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¿Cómo funcionan las subvenciones en el cine?

¿Es rentable el cine español? ¿Cómo funcionan las ayudas al sector? ¿Hasta cuándo hay que subvencionar una industria que tiene enormes pérdidas año tras año?.
Un cine que funciona por y para las subvenciones, que pese a que Estado dedicase 91 millones el año pasado, no termina de despegar. Que dicho sea de paso, y estableciendo una deshonrosa comparación, en I+D se dedicaron 13. Tristemente funciona así, y brindamos otro dato aún más interesante: Según datos de la Academia del Cine tan sólo tres de cada diez películas españolas son rentables. El resto, producciones caza-subvenciones.
 
La película española media está costando unos 2,5 millones de euros. De media, al año, sólo cuatro o cinco producciones españolas superan lo recaudado por unas cien que aproximadamente se estrenan anualmente. Por ello, el Estado ha querido establecer un sistema por el cual, tradicionalmente y tal y como otros países europeos han estado haciendo, se subvencione la producción y se “premie” con porcentajes muy importantes del coste de la producción, y financiada vía ICO, es decir, con intereses al 2% (diez veces menos que un banco habitual) para relanzar una industria que puede dar, y (en el extranjero) da, mucho dinero.
 
Hasta ahí bien, nadie puede criticar al Estado por intentar relanzar algo que da dinero, un producto nacional y protegido. Francia es el ejemplo número uno de esta dinámica, y el éxito, aunque no arro llador, tiene miga. Las películas españolas recaudaron en 2010 un total de 69,7 millones de euros, mientras percibieron un total de 89,39, casi veinte millones de números rojos, en un presupuesto, que pese a la crisis,  crece año tras año: En 2011 se situó en 91,1 millones de presupuesto estatal, mientras que en ejercicio presupuestario de 2008 estaba en 76,3 y en 2009 en 87,1. 
 
Por cierto, hablamos de cien películas estrenadas anualmente. No obstante, con datos de 2008 en la mano, obtenermos la nada despreciable cifra de 173 películas rodadas en España aquel año, de las cuales 70 se quedaron sin estrenar. Otras, como Cinmart, Estrella P o Feliz monicaco que según fuentes del diario Expansión, obtuvieron menos de veinte espectadores.
 
De hecho, cabe mencionar algunos de los puntos de la Ley Cinematográfica Miró de 2006 relacionadas con estos presupuestos y ayudas al cine:
 
- Introducir subvenciones anticipadas hasta por el 50% del presupuesto, para facilitar la producción de  películas españolas. 
- La cuota de distribución se redujo de 5 a 4 licencias de doblaje por cada película española. 
- La cuota de pantalla pasó a ser de un día de exhibición de películas españolas por cada 3 de películas extranjeras dobladas. 
- Obligación de exhibir un cortometraje español de al menos 10 en todas las salas donde se proyectase un único largometraje. 

Por supuesto, también iba acompañada de medidas fiscales para animar a los inversores a apostar por las producciones españolas:

- Posibilidad de desgravar hasta el 18% de las inversiones que realice el sector ajeno del cine, sean personas físicas o jurídicas (antes solo alcanzaban el 5%). 
- Se dotará al fondo Nacional de Cinematografía con 100 millones de € en los próximos cuatro ejercicios presupuestarios, para homologar los mecanismos económicos del cine español con los del resto de Europa.
 
El problema viene cuando el fracaso es continuado y el cine español no consigue quitarse el sambenito, de cultureta e intelectualoide. Apostando por películas para minorías y no para el éxito en taquilla 
 
Durante la última década, la media ha estado situada en diez películas al año, que superan la barrera de 300.000 euros recaudados, cantidad que en cine, ya es claramente rentable. El resto, unas cien películas rodadas anualmente, se queda en el déficit. La última de edición de los Goya fue claramente una muestra de quién hace cine, quién sale premiado, y cuántos habíamos visto alguna de dichas películas. Santiago Segura, el único director, o de los pocos, que hace películas realmente recaudatorias, pese a todas las críticas que le han hecho,  no recibió ningún premio.
 
Unas subvenciones que están criticadas efectivamente por amplios sectores tal y como indica González Macho. Con conocimiento o no de causa es indiferente. La polémica está ahí, y es porque existe un trasfondo de verdad en todo lo que se ha dicho. La cuestión está en saber hasta qué punto y quiénes estamos hablando.
 
¿Está el cine español profundamente corrompido? ¿Qué sectores de la industria? Se ha hablado de la producción y del manejo por parte de los mismos del tema de las subvenciones del Estado. No obstante cabría desentrañar el punto en el que se ha quedado la cuestión. Estamos hablando de la compra de entradas entre los cerca de cinco mil cines de España, y en especial los de carácter rural, para el acceso “legal” a las subvenciones.
 
Prácticamente nadie está enterado del correcto funcionamiento de la producción de una película cualquiera. De entrada, existen dos vías para acceder a las subvenciones, que vienen determinadas por la recaudación en taquilla, y por las cuales el Estado “premia” el supuesto éxito de una película.
 
Los productores percibirá dentro de los límites anuales presupuestarios, en concepto de ayuda, con carácter general, una cantidad equivalente hasta el 15 % de la recaudación bruta de taquilla que obtenga la película afectada durante los doce primeros meses de su exhibición comercial en España…”
 
Es decir, el productor de la película, si ésta recauda 200.000 euros, por ejemplo, recibe 30.000. Hasta ahí, todo bien. Alguno incluso podrá decir que las ayudas, y tal como el señor González Macho ha querido expresar en  alguna ocasión, son muy limitadas… Aunque tampoco se dignen a explicárnoslas, por supuesto.
 
El problema viene cuando se echa un vistazo a ese gran olvidado que es el Boletín Oficial del Estado, y se observa la segunda parte del asunto: Las ayudas complementarias. 
 
Estas ayudas se caracterizan por ser el mayor nido de amiguismo y chanchullos de toda la industria del cine. De hecho, es precisamente la razón por la que el cine español cuenta con un extraordinario número de películas producidas al año, de las cuales, y gracias al número de supuestas personas que han ido a verla, o la ausencia de ellas, el ciudadano de a pie difícilmente puede recordar un par.
 
La ayuda complementaria, o subvención, como prefieran llamarlo, se logra alcanzando una recaudación determinada.  Por supuesto, como todo lo que lleve el sello del B.O.E., tiene una serie de características según el tipo de película, y la lengua en que se realice.
 
A) Las películas que se rueden en alguna lengua oficial española, distinta del castellano, deben llegar a una recaudación de 120.000 euros
B) Documentales. 150.000 euros.
C) Películas dirigidas por nuevos realizadores (Los que lleven dos o menos películas rodadas, o de coste inferior a 1,2 millones de euros, 210.000 euros 
 
Las películas que no se adapten a ninguna de estas categorías, es decir, la mayor parte de la producción estatal, deberán llegar a los 330.000 euros. El problema consiste en lo siguiente. Una vez conseguida la cantidad necesaria para acceder a la subvención del Estado, la cuantía dependerá de la inversión que decida realizar el productor, no pudiendo superar el 33%, y hasta una máxima de 700.000 euros.
 
Hasta ahí bien, pero dejemos una cosa clara: El Estado paga un tercio de la inversión del productor… Siempre que no se pase de 700.000 euros, es decir, películas con una inversión de 2,1 millones de euros en números redondos. Aquí hay algo que falla: la recaudación exigida son 330.000 euros en taquilla, por lo que la ayuda puede llegar a duplicar e incluso triplicar la recaudación exigida. ¿Y esto cómo puede ser?
 
Las subvenciones al cine español, no consisten en ayudas a las productoras o distribuidoras, indudablemente también deben entrar en esta ecuación guionistas, salas de cine comerciales, los préstamos del ICO al 2% de interés (en condiciones muy ventajosas)… La industria audiovisual española es un verdadero coladero de dinero público, en muchas ocasiones muy mal invertido.
 
De hecho, si realizamos un recuento de fondos públicos destinados a las empresas y a los profesionales que trabajan en el sector audiovisual nos sale una cuantía total de 91,1 millones de euros en concepto de subvenciones para minorar los interés de préstamos del ICO, a los productores cinematográficos, para la producción de películas de animación y de largometrajes sobre proyecto… Y la perla del asunto: para la amortización de largometrajes, con un total de 58,2 millones de euros. O lo que es lo mismo, el 64% de todas las ayudas públicas que se realizan en este país van dirigidas exclusivamente a la devolución del dinero invertido por los productores.
 
Por supuesto, cabría mencionar que no sólo cuentan con ayudas estatales: También las Comunidades Autónomas ponen su granito de arena en las producciones, especialmente en aquellas regiones con lengua propia  en concepto de promoción de dicha lengua, como es el caso de Galicia, País Vasco, Cataluña, Baleares o Valencia.
 
Muchos actores, entre ellos Alfredo Landa, han denunciado que la cifra requerida para obtener la subvención se obtiene en cines de localidades pequeñas, y a base de la compra de entradas por parte del productor, llamadas y contactos para alcanzar la cifra mencionada y obtener más del doble del coste de producción. Una inversión que renta, y que explica el extraordinario número de películas españolas producidas al año y la sospechosa entrada que han recibido. Sino, echen un vistazo al siguiente cuadro y vean cuán cercano es el número de espectadores requerido y el que han “obtenido” en el año 2009.

Fuente: viajeinteriorcinespanol.wordpress.com
 
“Esta industria no es la única actividad que recibe subvenciones. El cine tiene ayudas en el mundo entero. Otra cosa es que las subvenciones, en el caso concreto del cine español, están bien dadas o no. Lo que está claro es que cuando se habla de las ayudas en nuestra industria no se hace con conocimiento suficiente. No hay ningún cheque en blanco. Las ayudas a la amortización se dan en función de los rendimientos en taquilla

Enrique González Macho, Presidente de la Academia de Cine española
Hablando de la crisis económica, González Macho ha afirmado que “en el cine tenemos una ventaja y es la de que ya estamos acostumbrados a las crisis”. Desde luego, y a raíz de la rentabilidad de las producciones españolas, es lógico que piense tal cosa. Ante los recortes que están sufriendo grandes sectores del Estado, el cine y las producciones españolas han entrado en la mesa de negociaciones. 
 
Tal es así, que recientemente se ha afirmado, desde fuentes de RTVE que producciones nacionales como Águila Roja, o Cuéntame cómo pasó, están pendientes de un hilo por falta de financiación, por lo que los productores desde la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales (FAPAE) en boca del presidente, Pedro Pérez, han pedido que se rescindan antes los contratos que tiene la cadena pública con las majors estadounidenses antes que por las españolas, aludiendo que "Las series crean mucho empleo si se producen aquí” por lo que “mejor empezar prescindiendo del cine de fuera” 
Daniel Ruiz Miguel

Daniel Ruiz Miguel

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