Commission des sciences et des arts”, compuesta por unos 170 especialistas y abrió la puerta al pillaje y expolio sistemático de la entonces lejana provincia del Imperio Otomano en poder de los mamelucos. Posteriormente serían los ingleses los que se llevaron lo que quedaba tras echar a los franceses de Egipto.
 
En España, cómo no, tras la invasión de Napoleón, se llevo a cabo un saqueo de obras de arte, con el beneplácito de la sautoridades. El Generalísimo y Príncipe de la Paz Manuel Godoy fue determinante en el mismo. Soult y De Faviers fueron los generales franceses que llevaron a cabo lo más granado del saqueo. Obras como “Santo Tomás de Villanueva, niño, repartiendo limosnas” de Murillo fue despojado de la iglesia de San Agustín de Sevilla, y posteriormente acabó pasando de subasta en subasta hasta encontrarse en Cincinnati. Murat, mariscal de campo en 1808, saqueó la casa de Godoy y se llevó sus cuadros. Despreciando eso sí, los de los autores españoles, y llevándose los de los autores italianos y flamencos que formaban parte de la colección de Godoy y que habían llegado a España en los tiempos de los Austrias Mayores.
 
El triunfo de la Eucarestía, de Rubens, fue expoliado de Loeches por Crochart , pagador general del ejército francés de España. Belliard, Lejeune, Dupont… Todos estos generales llevaron a cabo una expatriación artística de gran calado como botín de guerra, muy lejos del amor al arte, y muy cerca de las ideas de rentabilidad económica, conscientes del valor que podrían llegar  a adquirir dichas obras de pintores españoles, italianos y flamencos en el mercado internacional, ya por aquel entonces, en el primer tercio del siglo XIX.
 
Por supuesto, el hermano de Napoleón, Pepe Botella como se le conocía popularmente, no se fue de España con las manos vacías. Este advenedizo realizó un verdadero despojo del Palacio Real de Madrid.
 
Por supuesto, y aunque Fernando VII decidiese “perdonar” el expolio de muchísimas obras, sí que se llevó a cabo, a partir de 1815 una progresiva devolución de obra española expoliada durante los años de guerra (y antes). Al final, en el Louvre, a la altura de 1816, estaban expuestos sólo aquellos que había adquirido (por las buenas, claro) Luis XVI. Son los casos de “El niño mendigo”, “Sagrada Familia” y “La Virgen del Rosario” todas ellas de Murillo.

Conclusión
Al final, como todo, tenemos que acudir como siempre a la realidad para criticar. ¿Grecia recuperará sus frisos? No lo hará, porque si le son devueltos el British Museum se queda vacío. ¿Lo hará Egipto? Desde luego que no, y mucho menos ahora que tras la Primavera Árabe muchas piezas del museo de El Cairo han sido robadas y otras tantas destruidas.
 
Ningún museo del mundo está interesado en devolver piezas, porque va en detrimento de la colección que alberga por un lado, y por otro se reduce paulatinamente el número de visitantes. Hoy en día que el turismo constituye una fuente de ingresos prácticamente fundamental en todos los países de Europa (ni qué decir de España), difícilmente podría algún Estado renunciar alegremente a su patrimonio, por muy adquirido que fuese, como es el caso del inglés, del francés, y (aunque bastante menos), español.
 
Lord Elgin será para Grecia un nombre que la historia reciente del país heleno recordará con aversión. Egipto y bastantes países de reciente creación recordarán al Imperio Británico como aquélla potencia que en su día esquilmó su tierra despojándola de su patrimonio histórico. Napoleón y sus generales se llevaron de España grandes obras de arte que se han perdido para siempre.

Fernando VII será para la Historia española un rey inepto, no sólo por sus actos políticos, sino por sus carencias culturales y el precio que España tuvo que pagar por ellas. De hecho, no existe nada más consensuado entre los historiadores españoles que la atribución a Fernando VII de incompetente, incapaz, negado… Y todo lo que ustedes quieran para hacer honor a la verdad.
 
El debate está abierto; la resolución más que cerrada. No hay nada como los intereses económicos para mantener firme a un gobierno. Y las obras de arte valen mucho dinero.
Daniel Ruiz Miguel

Daniel Ruiz Miguel

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