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Entrevista en exclusiva al poeta Rainer María Rilke

"Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad"

Hemos conseguido la herramienta periodística definitiva, lo que todos matarían por tener, nosotros lo hemos logrado. Tras duros meses de trabajo, tenemos que desvelar a nuestros lectores nuestro último gran secreto: una máquina del tiempo. Gracias a ella hemos podido transportarnos a 1903 para charlar con Rilke sobre arte, soledad, tristeza e incluso sexo.

Quien ha tenido la oportunidad de venir a nuestra redacción sabe que somos modestos. Una pequeña sala de redacción y un despacho de dirección conforman nuestro cuartel general. Lo que nadie sabía era lo del sótano... Sí, en la planta baja de nuestro edificio alquilamos un sótano al que habíamos decidido dar un uso especial: instalar un laboratorio. 
 
En pocos meses conseguimos las máquinas y aparatos necesarios para construir nuestra arma periodística definitiva. Pero nos faltaba lo más importante: un científico que la construyera. Tras unos meses de sondeo entre los más afamados investigadores y de negativas por su parte, concluimos que necesitábamos a alguien tan loco, tan loco que no le importara vivir en un pequeño sótano y tener que hacer sus micciones en una botella de plástico. ¿Dónde lo encontraríamos? Tiramos de las guías telefónicas hasta dar con un olvidado manicomio situado en una perdida región de Dobrogea, al este de Rumania. Y allí dimos con nuestro hombre: el doctor Stoicescu. Un tipo larguirucho y melena alocada, con una extraña afición por la cría de piojos en cautividad. En cuanto le propusimos el trabajo, que habíamos llamado, en un ataque de ingenio, Proyecto Secreto , aceptó sin pensarlo. Sólo nos puso una condición: que le dejáramos miccionar en una botella de plástico.
 
Escondidos en los bajos de un camión de transporte de gas natural conseguimos llegar a la frontera española. Y desde allí, fue coser y cantar llegar hasta nuestra redacción en Madrid. Nada más llegar, el doctor Stoicescu se puso manos a la obra, y tres meses después, ¡lo había conseguido!. Nos había fabricado lo que ni la NASA ni ninguna otra organización estatal había logrado construir: una máquina del tiempo. 
 
Nuestro objetivo; entrevistar a los grandes personajes de la cultura de los siglos anteriores. 
 
El primero de todos es el poeta Rainer María Rilke, natural de Alemania aunque, según constatamos en los libros, el año al que nos va a transportar la máquina lo ha pasado entre París, Pisa y Bremen. En el marcador pone 1903. Nos dirigimos pues, a los inicios del siglo XX.
 
*****

Aún estoy algo mareado. Es una sensación extraña, como si tuviera el estómago en a cabeza y la cabeza en los pies. El bueno del doctor me ha situado en Italia, aunque yo tenía casi seguro que a Rilke le encontraría en París, pero una vez aquí nada puedo hacer y desde el siglo XXI no pueden ayudarme. 
 
Estoy en medio de una calle abarrotada de gente y barullo. Pregunto a uno de los caminantes en dónde estoy... En Pisa, me responde. Pregunto al mismo señor si conoce al poeta Rainer María Rilke
 
- ¿El austro-húngaro?
- Sí, sí, ese...
- Creo que está en Ostello di Filipa
 
El amable pisano me acompaña hasta el mentado hostal. ¿Así vive un poeta del siglo XX? Es una destartalada casa de varios pisos, pobremente amueblada y olor a cerrado. Una señora gorda y de mejillas rosadas, me atiende. ¿El poeta Rilke?. Suelta un bufido y hace un gesto con la mano indicándome que la siga.
 
No sé cuantas destartaladas escaleras subimos hasta dar con la habitación que había alquilado Rilke. Llamé a la puerta y un lacónico zwischen me invitó a entrar. Y por fin, allí estaba mi entrevistado.
 
De mirada perdida, y constante cara de sorpresa, Rilke iba modestamente vestido. Una vieja chaqueta negra, un poco roída por el uso. Corbata oscura sobre camisa blanca, ambas igual de viejas y pantalones grises con algún remiendo. 
 
Me miró sorprendido.
 
- ¿Quién es usted?
- Si le digo que vengo del siglo XXI, ¿me tomaría por loco?
- Sí
- Ya... ¿Y si le digo que es verdad, que soy periodista y que quiero entrevistarle para mis lectores del siglo XXI?
- Sigo pensando, estimado señor, que está usted loco...
- ¿Qué puedo hacer para demostrárselo?
- Déjeme ver eso que lleva usted en la mano - al momento comprendí que se refería a mi móvil. Se lo acerco y lo examina con la mirada
- ¿Qué es? - pregunta sorprendido
- Un teléfono móvil... portátil
- ¡Ah! como el invento de Meucci, pero sin cables
- ¡Exacto!
- Muy bien.... viene usted del futuro y dice que quiere hacerme una entrevista
- Sí, así es..
- En fin, aun quedan un par de horas para que la señora Filipa sirva la comida, así que adelante. 
 
Me invita a sentarme junto a él y comenzamos a discreción
 
 
Álvaro Petit. Yo le hacía en París...
 
Rainer María Rilke. Me he encontrado mal todo este tiempo, no precisamente enfermo, sino oprimido por un abatimiento gripal, que me dejaba incapaz de todo. Y por fin, en vista de que eso no quería cambiar, he venido a este mar meridional, cuya acción benéfica me ha servido ya otra vez. Pero todavía no estoy bueno y me resulta pesado escribir.
 
AP. Intentaré entonces, no resultarle muy pesado. ¿Qué es el arte, señor Rilke?
 
RMR.Las cosas no son tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.
 
AP. Vamos, que no tiene definición para lo que es arte....
 
RMR. Es que no hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con palabras críticas o definitorias. Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad. En esa índole de su origen está su juicio: no hay otro. También el arte es sólo un modo de vivir, y uno, viviendo de cualquier manera, se puede preparar para él.
 
AP. ¿Y qué es ser artista?
 
RMR. Ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol, que no apremia a su savia y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes, que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad, de tan despreocupadamente tranquilos y abiertos. Yo lo aprendo diariamente, lo aprendo bajo dolores a los que estoy agradecido: ¡la paciencia lo es todo!.
 
AP. Bien directamente o indirectamente, usted siempre ha defendido que el artista, el creador lleva consigo una inherente soledad....
 
RMR. En el fondo, y precisamente en las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos, mi buen señor.  El creador debe ser un mundo para sí mismo, y encontrarlo todo en sí y en la naturaleza que se ha adherido. Lo que quizá sea posible algún día para muchos, el solitario ya puede prepararlo y construirlo con sus propias manos, que yerran menos. Por eso, defiendo que el artista ame su soledad y aguante el dolor que le causa, con queja de hermoso son. 
 
Rilke, en un momento de la entrevista
AP. También es peculiar su forma de entender la tristeza...
 
RMR. Las tristezas son los momentos en que ha entrado algo nuevo en nosotros, algo desconocido; nuestros sentires enmudecen en tímido cohibimiento, todo lo que hay en nosotros retrocede, surge un silencio y lo nuevo, que nadie conoce, se yergue en medio y calla. Casi todas las percibimos como paralización porque no oímos ya vivir nuestro sentir enajenado. Porque estamos solos con con ese extraño que ha entrado en nosotros; porque se nos ha quitado por un momento todo lo familiar y habitual
 
AP. Hasta llegar a transformarnos
 
RMR.  Así es. Es como una casa en la que ha entrado un huésped. No podemos decir quién ha llegado, quizá no lo sabremos nunca, pero hay muchos síntomas que expresan que el porvenir ha entrado de ese modo en nosotros, para transformarse en nosotros.
 
AP. Estará conmigo en que no es fácil llegar a entender la tristeza de esa forma
 
RMR. Claro. Y por eso es tan importante estar solos y atentos cuando estamos tristes: porque el instante, aparentemente sin acontecimientos e inmóvil, en que nos sale al encuentro nuestro futuro está mucho más próximo a la vida que esos otros momentos ruidosos y casuales, en que se cumplen para nosotros, como viniendo de fuera. Cuanto más silenciosos, pacientes y abiertos estemos en la tristeza, más honda y certeramente entrará en nosotros lo nuevo, más se hará destino nuestro
 
AP. Otra vez la soledad, señor Rilke

RMR. Resulta cada vez más claro que en el fondo no es nada que se pueda elegir o dejar. Estamos solos. Se puede uno equivocar sobre esto, y hacer como si no fuera así. Esto es todo. ¡Pero cuanto mejor es darse cuenta de que somos eso, más aún, precisamente para salir de ello!
 
AP. ¿Qué debo hacer si quiero ser artista, pongamos que poeta como usted?
 
RMR.Pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir?. Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y un testimonio de ese impulso. 
 
Entrevistado y entrevistador posan para la cámara
AP. ¿Algún consejo para mis primeros poemas?
 
RMR. Para aconsejarnos uno a otro o ayudarnos, tienen que lograrse muchas cosas, debe coincidir toda una constelación de cosas, para que algo salga bien por una vez.
 
AP. Aunque sólo sea un consejo para principiantes...
 
RMR. Sí, no escriba poesías de amor; apártese ante todo de esas formas. Intente como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta, ama y pierde. Escriba sus melancolías y sus deseos, los pensamientos fugaces y la fe en alguna belleza. Y si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es bastante poeta como para conjurar sus riquezas: pues para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre e indiferente. 
 
AP. Entre nuestros lectores hay numerosos poetas jóvenes, ¿qué lecturas les recomendaría para formarse?
 
RMR. Ninguna. Que lean lo menos que puedan cosas estético-críticas: o son opiniones partidistas, petrificadas y vaciadas de sentido en su endurecimiento contra la vida, o son hábiles juegos de palabras, en que hoy se saca una opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas. 
 
AP. ¿Qué libros son imprescindibles para usted?
 
RMR. De todos mis libros, sólo me son imprescindibles unos pocos y hay dos que están siempre entre mis cosas donde quiera que esté: la Biblia y los libros del gran escritor danés Jens Peter Jacobsen. Me pregunto si conoce usted sus obras. Se las puede procurar fácilmente, pues una parte de ellas han aparecido en la Universal - Bibliothek de Reclam.... ¿Sigue existiendo esta editorial en su siglo?
 
AP. Sí, sigue existiendo

RMR. Pues procúrese Seis Narraciones y la novela Niels Lyhne y empiece la narración del primer tomitoque se titula Mogens. Le invadirá un mundo, la dicha, la riqueza, la grandeza incompresible de un mundo. 
 
AP. Por si no lo sabía, en mi siglo usted es considerado como uno de los grandes poetas en lengua alemana..
 
RMR. ¡No me diga!
 
AP. Sí, pero me pregunto si de ser un autor propio de mi tiempo tendría usted tanto éxito
 
RMR. ¿Por qué lo dice?
 
AP. Por sus opiniones sobre algunos temas, que en el siglo XXI no sé si cuajarían... Le pongo un ejemplo: el sexo
 
RMR. La voluptuosidad corporal es una experiencia sensorial, no diversa del puro mirar o de la pura sensación que una hermosa fruta llena la lengua; es una experiencia grande, infinita, que nos es dada, un saber del mundo, la plenitud y el fulgor de todo saber. Y no es malo que lo aceptemos; lo malo es que casi todos hagan mal uso de esas experiencias y la desperdicien y la pongan como excitación en los ligares fatigados de su vida, y como diversión en vez de concentración en puntos cumbres. En efecto, los hombres han turbado la claridad de esa exigencia, e igualmente turbias se han vuelto a las profundas necesidades simples en que se renueva la vida. Pero el individuo puede aclarárselas para sí mismo y vivir claramente
 
AP. Ve, pues por eso ya le llamarían a usted de todo...
 
RMR. Un poco loco su siglo ¿no?
 
Un fuerte grito llega hasta la habitación desde la planta baja del hostal. È il cibo!. Está la comida.
 
- Bueno, mi querido señor del futuro, me temo que se ha agotado mi tiempo
- Le agradezco estas horas que me ha dedicado
- ¿De verdad cree que a sus lectores les interesarán mis respuestas?
- ¡Estoy seguro!
- Ya, le regalaría alguna de mis obras, pero como ve soy muy pobre y mis libros, en cuanto aparecen, ya no me pertenecen a mí. Yo mismo no puedo comprarlos y, como querría   muchas veces, dárselos a aquellos que les tendrían amor, como usted
- No se preocupe señor Rilke, los tengo casi todos, incluso algunos que usted aún no sabe que escribirá
 
De nuevo, la signora Filipa vuelve a gritar cual pastor, desde el piso de abajo.
 
- Señor Rilke, le reclaman y no quiero importunarle más - cuando me estaba levantando, el entrevistado me cogió del brazo
- Oiga, dígame qué es lo que va a pasar en este siglo, qué será de mi...
- No puedo, señor. Sólo vengo a entrevistarle, y si le digo algo sobre el futuro quizás éste cambié por alguna actuación suya y eso sería fatal
- Lo entiendo señor - se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta - tenga buen viaje de vuelta.
 
Me despido con un movimiento de cabeza y salgo de la habitación. El doctor me dijo que cuando terminase, cogiese mi móvil y le enviase un whatsapp con las palabras clave. Cojo el móvil, sin cobertura como es lógico, y tecleo: De resultas de lo cual, me cagué. 







(*)Las respuestas han sido optenidas literalmente o inspiradas en
Cartas a un joven poeta, escrito por Rilke en el transcurso del año 1903.
Álvaro Petit

Álvaro Petit

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