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Estudio completo

Así funciona el mercado del arte

Todo mercado que mueva cantidades considerables de dinero tiene un punto críptico que lo vela y lo hace a menudo incomprensible para la gente de a pie.
Todo mercado que mueva cantidades considerables de dinero tiene un punto críptico que lo vela y lo hace a menudo incomprensible para la gente de a pie. Pero la realidad es que tiene unas normas estrictas, tanto legales como non srcipta, pero que permiten a los actores encontrar callejones. Ya se sabe: hecha la ley, hecha la trampa.
 
En primer lugar, hemos de saber que eso que llamamos mercado del arte no es ni mucho menos una entelequia. De hecho puede ser diseccionado y estudiado. En primer lugar nos encontramos con dos tipos de mercados; el primario y el secundario. El mercado primario es aquel en el que se vender obras recién producidas, mientras que el secundario es la plataforma comercial para vender obras de arte más antiguas. De los dos, el que realmente tiene movimiento y sobre el que se ha establecido toda una red de empresas e intereses es el secundario, ya que es en éste en el que se venden las obras de los grandes artistas, los sorolla y picassos
 
Un elemento esencial en este mercado secundario son las galerías. A menudo trabajan en los dos mercados, pero su actividad se centra sobre todo en el secundario, en el que promocionan a sus artistas y su catálogo e intentan crear una marca con su nombre y hacerse un hueco dentro de las ferias y bienales, casi siempre acaban clasificadas según el estilo artístico de sus obras. Lo que podríamos llamar movimiento de mercado, se da al intervenir otros actores. Si una galería quiere vender un cuadro, entrarán en juego gestores, representantes artísticos, casas de subastas, marchantes. Las grandes galerías de arte tienen a todas estas personas integradas en sus plantillas, por eso son estos gigantes, como Sotheby´s, los que construyen la trayectoria profesional del artista y son los que de verdad hacen dinero. 
 
En el mercado primario existe cierto oscurantismo. Me explico. Las empresas dedicadas a la producción y venta de productos - pongamos el ejemplo de unos grandes almacenes - normalmente se organizan como sociedad anónima dentro del mercado de valores, y todos sus movimientos contables están perfectamente seguidos por las auditorias. Su capacidad de producción y el volumen de sus ventas son transparentes y a menudo disponemos una gran cantidad de información sobre los productos y servicios que dicha empresa presta. No es así en el mercado del arte primario, en el, recordemos, se venden obras recién realizadas. No existen cifras sobre los resultados de este mercado. Sus productos (obras de arte) son, a menudo, escasos; se mueven grandes cantidades de dinero en transacciones poco frecuentes, en las se paga en efectivo sin mediar factura y la Hacienda pública apenas ve un euro. 
 
En el mercado primario, según los datos más utilizados por los expertos, se estima que existen en el mundo más de 18.000 galerías. De media, las estimaciones señalan que el volumen de ventas de estas galería es de 500.000 dólares aproximadamente, lo que nos sitúa en un volumen de ventas estimado a nivel global de 9.000 millones de dólares.
 
En el caso del mercado secundario, se estima que el volumen de ventas de las casas de subastas asciende a 3.000 millones de dólares, a los que hemos de sumar los 4.000 millones derivados de operaciones privadas e institucionales. El tamaño global de ambos mercados alcanza cerca de 13.000 millones de dólares. Algunas publicaciones consideran que la cifra real es de 18.500 millones de dólares y otras llegan a los 20.000 millones.
 
Sea cual sea la cifra, de lo ya dicho podemos sacar una conclusión: el mercado del arte es, en cualquiera de sus niveles, un mercado rodeado de silencio contable.
 
Para tener un mapa completo del mercado del arte, hemos de añadir que además de las 18.000 galerías, existen aproximadamente 22.000 museos, instituciones y colecciones públicas; 1.500 casas de subastas y entre 200 y 500 ferias de arte y muestras. En términos generales, concluimos que existen cerca de 42.000 espacios dedicados a la compra-venta y comercialización de arte - sobre todo contemporáneo -.
 
Fijar el precio de la obra: todo un mundo

Los mecanismos para determinar el precio de la obra son diferentes para el mercado primario y para el secundario. 
 
En el primario, se sigue un patrón parecido al de la construcción. Un casa costará más o menos según los metros cuadrados que tenga, y a ese precio se le suman otras factores como la ubicación, los materiales de construcción, etcétera. Pues con una obra de arte de mercado primario pasa lo mismo. Según su tamaño costará más o menos, y a ese precio se le suma la reputación del artista. Cada obra mostrada en una exposición tiene un mismo precio por centímetro cuadrado, la diferencia radica en el artista y su fama. La calidad no juega ningún papel en el mercado primario a la hora de fijar los precios, sólo el tamaño y la fama. 
 
Por contra, en el mercado secundario cada precio es exclusivo y se asigna de forma única a cada pieza. Dicho precio se asigna en función a unos parámetros: que la obra sea clave o con historias del colecciones importante dentro de la producción de su autor; su buen estado de conservación y una declaración de autenticidad verificada por expertos. Junto con la autoría de la obra, su procedencia es otro elemento fundamental a la hora de fijar el precio. Pongamos un caso irreal: un cuadro de Velázquez de su etapa de madurez, con apenas craquelado, cuya autoría está verificada y que ha sido expuesto por ejemplo, en el Prado, alcanzaría un valor altísimo en el mercado.
 
Existe, a este respecto de precios, en el mercado primario una figura de vital importancia: el galerista. Esta figura está dedicada a casi un sin fin de tareas. Lleva a cabo la gestión para los artistas de la galería (es su representante), busca el reconocimiento internacional y nacional para sus artistas.
 
Cuando se da una sólida relación laboral de una galería con un artista, se denomina galería primaria. Los representantes de estas galerías suman a las tareas antes mentadas, las de construir toda una red internacional de colaboradores, tanto para sus artistas como para acuerdos de intercambio de obras, artistas, información. Además, presentan a sus artistas en las ferias de arte internacional, desarrollan estrategias de comunicación y buscan exponer  a su artista facilitando su participación en foros y conferencias. 
 
El gestor de una galería es, a fin de cuentas, un experto de el arbitraje del riesgo estético, es decir; escoge la orientación artística de la galería en una clara apuesta por un gusto o moda futura. Además, aprovecha las disparidades de precios entre los mercados para beneficiarse de su diferencial. Es también - o debiera serlo - un experto en branding (estrategia de marca) estético. De ahí que toda galería tenga un dossier que funciona a modo de historial: en él se recogen todos las etapas y estéticas a las que se ha dedicado la galería y si un determinado segmento de mercado ha crecido significativamente, el gestor de la galería se centrará en esa materia, por ejemplo, el arte figurativo. 

Desecho de obras

Según hemos visto ya, podemos deducir que la calidad de una obra de arte no se mide por parámetros cerrados como el material o el tipo de pincelada. La calidad de una obra de arte se basa, pues, en la calificación que hacen de ésta acreditados y expertos del propio mercado. Es un sistema parecido al de las citas en la ciencia. El reconocimiento le llegará a un científico en la medida que se le cite en publicaciones y trabajos, el llamado sistema de autoreferencia. En el mercado del arte funciona un mecanismo similar siempre y cuando la calidad y cantidad de las menciones siga creciendo. Si el mercado cae en fracaso, por falta de demanda por ejemplo, el artista o la obra tendrán que renunciar al prestigio obtenido por ese sistema y abandonar su nivel o ser definitivamente expulsados del mercado. O lo que es lo mismo; por mucho que una obra o un artista obtengan la aclamación general, si luego no se vende queda o relegado a ventas menores o directamente, acaba fuera del mercado. 
 
En el mercado primario, el galerista planea estratégicamente el sistema de precios de las obras de sus artistas. Dicho sistema, que siempre va de menos a más, comienza con la reputación del artista; según se va construyendo su prestigio los precios van aumentado. Por lo tanto, los precios sólo pueden ir al alza. Es la falta de demanda la que trastoca los precios en el mercado primario, ya que si la demanda no va acorde a la estrategia planeada por el galerista, en vez de reducir los precios de las obras, directamente retira al artista de su galería, quien acudirá a otra galería de menor prestigio y con un sistema de precios menor.
 
En el mercado secundario, los precios solo pueden descender hasta un punto. La obra sale al mercado con un precio mínimo fijado por el vendedor y el tasador y si no recibe una oferta por ese mínimo y la obra no se vende, será clasificada como bought in (retirada). Con esa clasificación, el valor de la obra se sitúa por debajo del precio de mercado y difícilmente podrá ser revendida. Las obras de arte que se ofrecen públicamente en el mercado secundario pero no se venden, quedan catalogadas como burned (fuera de mercado).
 
El centro mundial del mercado del arte se sitúa en la ciudad en la que se alcanzan los precios más altos que otrora fue París y en la actualidad es Nueva York. Cada país tiene sus ídolos, su historia y sus tradiciones, lo que define su gusto especial hacia determinadas obras de arte o estilos. Por ejemplo, en China una obra de arte de calidad tiene que incluir estilos estéticos o técnicas tradicionales, mientras que en Europa se pone mucho más énfasis en desarrollar nuevos estilos y tecnologías para renunciar a las estéticas tradicionales.
 
En definitiva, el mercado del arte funciona de como el fútbol: si no marcas goles y ganas partidos (si no vendes), bajarás a segunda (retirado del mercado).
 
Compradores
 
En el fondo, el mercado del arte está dividido entre los profesionales, que tienen sus propios criterios para definir la caliad, y los consumidores, a menudo confusos. Las formas de evaluación de calidad y tasación que realizan los profesionales sobre las obras siguen siendo un misterio para los compradores potenciales. Existe una incomprensión sobre estos procesos, además de la falta de fuerza que tienen los propios gustos a la hora de comprar arte. Los profesionales diseñaron un código que los compradores no han podido descifrar. Además, el consumidor con se fía de su propio gusto; observa lo que hacen otros y lo copia. Por lo tanto, las decisiones de inversión no se basan en criterios objetivos, sino en loscódigos cifrados de unos y los movimientos de otros.
 
A diferencia del cine o la música, los productos que se venden en el mercado del arte son únicos, no pueden ser reproducidos cuantas veces se quiera, lo que genera que se convierta en un mercado exclusivo. La propia naturaleza del arte implica que quien compra un cuadro lo compra, además de por el posible y mínimo placer estético, a modo de inversión, como si comprara cualquier otro bien inmueble. Por lo tanto, el mercado del arte es, a fin de cuentas, un patio de recreo para millonarios.  
A.Petit

A.Petit

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